La vacunación y medidas de protección funcionan, pero la lucha contra el COVID será larga | Opinión

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Llegamos a las fiestas de Navidad y Año Nuevo con la nueva variante de la COVID-19, la inesperada ómicron, extendiéndose por todo el mundo como un fuego en una pradera.

Ahora es la variante predominante en muchos países, entre ellos Estados Unidos, donde se ha detectado la nueva versión de la plaga en todos los estados, en el Distrito Federal de Columbia (donde se encuentra Washington, la capital de la nación) y en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

En respuesta a la amenaza de la variante ómicron, el presidente Joe Biden anunció esta semana una iniciativa en la que se distribuirán a la población 500 millones de pruebas de COVID-19 para hacerse en casa. El mandatario también señaló que los norteamericanos que se hayan vacunado contra el coronavirus pueden llevar a cabo sus planes de la temporada y celebrar las fiestas decembrinas sin temor. Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dicho que la nueva ola de la pandemia podría dar lugar a la cancelación de reuniones.

En Washington, la alcaldesa Muriel Bowser anunció este miércoles que a partir de enero, se requerirá a las personas prueba de vacunación con pauta completa para entrar en restaurantes, bares, clubes nocturnos, gimnasios, centros culturales y de entretenimiento bajo techo, y otros lugares públicos. Y el 1ro. de marzo, en todas las escuelas de Washington —tanto públicas como privadas— los estudiantes elegibles para recibir la vacuna deberán estar vacunados.

“Las vacunas están funcionando, y están funcionando bien para evitar hospitalizaciones y para evitar muertes por la COVID-19”, dijo la alcaldesa Bowser. Agregó que no se necesitan más cierres de establecimientos, pero “sí necesitamos que más personas se vacunen y reciban la dosis de refuerzo”, puntualizó.

De esta manera, la capital de Estados Unidos sigue la pauta marcada por la ciudad de Nueva York el pasado septiembre, cuando se impuso la norma de exigir prueba de vacunación a empleados y clientes de restaurantes, gimnasios, museos, cines, teatros, clubes nocturnos y otros lugares públicos.

Cuando la OMS declaró el 11 de marzo de 2020 que la COVID-19 era una pandemia, muchos pensamos que la amenaza no duraría mucho más después del verano. Craso error. El coronavirus resultó ser mucho más contagioso, resistente y letal de lo que esperábamos. Al momento de escribir este artículo, la COVID-19 ha causado más de 5 millones de muertes en todo el mundo, de ellas más de 833,000 en Estados Unidos. Pero hoy sabemos que la vacunación es la clave para derrotar a la pandemia, sumada a medidas de protección como el uso de mascarillas y el distanciamiento social.

También sabemos que la distribución de vacunas debe ser menos desigual y llegar a todos los rincones del planeta. Mientras en los países ricos sobran las dosis y algunos ciudadanos muestran renuencia a inmunizarse (por argumentos políticos disparatados, por la creencia en absurdas teorías conspirativas, por otras razones infundadas), en muchas naciones pobres los índices de vacunación son muy bajos debido a la carencia de fondos para comprar dosis.

Esa disparidad debe superarse para derrotar definitivamente a la pandemia y que no surjan más variantes contagiosas como ómicron o delta.

Como dijo alguien en Twitter: “Esta no es la manera en que deseaba aprender el alfabeto griego”. Definitivamente, no.

Andrés Hernández Alende es un escritor, periodista cubanoamericano y ex editor de la sección de Opinión de el Nuevo Herald. Su obra más reciente es La espada macedonia, y el ensayo Biden y el legado de Trump, publicados por Mundiediciones.

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