Cuarentona y felizmente vacunada contra el Covid en Londres... y con AstraZeneca ¿quién lo diría?

Sarah Díaz
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Cuando recibí el mensajito de texto me sorprendí: “Pinche el enlace y elija un slot para ponerse la vacuna anti Covid-19”. Pensé ‘cómo es que van tan rápido, quién lo diría’.

LONDON, UNITED KINGDOM - JANUARY 25, 2021: People leave Francis Crick Institute in London, which begins operating a new Covid-19 vaccination centre from today with a capacity to administer up to 1000 doses a day, seven days a week, on 25 January, 2021 in London, England. The institute is part of further 32 vaccination sites to open this week across England as the NHS continues to accelerate its biggest immunisation program in history, as 6.3 million people already received their first dose across the UK.- PHOTOGRAPH BY Wiktor Szymanowicz / Barcroft Studios / Future Publishing (Photo credit should read Wiktor Szymanowicz/Barcroft Media via Getty Images)
Uno de los centros de vacunación más grandes de Londres, el Francis Crick Institute (FOTO: Wiktor Szymanowicz / Barcroft Studios / Future Publishing (Photo credit should read Wiktor Szymanowicz/Barcroft Media via Getty Images)

Pues sí, quién lo diría. Hace menos de un año Reino Unido saltó a la fama por tener la peor estrategia para enfrentar el Covid-19 en el mundo, hoy se posiciona en el top 3 de los países con más vacunaciones.

Con 68 millones de habitantes (recordemos que el Reino Unido es la unión de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte) alrededor de 21 millones de adultos ya ha recibido la primera dosis, una de esos soy yo: mujer latinoamericana, cuarentona. Un privilegio enorme, lo sé; sobre todo viendo desde aquí el escándalo en América Latina con las vergonzosas listas VIP de Argentina o los ‘vacunagates’ de Perú y Ecuador, y claro, Venezuela no podía faltar entre los gobiernos que comienzan inmunizando a los privilegiados que tienen relación directa con el poder. Y hasta México: después de que López Obrador presumiera de no caer en eso, ahora se sabe que algunos funcionarios han hecho 'turismo de vacuna' en San Antonio, Texas.

Aquí no es que no haya escándalos en el poder, pero aún no hemos visto algo parecido. Hasta ahora se ha respetado la vacunación de acuerdo a los grupos prioritarios, primero los ancianos en las casas de cuidado junto con los mayores de 80 años y trabajadores de la salud, luego mayores de 70 y 60 y así.... Aún no era mi momento, entonces ¿por qué me invitaban a ponerme la vacuna?. Sumando dos más dos lo entendí todo. Y creo -sin que me lo haya confirmado el sistema de salud- son varios los motivos que, combinados hicieron que recibiera la invitación.

En primer lugar, quien ofrece la invitación es el centro médico en el que estás inscrito; hay algunos que van más adelantados que otros con la vacuna y cuando ya se la han ofrecido a las personas de mayor edad comienzan a bajar el target; van tan rápido que un funcionario declaró este miércoles que si todo sale bien con el suministro de dosis para junio la gran mayoría de los adultos podrían estar vacunados.

En segundo lugar, me quedaron pruebas médicas por un posible trastorno inmunitario, y no estoy precisamente en mi peso ideal. La posibilidad de ser ‘persona vulnerable’ podría haber llevado a mi centro de salud a enviarme una invitación temprana.

También existe una preocupación especial por las minorías étnicas que han sido especialmente impactadas por el virus en comparación con los blancos británicos. Por sus trabajos precarios y las condiciones de vida son más susceptibles a las infecciones, lo que lleva a más hospitalizaciones y muertes.

Como venezolana soy muchas cosas: la típica mezcla española, negra e indígena, con el añadido de antepasados más recientes libaneses e italianos; por eso no entro en la categorías ‘white’, menos en ‘white british”, sino en ‘other mixed groups’, una de las más de 15 posibilidades.

