Veinte años después del 11-S, el juicio contra el arquitecto de los ataques y sus cómplices sigue trabado y sin poder comenzar

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Jalid Sheij Mohamed
Archivo

WASHINGTON.- A días de que se cumplan 20 años de los ataques terroristas del 11-S, Estados Unidos retomó las audiencias preliminares para el juicio al presunto cerebro del atentado, Jalid Sheij Mohamed, y a otros cuatro acusados que se encuentran detenidos en la base militar en Guantánamo, Cuba, con un nuevo juez, y tras una larga pausa impuesta por el coronavirus, el último escollo que enfrentó un proceso plagado de demoras y trabas y polémicas procesales.

Pero ese paso no significa que el juicio final esté más cerca. Jalid Sheij Mohamed, acusado por Estados Unidos de ser el arquitecto del peor ataque terrorista de la historia, y sus supuestos cómplices, Amar al Baluchi, Walid ben Atash, Ramzi ben al Shibh y Mustafa al Hawsawi, volvieron a comparecer ante un tribunal militar en la base norteamericana por primera vez en más de 18 meses en un proceso que lleva años.

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Mohamed fue arrestado a principios de 2003 en Pakistán, y después fue trasladado a la prisión que se convirtió en un ícono de torturas durante el gobierno de George W. Bush. En 2008, Mohamed había pedido ser sentenciado a muerte. “Esto es lo que deseo, ser martirizado”, dijo ese año Mohammed, paquistaní, y mano derecha del fallecido líder de Al Qaeda, Osama ben Laden, al tribunal de crímenes de guerra de Guantánamo.

El retorno de las audiencias, que habían sido interrumpidas en febrero de 2020 por la pandemia del coronavirus, le inyectó pulso a un larguísimo proceso que orilla la década y no tiene aún un final concreto a la vista. La fecha del juicio final todavía es una incógnita. El camino hacia el juicio ha estado enfrascado en demoras y polémicas por problemas procesales, y un tema crítico que puede destrozar todo el proceso: qué pruebas pueden ser admitidas y cuáles no a raíz de que hubo evidencias obtenidas por la CIA a través de torturas, incluido el “submarino”, una práctica común en Guantánamo en los primeros años de la guerra contra el terrorismo tras los atentados que tuvieron como epicentro las Torres Gemelas.

El proceso previo al juicio ha durado ya tanto que jueces y abogados se han jubilado, o han abandonado la tarea para tomar otros trabajos, lo que ha provocado más retrasos a medida que sus reemplazantes se ponen al día con los argumentos de los años anteriores. De hecho, el nuevo juez, el coronel de la Fuerza Aérea, Matthew McCall, debió levantar la sesión después de solo dos horas y media porque abogados defensores pusieron sobre la mesa cuestiones procesales para objetar su designación.

En esta foto de 2019, banderas ondean frente al Campamento Justicia en la Base de la Marina de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo
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En esta foto de 2019, banderas ondean frente al Campamento Justicia en la Base de la Marina de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo

Mohamed, con una densa barba roja canosa, ingresó el martes temprano a la sala de audiencias del tribunal militar donde estaban los fiscales, intérpretes y los equipos de la defensa de los cinco imputados. Detrás de un grueso cristal, se encontraban familiares de las 2977 personas que murieron hace casi exactamente 20 años, cuando cuatro aviones secuestrados impactaron contra las Torres Gemelas en Manhattan, el Pentágono, en Washington, y un campo de Pensilvania. Los acusados, presos desde hace casi 15 años en la base de Guantánamo, enfrentan la pena de muerte por cargos de asesinato y terrorismo. Todos fueron torturados por la CIA después de su captura.

Mohamed llevaba un turbante azul y una mascarilla a juego que se quitó dejando a la vista su larga barba. Charló animadamente con Bin Attash mientras revisaba una pila de documentos. Bin Atash, quien presuntamente ayudó a planificar los ataques del 11-S, vestía un tocado de kufiya rosada y una chaqueta de camuflaje beige, y caminaba lentamente con una prótesis en una pierna que perdió en un tiroteo en Afganistán en 1996.

McCall, el cuarto juez militar que preside el proceso –otros ocuparon el puesto, pero solo con fines administrativos–, comenzó preguntando a los acusados si entendían las pautas para la audiencia. “Sí”, respondió cada uno, algunos en inglés y otros en sus propios idiomas. Luego, McCall detalló protocolos impuestos por la pandemia del coronavirus, luego de que varias personas que participaron en audiencias en otros casos de Guantánamo dieron positivo al coronavirus en las últimas semanas, pese a los estrictos requisitos de vacunación y uso de mascarillas.

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McCall reemplazó al coronel de la Fuerza Aérea W. Shane Chen, quien se retiró en marzo del año anterior, justo cuando la epidemia del coronavirus fue declarada una pandemia. El año pasado, McCall había sido considerado demasiado inexperto para asumir el juicio ya que en ese momento solo había servido por dos años como juez militar, un requisito que remarcaron los abogados defensores en ese momento. McCall cumplió con esa condición en julio, pero abogados defensores igual objetaron su designación.

Expertos creen que el el “juicio del siglo” en Guantánamo podría seguir enfrascado en discusiones procesales que lleven a que el proceso continúe sin fin, y los cinco presuntos terroristas nunca se sienten formalmente en el banquillo de los acusados.

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