Los vacunas no protegerán a millones de pacientes con sistemas inmunitarios comprometidos

Apoorva Mandavilli
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Durante más de un año, Andrew Wollowitz ha pasado la mayoría de su tiempo recluido en su casa de Mamaroneck, Nueva York.

A sus 63 años, como director de medicina de emergencia en el Centro Médico Montefiore en el Bronx, Wollowitz, estaba ansioso por ayudar a tratar a los pacientes cuando el coronavirus comenzó a propagarse por la ciudad la primavera pasada. Sin embargo, el tratamiento contra el cáncer al que se sometió en 2019 acabó con sus células inmunitarias, lo cual lo dejó indefenso ante el virus, así que tuvo que empezar a dirigir a su equipo por Zoom.

Un año después, las personas en la vida de Wollowitz están regresando a algo parecido a la normalidad. Su esposa, bailarina y coreógrafa, se está preparando para viajar a Austria y trabajar con la Compañía Nacional de Ballet de ese país. Sus amigos vacunados se están reuniendo, pero él solo los ve cuando el clima es suficientemente favorable para poder sentarse en su patio trasero. “Paso muy poco tiempo en áreas públicas”, mencionó.

Sin anticuerpos

Al igual que sus amigos, Wollowitz recibió la vacuna en enero. Pero no produjo anticuerpos como consecuencia, tal como sospechaba. Es uno de los millones de estadounidenses inmunocomprometidos, cuyos cuerpos no pueden aprender a desplegar agentes inmunitarios para combatir el virus.

Algunas personas inmunocomprometidas nacieron con sistemas inmunitarios inexistentes o deficientes, mientras que otras, como Wollowitz, padecen enfermedades o han recibido terapias que eliminaron sus defensas inmunitarias. Muchas de ellas producen pocos anticuerpos, o ninguno, en respuesta a una vacuna o a una infección, lo cual las deja susceptibles al virus. Cuando se contagian, puede que sufran enfermedades prolongadas, con tasas de mortalidad de hasta el 55 por ciento.

Es probable que la mayoría de las personas que han vivido con deficiencias inmunitarias durante mucho tiempo ya estén conscientes de su vulnerabilidad. Pero hay otras que no tienen idea de que los medicamentos quizá las han puesto en riesgo.

“Caminan al aire libre pensando que están protegidos, pero tal vez no lo están”, dijo Lee Greenberger, director científico de la Sociedad de Leucemia y Linfoma, que financia trabajos de investigación sobre tipos de cáncer en la sangre.

Andrew Wollowitz, director de medicina de emergencia en el Centro Médico Montefiore en el Bronx, cumple su cuarentena en casa en Mamaroneck, Nueva York, el 5 de abril de 2021. (Desiree Rios/The New York Times).
Andrew Wollowitz, director de medicina de emergencia en el Centro Médico Montefiore en el Bronx, cumple su cuarentena en casa en Mamaroneck, Nueva York, el 5 de abril de 2021. (Desiree Rios/The New York Times).

El único recurso que tienen estos pacientes —además de quedarse en casa hasta que el virus se retraiga— quizá sea recibir infusiones regulares de anticuerpos monoclonales, que son copias producidas en masa de anticuerpos obtenidos de personas que se han recuperado de COVID-19. La Administración de Medicamentos y Alimentos ha autorizado varios tratamientos con anticuerpos monoclonales contra la COVID-19, pero ahora algunos también se están probando para prevenir infecciones.

La esperanza

El plasma convaleciente o la gammaglobulina —anticuerpos destilados de la sangre de donadores sanos— también podrían ayudar a las personas inmunocomprometidas, aunque una versión de la segunda que incluye anticuerpos contra el coronavirus no estará disponible sino hasta dentro de varios meses.

“Sin duda es un área de necesidad que está desatendida”, afirmó Hala Mirza, vocera de Regeneron, que ha administrado su tratamiento con anticuerpos monoclonales a un puñado de pacientes inmunocomprometidos mediante un programa de uso compasivo (esta semana, Regeneron publicó los resultados de un ensayo clínico que mostraron que el tratamiento reduce un 81 por ciento las infecciones sintomáticas en personas con sistemas inmunitarios normales).

Aún no está claro cuántas personas inmunocomprometidas no responden a las vacunas contra la COVID-19. Sin embargo, parece que la lista al menos incluye a sobrevivientes de distintos tipos de cáncer sanguíneo, receptores de trasplantes de órganos, y cualquiera que tome el medicamento de uso generalizado Rituxan, o los medicamentos para el cáncer Gazyva o Imbruvica —los cuales matan o bloquean los linfocitos B, las células inmunitarias que producen anticuerpos en masa— o Remicade, un medicamento popular para tratar el síndrome del intestino irritable. También podría incluir a algunas personas mayores de 80 años cuya respuesta inmunitaria se ha deteriorado con la edad.

