El "vacunagate" podría tener costos electorales para el Gobierno

Claudio Zlotnik
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Después de una semana en la que la Casa Rosada estuvo en el centro de una crisis política por el vacunatorio VIP y la sentencia judicial contra Lázaro Báez, el politólogo Lucas Romero hace una seria advertencia sobre el impacto de la crisis de las vacunas en la estrategia electoral del Gobierno. Pero también le manda un mensaje a los dirigentes de la oposición. Un diálogo a fondo sobre el escenario político.

-Cómo evalúa la reacción del Gobierno frente a la revelación del Vacunatorio VIP?

-Hubo aciertos y errores. Hay que aclarar que el episodio es muy riesgoso para el Gobierno por el contexto social en el que ocurre, con una sociedad muy sensibilizada por el riesgo de muerte con el que ha venido conviviendo desde el comienzo de la pandemia, y con mucha necesidad de poder acceder a ese bien valioso y escaso que es la vacuna. En ese contexto, con la gente angustiada por la pandemia, la renuncia del ministro fue un acierto. Como también el de abrir el registro al público para que haya un control ciudadano. Pero creo que hay un error muy grueso en el enojo del Presidente con los medios y con la Justicia. El Presidente tiene que empatizar con la gente y el único enojo posible del Presidente para lograrlo debería ser con los funcionarios que cometieron el hecho. Eso sería empatizar con la sociedad.

El Presidente tiene que empatizar con la gente
El Presidente tiene que empatizar con la gente

El Presidente tiene que empatizar con la gente

-¿Cree que Alberto Fernández logró contener la crisis o los efectos se van a seguir propagando?

-No lo sabemos. Dependerá de si siguen apareciendo casos aún no conocidos. Eso terminará de definir la dimensión del daño reputacional que este hecho ya le está provocando al Gobierno. Daño reputacional que obedece a que el propio Gobierno venía levantando las banderas de "los más vulnerables y los más necesitados primero", y con este episodio se actuó en sentido contrario. De hecho, la primera de las diez claves que el Gobierno definió para el Consejo Económico y Social que lanzó el mismo día que se conoció el escándalo del vacunatorio VIP, fue: "Primero los últimos: cualquiera sea el tema en tratamiento". Si uno se va a poner un delantal blanco en defensa de los más vulnerables, una mancha como ésta se nota y mucho.

-¿Hay más medidas que el Gobierno podría tomar?

-Si, claro. El Gobierno no debería escatimar en esfuerzos para transparentar y recobrar toda la legitimidad posible en el plan de vacunación. En primer lugar, ser claros con las reglas que regularán el comportamiento en la aplicación de las vacunas. No es posible que la definición de "personal estratégico" haya sido posterior al escándalo. En segundo lugar, debería evaluar la posibilidad de incluir actores de la sociedad civil (ONG´s) que participen de un proceso de auditoría para dotar de mayor transparencia al asunto. Y, en tercer lugar, también debería generar las condiciones para que la oposición se involucre en el plan a escala nacional, formando parte de una comisión independiente que audite todo el proceso. Todo eso ayudaría a dotar de mayor transparencia al proceso.

-¿Alberto F. paga costos concretos por el caso Lázaro Báez?

-Uno de los factores explicativos del triunfo de Alberto Fernández en 2019 fue su diferenciación de Cristina Kirchner y del kirchnerismo. El hecho de que durante la campaña se hayan viralizados videos de un pasado en donde Fernández era tremendamente crítico de Cristina, más que poner en evidencia una contradicción resaltaba su diferenciación. Esa diferenciación fue estratégica para convencer a una porción de votantes (quizá minoritaria pero estratégica) que aún mostraban cierto sentimiento refractario para con la candidata a vicepresidenta. Todos los hechos que recuerden los aspectos negativos del kirchnerismo (casos de corrupción por ejemplo), perjudican a un Gobierno que tiene al kirchnerismo como un protagonista excluyente. Pero, además, refresca la necesidad de volver a sostener una estrategia de diferenciación para retener a esa porción minoritaria pero estratégico de votantes que siguen siendo refractarios de Cristina Kirchner y el kirchnerismo. Diferenciación que podría haber sido posible en 2019, pero que visto lo sucedido en este año y pico de gestión, parece cada vez más difícil de lograr.

