Ven lo monstruoso en la paternidad

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CIUDAD DE MÉXICO, julio 31 (EL UNIVERSAL).—La maternidad o la paternidad suele ser una etapa idealizada, en la que se espera que todo sea perfecto, hasta que muchos descubren que el hecho de ser padre no es tan sencillo.

Esta situación fue la que quiso plasmar el argentino Emiliano Dionisi en su obra Los monstruos, que busca dejar ver el lado oscuro de esta etapa de vida.

"La obra le quita lo edulcorado a la idea de ser padres, tampoco quisiera que fuera una obra anti paternal, pero muestra las cosas como son, es decir, me puedo permitir sentir estas cosas que estoy sintiendo", explica Dionisi

La puesta describe la vida de Claudio (Alex de la Madrid) y Sandra (Anahí Allúe), quienes consideran que sus hijos tienen cualidades únicas, que los separan de la media: son especiales, aunque tienen problemas de conducta, no hacen amigos fácilmente y que casi nunca los invitan a los cumpleaños.

"Con el tiempo comenzamos a desconfiar de estos niños, que son un poco monstruosos, porque tienen comportamientos reprobables. Entonces hay que dudar: ¿no serán los padres los monstruosos? Vamos descubriendo que hay una vida monstruosa, que tiene que ver con la violencia que puede haber en la familia y con la que pueden sufrir los niños y los adultos también", describe el director.

El escribir esta obra, el autor se inspiró de lo que podía intuir significa ser padre, así que los personajes de Claudio y Sandra representan a quienes buscan ser los mejores educando y criando a sus hijos, pero en el camino intentan ser amigos de ellos, por lo que caen en la condescendencia y los sobreprotegen.

"La obra cuestiona hasta dónde una protección es saludable y hasta dónde es un poco asfixiante", señala Dionisi.

Verdades hechas tabú

Las heridas de la infancia, las frustraciones, el sentimiento de culpa, la violencia que a veces hay en la crianza, pero también el amor hacia los hijos, son los temas que se abordan en esta historia, donde se da un panorama agridulce de lo que es la maternidad y la paternidad.

"Esta obra me hace recapacitar mucho sobre ser mamá", dice la actriz Anahí Allúe.

"Considero que es un material muy poderoso porque de esto no se habla, por eso hacerlo en un teatro, hacerlo a través del teatro es sanador y muy confrontativo, esta es una historia que tiene que ver todo el mundo, sobre todo los papás, porque más allá de las experiencias que uno tuvo en su infancia, hay rasgos que uno reconoce todo el tiempo",

La argentina puso como ejemplo a Sandra, su personaje, que a pesar de que su marido es un padre ausente, por lo que le toca a ella hacerse cargo no sólo de la estabilidad del hogar, sino también de la formación de su hija, Lola, llega a un punto en que no puede más; algo que puede ser muy común en la vida real.

Lejos de juzgar a los padres por ser buenos o malos, en esta puesta en escena el autor pone sobre la mesa que este es un trabajo de tiempo completo que suele ser frustrante, pero también cuestiona al público sobre quiénes o qué son sus monstruos.

"La crianza por la que todos pasamos, genera lazos y situaciones muy fuertes que te marcan de por vida, las cosas buenas y las cosas malas, esta obra habla sobre las marcas que podemos dejar en los niños o las que tenemos como adultos que quizás como niños recibimos", dice el director.

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