Vecinos de aldeas ucranianas recuerdan aún con miedo los días de la ocupación

Tsyrkuny (Ucrania), 30 may (EFE).- Las explosiones de proyectiles son de lo poco que se escucha en aldeas próximas a la línea de combate en Járkov, en el este de Ucrania, donde el tiempo parece haberse detenido y los escasos vecinos que quedan recuerdan aún con miedo lo que vivieron cuando llegaron las tropas rusas.

Olexandr Yena, que vive en uno de estos pequeños pueblos, Tsyrkuny, cuenta a Efe que junto a otros dos vecinos estaba en la calle un día de marzo cuando vieron llegar a militares rusos.

Este hombre de 42 años recuerda que "el comandante" del grupo, que dijo llamarse Sergey, venía "de la República Popular de Donetsk", una parte del este de Ucrania controlada por Rusia.

DISPAROS AMENAZANTES

El oficial ruso les preguntó si había alguna casa vacía, pero le dijeron que en todas había gente, aunque no les creyó, relata. Muchos vecinos fueron evacuados al poco de empezar la guerra.

"Nos amenazó con castigarnos, pero insistimos en que todas estaban habitadas", añade, y seguidamente les pidió sus documentos de identidad.

"Le dije que me gustaría ver primero su identificación, que era él quien estaba en nuestro pueblo, pero no la mostró. No llevaba algo en su ropa para identificarlo", como suele ser habitual en militares, "pero iba armado", subraya.

Él insistió en que no iban a mostrarle su documento, aunque lo tuviera en su casa al lado de donde estaban, pero otro vecino trajo su pasaporte y el militar se lo quedó.

Entonces les puso frente a un muro. "Vale, dispara", le respondió, "pero no podrás matar a todos los ucranianos".

El militar disparó, pero no tiró a darles, solo para asustarles, y cuando se fue, se llevaron cinco casquillos de recuerdo, asegura Olexandr.

La aldea fue luego liberada por tropas ucranianas y en muchos sitios quedan muros destruidos, tejados derrumbados y restos de proyectiles tras los combates.

LA FÁBRICA OCUPADA

La fábrica en la que Vitaliy Bobryshev es jefe de producción es un buen ejemplo. Pocas partes del muro que la rodea, de lo que fueron los tejados y de las ventanas se salvaron, de los impactos.

Este hombre de 45 años vuelve ahora desde la vecina Járkov, la segunda mayor ciudad de Ucrania, para rescatar algo de lo que queda de esta fábrica de máquinas para seleccionar granos, como las que sirven para limpiar de impurezas de cereal para simiente.

Algunas máquinas estaban listas para exportarlas, pues tienen clientes en varios continentes, pero por ahora es imposible enviarlas, dice a Efe.

El día que llegaron solados rusos era temprano, escucharon un misil y disparos de armas automáticas y durante un par de horas dudaron qué hacer, señala.

Cuando les vieron llegar, por el color de sus uniformes sabían que eran rusos, pero pasaron de largo y luego comenzó un enfrentamiento con tropas ucranianas, relata.

La fábrica quedó sola cuando la mayoría de los trabajadores pudieron irse del pueblo y los "ocupantes" la usaron como refugio, durmiendo en un sótano y usando de cocina y de baño algunas dependencias, explica mientras señala restos de comida de militares rusos.

Una lata de carne que dejaron sirve ahora para alimentar a un gato que merodea por el caos que dejaron en la nave. "Es un hijo de guerra", ironiza Vitaliy, porque nació hace unos tres meses, después de que comenzara la invasión rusa el pasado febrero.

Electrodomésticos como lavadoras y microondas que "los rusos sacaron de las casas", apunta, quedaron abandonados en la fábrica, donde en varios lugares está pintada la letra zeta, un símbolo que dejan en muchos sitios por los que pasan los "ocupantes".

"Las vamos a enviar así a Estados Unidos", bromea mientras señala máquinas con la zeta pintada por los rusos que están listas para exportar en cuanto se pueda.

Casualmente, en el piso superior, donde están las oficinas, en un escritorio sigue en pie una pequeña figura de la Estatua de la Libertad de Nueva York usada como pisapapeles, entre muros y tejado derrumbados por algún proyectil.

"Esta se la contribución al mundo por parte de los rusos, que lo vean en todos los países", concluye.

Luis Ángel Reglero, enviado especial

(c) Agencia EFE

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