-¿Cómo imagina que quedará esta crisis en el imaginario colectivo? ¿Como el caso de los "pollos de Mazzorín o la "leche contaminada de Vicco"?

-Quizá tenga algunas puntos de contacto, pero es un tipo de escándalo diferente de aquéllos porque en este caso se trató de un episodio en donde dirigentes políticos sustraían para su propio beneficio, quizá el bien más preciado que hoy la sociedad reclama: la vacuna para protegerse de la amenaza del coronavirus. En todo estos casos hay corrupción asociada a un riesgo de muerte, pero en el caso del "Vacunagate", con la opinión pública sensibilizada por el riesgo de muerte, quitarle vacunas a los que más la necesitaban, quizá tiene un impacto emocional mucho más fuerte. Un ejercicio brutalmente inmoral del principio con el que Foucault consagró el ejercicio biopolítico del poder en las democracias modernas: ‘hacer vivir y dejar morir’.

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El "vacunagate" podría tener costos electorales para el Gobierno

-¿Y la oposición? ¿Cómo se planta frente a la crisis?

-La oposición tiene el desafío de contribuir a denunciar y a brindar soluciones al hecho pero sin mostrar la más mínima intención de aprovechamiento político. Algo que muchas veces no es fácil de lograr, porque la tentación de sobreactuar está a la vuelta de la esquina. La oposición también debe empatizar con el enojo de la gente, debe ser canalizadora de ese enojo, debe representar ese malestar, pero sin transformarlo en una campaña política, porque del lado opositor también puede haber discrecionalidad en la distribución de vacunas en distritos bajo su gobierno. Este tipo de episodios tiene el riesgo de reposicionar un estigma que se cierne sobre toda la dirigencia política, presa de una cultura política donde subsiste el amiguismo, el favoritismo y la discrecionalidad política, y ese estigma no es exclusivo del oficialismo de turno. Por ello, todo lo que pueda hacer la oposición para denunciar el hecho, ayudar a transparentar el hecho y evitar que vuelva a suceder, será bien recibido. En el resto, deberá tener cuidado de no estar fomentando un estigma que puede cernirse sobre toda la clase dirigente, contribuyendo a deslegitimar el rol de la política y favoreciendo discursos que pretenden divulgar la idea de que es posible la democracia sin dirigentes políticos, una distopía muy peligrosa.

-¿Considera que esta crisis tendrá impacto en las próximas elecciones?

-Sí, puede tener costos electorales para el Gobierno, sobre todo en dos segmentos de votantes: los votantes blandos del Frente de Todos (son los que hoy dicen que votarían al Frente de Todos pero que podrían cambiar su voto) y entre los votantes desencantados del Frente de Todos (los que votaron el oficialismo en 2019 pero hoy dicen que votarían a otra fuerza política). A los primeros los puede perder, a los segundos le será más difícil reconquistarlos. El nivel de afectación dependerá de varios factores: 1) de si el episodio se agranda (si aparecen más casos de vacunados VIP), 2) de la respuesta del Gobierno (no puede seguir enojándose con otros que no sean sus propios funcionarios), 3) de cómo evolucione la pandemia y la disponibilidad de vacunas (si faltan más vacunas y hay más casos, el enojo podría revitalizarse), y 4) finalmente de la economía. Si la economía recupera con intensidad, el "vacunagate" podría relativizarse, si no hay una recuperación vigorosa y se mantienen la angustia económica en la gente, el enojo por los vacunados VIP podría ser catalizador de todo ese malestar.