“Estamos muy preocupados e interesados en tratar de ver cómo podemos ayudar a esos pacientes específicos”, comentó Elad Sharon, experto en inmunoterapia en el Instituto Nacional del Cáncer.

Como al principio

A medida que se extendía la pandemia, los médicos especializados en tratamientos de cáncer sanguíneo o en el cuidado de personas inmunocomprometidas esperaban que al menos algunos de sus pacientes experimentaran dificultades. Charlotte Cunningham-Rundles, inmunóloga de la Escuela Icahn de Medicina de Monte Sinaí en Nueva York, tiene alrededor de 600 pacientes que dependen casi por completo de dosis regulares de gammaglobulina para estar a salvo de patógenos.

Aun así, 44 de sus pacientes contrajeron el coronavirus; cuatro fallecieron, y otros cuatro o cinco padecieron enfermedades prolongadas (las infecciones crónicas podrían darle al virus oportunidades para mutar y dar lugar a variantes peligrosas).

A Steven Lotito, uno de los pacientes de Cunningham-Rundles, de 56 años, le diagnosticaron un padecimiento llamado deficiencia inmune de la variable común cuando tenía 13 años. Antes de la pandemia, gozaba de una vida activa, se ejercitaba y se alimentaba bien. “Siempre he sabido que debo cuidar muy bien de mi cuerpo”, explicó. Esto incluía infusiones de gammaglobulina cada tres semanas.

Pese a haber tomado precauciones, Lotito se contagió del virus por su hija a mediados de octubre. Tuvo fiebre durante casi un mes, y pasó una semana en el hospital. Mejoró por un par de semanas con plasma convaleciente y remdesivir, un medicamento antiviral, pero luego su fiebre regresó. Finalmente, se sintió mejor tras una infusión más de gammaglobulina, durante la cual sudó tanto que se cambió cuatro veces de camisa.

Sin embargo, tras casi siete semanas con la enfermedad, Lotito no había generado ningún anticuerpo. “Aún tengo que tomar las mismas precauciones que estaba tomando hace un año”, relató. “Es un poco desalentador”. 

Cunningham-Rundles ha monitoreado el nivel de anticuerpos en sus pacientes y ha inscrito a algunos en el tratamiento con anticuerpos monoclonales de Regeneron, pero muchas otras personas con estos padecimientos no están conscientes del riesgo al que se exponen ni las opciones de tratamiento que existen.

La Sociedad de Leucemia y Linfoma abrió un registro para proporcionar información y pruebas de anticuerpos a las personas con algún tipo de cáncer sanguíneo. Además, varios estudios están evaluando la respuesta a las vacunas contra la COVID-19 en personas con cáncer, enfermedades autoinmunes como lupus o artritis reumatoide, o que toman medicamentos que bloquean la respuesta inmunitaria.

En uno de estos estudios, un grupo de investigadores británicos dio seguimiento a casi 7000 personas con la enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa atendidas en 90 hospitales del país. Descubrieron que menos de la mitad de los pacientes que tomaban Remicade produjeron una respuesta inmunitaria tras contraer el coronavirus.

Los datos

En un estudio de seguimiento, los científicos encontraron que un 34 por ciento de las personas que tomaban el medicamento quedaron protegidas tras recibir una sola dosis de la vacuna de Pfizer y solo un 27 por ciento experimentó lo mismo tras recibir una dosis de la vacuna de AstraZeneca (en el Reino Unido, el procedimiento actual es retrasar las segundas dosis para extender la disponibilidad de las vacunas).

Asimismo, otro estudio publicado el mes pasado indicó que menos del 15 por ciento de los pacientes con algún tipo de cáncer sanguíneo o del sistema inmunitario, y menos del 40 por ciento de las personas con tumores sólidos, produjeron anticuerpos tras recibir una sola dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech.

Y otro estudio publicado el mes pasado en la revista JAMA informó que solo el 17 por ciento de los 436 receptores de trasplantes a quienes se les aplicó una dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech o Moderna había generado anticuerpos detectables a las tres semanas de la inoculación.

Pese a las escasas probabilidades, las personas inmunocomprometidas aún deben recibir las vacunas, ya que quizá produzcan algunas células inmunitarias que puedan protegerlas, incluso anticuerpos en un subgrupo de pacientes.

“Tal vez se debería dar prioridad a estos pacientes para que reciban ambas dosis en el momento justo”, comentó Tariq Ahmad, gastroenterólogo de la Royal Devon and Exeter NHS Foundation Trust que participó en los estudios con infliximab.

Ahmad sugirió que los médicos clínicos deben medir de manera rutinaria las respuestas de anticuerpos en las personas inmunocomprometidas incluso después de que reciban las dos dosis de la vacuna, a fin de identificar a aquellas que quizá también necesiten anticuerpos monoclonales para prevenir la infección o una tercera dosis de la vacuna. 

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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