Variante andina: “Falta determinar si es más contagiosa y letal”

José María Costa
·8  min de lectura
Pablo Tsukayama es doctor en microbiología molecular
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Pablo Tsukayama tiene 38 años es profesor de microbiología de la Universidad Peruana Cayetano Heredia y doctor en microbiología molecular. Fue quien encabezó el equipo que hace una semana atrás “presentó al mundo” la variante de coronavirus Covid-19 C.37, que fue bautizada como la variante andina y que es la que más creció en los últimos estudios realizados en la Argentina.

El crecimiento de esta variante, que desciende de una familia del virus denominada B.1.1.1, y que circula desde el inicio de la pandemia, se dio en Chile y en Perú, y ya fue identificada en diversos países de la región y en Europa. A nivel genético, la C.37 reporta dos mutaciones en la proteína espícula, o spike, como se le denomina en inglés.

Pablo Tsukayama (en el centro) junto al equipo con el que trabaja en Lima
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Pablo Tsukayama (en el centro) junto al equipo con el que trabaja en Lima (Twitter/)

Tsukayama, a través de una investigación que se hizo en un laboratorio de Lima y que desarrolló la Universidad Cayetano Heredia, comenzó a seguir esta variante desde diciembre y, la semana pasada, publicó el hallazgo en la revista Virological.org, lugar donde especialistas de todo el mundo discutieron sus resultados preliminares.

En diálogo con LA NACION, Tsukayama contó detalles de cómo llegaron a este descubrimiento y lo que se espera en las próximas etapas de investigación. Además, se mostró sorprendido ante la gran presencia de la variante andina en la ciudad de Buenos Aires y en el conurbano. “Es sorpresivo e interesante el reporte PAIS con la circulación de la variante Andina en la Argentina. Sorpresivo porque habíamos estado siguiendo la base de datos donde solo figuraba un reporte de la Argentina y era del 20 de febrero. Ahora veo que crecieron muy rápido y en forma explosiva”.

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-¿Cómo se detecta una nueva variante? ¿Qué se mira?

-Ya hay miles de variantes circulando. El término variante se refiere a una combinación única de mutaciones. Por lo tanto, cada país tiene su propia combinación de variantes circulando. Sin embargo, el asunto importante se da cuando una variante rápidamente pasa a dominar la escena. Esto es lo que estamos viendo ahora. Esta de aquí recién la empezamos a ver a fines de diciembre en Lima. Nosotros muestreamos, aproximadamente, 100 genomas por mes. En diciembre se vio uno solo de esta variante. Entonces, pasa desapercibido. Pero, hacia finales de marzo, lo que vimos en Lima es que el registro ya es del 40% de los muestreos. Ese crecimiento tan rápido en tres meses es una señal temprana de que tenemos una variante más transmisible.

Lo otro que observamos es que desciende de un linaje muy corriente, que no tiene nada especial, que se llama B.1.1.1, que no es el mismo que B.1.1.7, que es el del Reino Unido y que preocupa. Cuando ya aparece un sublinaje que tiene un nuevo comportamiento y que crece rápidamente, vamos a un consorcio de investigadores internacionales que se encargan de asignar nuevos códigos y nuevos linajes. En este lugar, uno presenta la evidencia. Le explicamos que es nuevo, que está creciendo en estos países y que tiene estas características. Ellos lo revisan y, si lo aprueban, le dan un nuevo nombre. En este caso le tocó el C.37, y se decidió la semana pasada.

-El identificarla en un lugar hace que se le asigne el nombre de ahí. ¿Qué sucede cuando, como en este caso, también se la identificó en Francia y Alemania? ¿Se puede rastrear el caso cero?

-Se puede rastrear, hasta cierto punto, pero no con total certeza. La principal evidencia, hasta ahora, es que aparece en Perú y la mayoría de los casos tempranos observados se dan acá y en Chile. Eso sugiere que podría aparecer en alguno de estos dos países. Pero tenemos el problema de que en ambos países y, en toda América Latina, estamos haciendo vigilancia muy por debajo del nivel que deberíamos. Entonces, si vimos uno en diciembre, probablemente, esto ya apareció uno o dos meses antes. Incluso puede ser de otro país de la región que lo introdujo en Perú o Chile. Lo cierto es que se sabía muy poco de variantes el año pasado. En los últimos meses amplió mucho la búsqueda de variantes en todos los países del mundo a raíz de las variantes más peligrosas que aparecieron. Antes de diciembre, muy pocos países hacían esto de manera consistente. Como aparece primero por acá y el mayor número de casos se da en la región, lo más intuitivo es pensar que su origen es en América Latina y de acá se exportó a Europa y a los Estados Unidos. En estas regiones sí se hacen estos estudios a gran escala y su hubiesen aparecido primero allí, ya la hubiesen identificado.

