Vacuna contra COVID-19, ¿tabla de salvación para Netanyahu?

JOSEF FEDERMAN
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Un hombre recibe la vacuna contra el COVID-19 en Tel Aviv el 5 de enero del 2021. Israel es el país con más vacunaciones per cápita y el primer ministro Benjamin Netanyahu espera que ello le haga ganar las elecciones de marzo. (AP Photo/Oded Balilty)

JERUSALÉN (AP) — Para un político obsesionado con la publicidad como Benjamin Netanyahu, la vacuna contra el coronavirus no podía haber llegado en un momento más oportuno.

El primer ministro israelí espera que su agresiva campaña para conseguir la vacuna rápidamente le abra las puertas a la reelección en los comicios de marzo y con ese fin ha montado una intensa campaña en la que se lo presenta como el gran artífice de una política que permitió al país superar la pandemia. Parece convencido de que una exitosa campaña de vacunación puede hacer que los votantes se olviden del juicio por corrupción que tiene por delante y de los perjuicios que el coronavirus causó a la economía.

Netanyahu, igual que su buen amigo Donald Trump y que otros políticos, apela a menudo a las redes sociales y a conferencias de prensa muy controladas para evitar los medios tradicionales y el escrutinio que estos representan. Si bien esta estrategia con frecuencia le funciona, su obsesión con el control de la información podría jugarle una mala pasada.

Es precisamente el eje de un caso de corrupción en el que se lo acusa de favorecer a poderosos empresarios de medios informativos a cambio de una cobertura positiva suya y de su familia. Esta semana se denunciaron otros 150 incidentes que revelan supuestamente hasta qué punto está empeñado en presionar para recibir una cobertura favorable. Incluidas presiones a un portal para que deje de criticar un vestido de encaje que lució su esposa y para que publicase fotos de un encuentro que ella tuvo con Leonardo DiCaprio.

Las acciones de Netanyahu están siendo cuestionadas incluso dentro de su propio partido. Dos correligionarios lo acusaron de crear un “culto a la personalidad” al anunciar sus renuncias.

Desde que pasó a ser el primer israelí que recibió la vacuna hace dos semanas en un evento transmitido por televisión en vivo a todo el país, la oficina de Netanyahu ha emitido un comunicado tras otro, tuits y videos en los que el primer ministro habla bellezas de la vacuna y se atribuye el mérito de haberla hecho llegar al público en general.

“Traje esta vacuna y ahora ustedes están siendo vacunados”, declaró recientemente en una visita a una clínica de un poblado árabe al norte del país. “El mundo mira con asombro a Israel. Dicen que Israel es una maravilla”.

A juicio de muchos, Israel está manejando muy bien el tema de las vacunas. En solo dos semanas 1,4 millones de personas —un 15% de la población— recibieron la vacuna Pfizer/BioNtech vaccine. Es el nivel per cápita más alto del mundo, de acuerdo con “Our World in Data”, un portal que compara estadísticas oficiales. Israel espera haber vacunado a la mayor parte de la población para fines de marzo, justo para las elecciones.

Netanyahu explota el tema de las vacunas constantemente. Recibió el primer cargamento en el aeropuerto. Se vacunó frente a las cámaras de televisión y estuvo presente cuando se dieron las vacunas número 500.000 y un millón. Ambos eventos fueron transitidos en vivo por YouTube.

Netanyahu se ufana de su relación con los directores ejecutivos de las farmacéuticas Pfizer y Moderna, insinuando que esas conexiones lo ayudaron a conseguir millones de vacunas muy requeridas. “Hablo con ellos todo el tiempo”, sostuvo hace poco.

El primer ministro se siente a sus anchas frente a los micrófonos, pero tiene una relación tirante con la prensa.

Igual que Trump, acusa a los medios de ser liberales y de librar una “caza de brujas” en su contra. Usa las redes sociales y dice que así puede promover sus puntos de vista sin necesidad de pasar por el filtro de los medios tradicionales. Cuando ofrece conferencias de prensa, rara vez responde preguntas.

Su oficina difunde su propio material informativo. La semana pasada, por ejemplo, Netanyahu recibió a Jonathan Pollard, condenado por espionaje en Estados Unidos, tras una saga de 35 años. “Qué momento”, expresó el primer ministro en el aeropuerto. La prensa no tuvo acceso a este episodio, pero la oficina de Netanyahu difundió fotos y un video tomado por un asistente.

Gideon Saar, viejo aliado de Netanyahu, acaba de romper con su partido Likud y de crear otro, diciendo que el primer ministro usaba al partido con fines personales.

Zeev Elkin, otro confidente de Netanyahu, afirmó que el gobernante “destruyó al Likud y generó una atmósfera de culto de la personalidad, de adulación, de temor a criticar... todo en una corte bizantina”.

El nuevo partido de Saar corteja a sectores de derecha desencantados con Netanyahu y asoma como una fuerza formidable. Hay encuestas que indican que terminará segundo en la votación, detrás del Likud, y que podría liderar una coalición capaz de poner fin a los 12 años de gobierno de Netanyahu.

No está claro si Israel conseguirá todas las vacunas necesarias para mantener el actual ritmo de inoculaciones ni si la prédica de Netanyahu convencerá a quienes se quedaron sin trabajo, que son muchos.

Por otro lado, en las próximas semanas se reanudará el juicio de Netanyahu. Se lo acusa de fraude, de aceptar sobornos y de abuso de confianza.

“Quiere que la prensa lo adule, al tiempo que detesta a la prensa”, comentó Tehilla Shwartz Altshuller, fellow del Instituto por la Democracia de Israel.