El valor del español para los inmigrantes: un elemento clave de integración laboral

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En las últimas dos décadas, los economistas de la economía del lenguaje han analizado el valor económico que tiene el idioma del país de acogida para los inmigrantes. La mayoría de los trabajos se han centrado en países anglosajones y, por tanto, en el valor de la lengua inglesa. No obstante, también en España algunos autores han arrojado luz sobre el peso específico del español como elemento de integración.

Estas investigaciones arrancan fundamentalmente con la publicación, en 2007, de la Encuesta Nacional de Inmigrantes. El objetivo de esta base de datos a gran escala realizada por el Instituto Nacional de Estadística es recoger información detallada sobre las características sociodemográficas de los inmigrantes y su situación laboral. Los resultados hasta la fecha, basados también en otras fuentes de datos nacionales, muestran que las habilidades lingüísticas de los inmigrantes se relacionan de forma significativa con diferentes logros de carácter económico y social.

Entre los principales hallazgos, cabe destacar aquellos referentes al ámbito laboral, el principal campo donde se juega la subsistencia económica de las personas.

Ventajas de conocer el idioma

Conviene recordar que la situación de partida del inmigrante no es nada halagüeña. Al igual que en la mayoría de países, en España los inmigrantes reciben salarios más bajos, enfrentan mayores tasas de desempleo y temporalidad, se concentran en ocupaciones de baja productividad y están más expuestos a los ciclos económicos.

En este contexto, y ante la necesidad de comprender el proceso de asimilación económico y social de los inmigrantes, emerge el idioma como activo de gran valor.

Sabemos, por ejemplo, que el buen manejo del español está asociado a un incremento salarial muy significativo, de en torno al 20 %, y a una mejora de la probabilidad de acceder a un empleo de un 15 %, aproximadamente. Estos efectos superan en mucho los efectos hallados previamente para lenguas regionales en zonas bilingües.

Desde el punto de vista de la teoría económica, los factores que explican el premio laboral al buen conocimiento del idioma son fundamentalmente dos:

  1. Los conocimientos lingüísticos complementan la educación formal y la experiencia adquiridas antes de la migración, facilitando la transferencia de estos conocimientos al nuevo entorno laboral y la evaluación de las competencias del trabajador por parte de los empleadores.

  2. El buen manejo del idioma es un rasgo productivo en sí mismo, reduciendo barreras culturales y de comunicación dentro de la empresa y la comunidad.

Capital humano

Existe cierto debate sobre si el dominio del idioma de acogida se debe, en realidad, a las capacidades intrínsecas del inmigrante. Se podría conjeturar que los inmigrantes que carecen de los conocimientos lingüísticos necesarios son, en realidad, trabajadores menos capaces, carentes de las habilidades y destrezas que les permitirían acceder a trabajos de mayor calidad.

Si ese fuera el caso, sus menores salarios serían resultado de una mera ilusión estadística, una correlación ajena a toda relación de causalidad entre el idioma y los salarios.

Estudios complementarios han analizado el efecto del idioma entre trabajadores de alta y baja productividad. Los resultados de estas investigaciones revelan que el efecto del conocimiento del idioma en los salarios no solo es real, sino aplicable tanto a los trabajadores de baja como de alta productividad.

Sin embargo, y aquí reside quizás el aspecto más novedoso, los datos muestran que los beneficios del idioma son mayores, precisamente, entre los trabajadores más productivos y más educados. Es decir, el idioma tiene un efecto asimétrico, beneficiando más a los inmigrantes que parten de posiciones más ventajosas. Este hallazgo hace saltar algunas alarmas sobre el papel, más limitado, que el idioma puede tener entre los inmigrantes con peores perspectivas en el mercado laboral.

Diferencias de género

Existen también algunas diferencias de género que cabe destacar. A modo de ejemplo, la contribución del español a la consecución de un puesto de trabajo es ligeramente mayor entre las mujeres. Cuando se analiza la calidad de los trabajos obtenidos se observa que el conocimiento del idioma incrementa la probabilidad de que los hombres consigan un contrato permanente. En el caso de las mujeres este factor resulta menos relevante. Mientras que para ellas el conocimiento del español es un salvoconducto para la consecución de trabajos temporales, a los hombres les facilita el acceso no solo al empleo, sino a un empleo más estable.

Ahondando en la calidad de los trabajos obtenidos, los datos muestran que el mejor acceso al empleo derivado del manejo del idioma es, sobre todo, a ocupaciones manuales y especialmente entre las mujeres, y rara vez a empleos de cuello blanco, es decir, a los puestos que habitualmente desempeñan trabajadores altamente calificados y capacitados en empresas, corporaciones y agencias gubernamentales.

Esta observación sugiere que, en efecto, el idioma actúa a modo de capital humano, ofreciendo a los inmigrantes mejores oportunidades laborales, pero tan solo de forma parcial, ya que su conocimiento es inocuo a la hora de acceder a los mejores trabajos. Así, a pesar de sus muchas luces, los datos también arrojan sombras sobre el papel del idioma como elemento integrador. La ausencia de microdatos más recientes y de mayor calidad no ha permitido, por ahora, abordar con garantías estas cuestiones.

Español y trabajo inmigrante

Queda claro que el español tiene un enorme valor económico para quien emigra a España. Dicho valor debe orientar parte del debate político y económico sobre los factores que obstaculizan la integración de los diferentes colectivos de inmigrantes en el mercado laboral.

El conocimiento del idioma es un pequeño paso para el mejor aprovechamiento de la educación y competencias de los trabajadores que se incorporan al país de acogida. Sin embargo, es menester descifrar qué grupos resultan menos beneficiados y por qué. La infrautilización del capital humano es un problema global, de enormes consecuencias económicas, y conocer el idioma puede contribuir, al menos a escala local, a combatirlo.

Este artículo es un extracto del capítulo “El español como elemento integrador en el mercado laboral”, del libro El español, lengua internacional: proyección y economía, editado por Civitas, Universidad Nebrija y Thomson Reuters con motivo del V centenario de la muerte de Antonio de Nebrija.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Santiago Budría no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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