-Una vez que se identifica una variante. ¿Cuál es el paso siguiente?

-El siguiente paso es avisar y poner en alerta a otros países para que añadan está a la lista de variantes que hay que monitorear. Ahora que ya tiene un nombre, es más fácil para que otros países la identifiquen. Nos pusimos a revisar los informes anteriores de la Argentina donde se hablaba de una mutación específica, la “L452Q”, que la observan desde febrero. Pero no sabían a qué se debía porque no habían observado otra. Cuando otros países ponen la alerta, es más fácil identificarla. Lo que sigue ahora y que sí va a tomar más tiempo es ponerle números a esto que se está discutiendo. Por ejemplo: si es más transmisible o más letal. Para eso, tenemos que hacer estudios con epidemiólogos bioestadísticos y modeladores matemáticos que ayuden a estimar cuánto más transmisible es y cuán letal es comparado con la variante silvestre de Wuhan. Estos nuevos estudios requieren nuevas colaboraciones, que no tenemos en Perú, pero estamos buscando colegas de afuera. Pero eso tardará más tiempo. Solo nos queda esperar ver cómo aumenta en aquellos países donde ya está o si aparece en nuevos países.

A raíz del reporte que hicimos aparecieron casos que no se habían notificado, por ejemplo, en Ecuador y Portugal. Vamos a ver hasta dónde puede llegar y qué pasa cuando llegue a un país nuevo. Puede suceder que se extinga, porque compite con otras variantes que circulan y pierden. También puede ser que se establezca y domine. Tenemos que esperar a ver qué sucede, sobre todo, en aquellos países con presencia de otras variantes peligrosas.

-En el caso de la Argentina, donde compite con otras variantes peligrosas como la británica y la de Manaos, ¿les llamó la atención que creciera más que las otras?

-En la Argentina tenía rivales formidables y se abrió camino. Pero es muy difícil predecir eso porque no se han hecho aún esos estudios. Es decir, no se hizo un estudio donde se pone a las variantes a competir en una misma cancha y se observa cuál va a ganar. Depende de muchos factores. Sobre todo, del tiempo de entrada. Es decir, quién llegó antes y cuántos llegaron. Hay que ver por qué fronteras se filtra el mayor número de casos. Depende de eso y otros factores poblacionales. Se vienen semanas terribles en Perú, por el ritmo que sigue la pandemia. Por lo que vi la situación en la Argentina tampoco es buena. Ahora hay que ver el efecto de estas variantes y si alguna se comporta de una manera diferencial. Es algo que no sabemos aún.

-¿Cuál fue tu reacción al descubrir una nueva variante de algo así? ¿Cuál fue tu reacción ante la aceptación de la comunidad internacional del descubrimiento?

-Teníamos muchas dudas al comienzo. Eran pocos los datos en Lima para poder confirmar esto. Pero en los foros donde hay personas que respeto mucho y son expertos en el tema, dijeron que ahí había algo nuevo y se tenía que prestar atención. Cuando hay un cierto consenso en la comunidad científica, ya sientes que estás detrás de algo interesante. Sin embargo, los resultados que tenemos y estamos reportando acá en Lima, en cierta manera, van en contra de los que reporta el Instituto Nacional de Salud de Perú. Esto es porque ellos han usado una prueba alternativa para identificar variantes, pero que no tiene tanta precisión.

Fue un tema delicado, porque tampoco queremos entrar en conflicto con las autoridades sanitarias y el Gobierno. Pero ya se ha entendido y vamos a tratar de resolver la discrepancia en los resultados. ¿Cómo se siente uno personalmente? Es muy difícil porque es algo que está matando a mucha gente en la región. Uno no puede dejar de pensar eso. Así que es un logro un poco raro. Pero es lo que nos toca hacer. Lo importante es lo que estamos haciendo ahora que es discutirlo con otros colegas de la región. Porque todos estamos en la misma, que es analizar esto con recursos limitados y hay una situación de emergencia extrema. Se recibe bien, pero lo único que queda es apoyar y tratar de aportar. Esto que hicimos abrió la posibilidad de nuevas colaboraciones regionales. Es la mejor manera de hacer las cosas en estos tiempos.

-¿Se contactaron autoridades sanitarias o investigadores argentinos para aportar datos o trabajar en conjunto?

Aún no he conversado con nadie de la Argentina, pero estamos más que dispuestos a escuchar. Me han llamado de Chile, de la embajada. También de la embajada de Brasil porque están preocupados. Pero todo esto es muy reciente y creo que necesitamos un poco más de evidencia. Pero creo que, en algún momento, se van a requerir acciones coordinadas entre los países.