Eso quiere decir que en Reino Unido soy parte de una minoría étnica (lo que llaman BAME, el acrónimo en inglés por personas negras, asiáticas y minoría racial), tal vez también influyó en que recibiera esa invitación.

Injusta 'mala fama'

En todo caso, el día de la vacunación, justo cuando terminaba de llenar la planilla y pensaba en esas categorías étnicas y cuan graciosas nos resultan a los latinoamericanos (al menos a algunos, habrá quien ponga ‘white’ sin dudarlo) dijeron mi número. Para mi sorpresa todo transcurrió muy rápido, y yo, que hasta me había llevado un libro por si acaso.

Apenas me dio tiempo para tomar unas fotos con disimulo, completar la planilla en la que me preguntaban si era alérgica y si estaba consciente de los efectos secundarios de la vacuna. No habían pasado 10 minutos cuando dijeron mi nombre. Entonces pregunté lo que me daba un poco de miedo saber: qué vacuna me tocaba. Sabía que no había posibilidad de elección.

Hasta el momento Reino Unido ha dado luz verde a tres vacunas: Pfizer y Moderna, y, como no, a la británica AstraZéneca-Oxford. ¿Cómo los británicos no iban a conseguir la vacuna contra el coronavirus? Era casi un punto de honor, si el pionero de la vacunación ‘padre de la inmunización’ es el inglés Edward Jenner, quien descubrió la vacuna contra la mortífera viruela que causó estragos en todo el mundo.

¿Qué vacuna me tocaba? en ese instante no prefería precisamente la vacuna británica. El día anterior había leído sobre la poca confianza que generaba en Europa. Y me quedó el gusanito. A partir de la recomendación de que la Astrazeneca tenía poca efectividad en los mayores de 65 años, la mala fama, el boca a boca, las cadenas de whatsapp dejaron fríos miles de lotes de AstraZ en Italia, Alemania, Francia y otros países. Tampoco faltó algún comentario malintencionado contra la vacuna británica de algunos líderes europeos en medio de la ‘guerra de las vacunas’ en el primer enfrentamiento fuerte Bruselas -Londres del post Brexit . Todo eso -y fallas en la comunicación de AstraZ ocasionó una peligrosa ‘mala prensa’, justo cuando se comienza a ver luz al final del túnel.

Pero los expertos han sido clarísimos: AstraZeneca es segura y efectiva. Me aferré a eso que también había leído que decían los científicos y salí de allí con una sensación extraña y contradictoria de felicidad y tristeza al mismo tiempo: que bueno estar tan pronto vacunada contra el Covid, que malo que tanta gente tendrá que esperar años para esto. Debido al llamado nacionalismo inmunitario que no es otra cosa que el acaparamiento de vacunas por parte de los países más ricos, muchos países en desarrollo no recibirán dosis suficientes para toda su población hasta dentro de muchos meses, incluso años. En medio de esas emociones encontradas decidí dejarme llevar por la evidencia, me quedé más tranquila con la AstraZeneca-Oxford. Es normal tener cierta suspicacia porque todo esto es nuevo, pero en estos casos de dudas lo mejor es recurrir a la Ciencia.

Lo que vino a continuación tras la vacunación fueron los efectos secundarios: dolor de brazo casi de inmediato. Fatiga y dolor de coyunturas a las 20 horas. Normal, hay gente que no le pasa nada y hay gente que siente los efectos adversos, y yo por lo visto estuve en este segundo grupo, nada nuevo ni de qué preocuparse, suele ocurrir con cualquier inoculación. Un dolor corporal que -menos mal- ya había desaparecido al día siguiente. Ahora esperar a mayo para la seguda dosis.

Es un privilegio recibir la vacuna, y encima gratuita, cosa que nunca estuvo en discusión, gracias al sistema de salud centralizado que se llama NHS. También es un privilegio ser testigo del engranaje que se mueve para lograr la meta común de superar la pandemia: voluntarios -ciudadanos comunes- que administran la vacuna, de la mano del NHS con los trabajadores de la salud y, ahora sí, la efectividad de un gobierno que ha sabido enderezarse en el camino, aunque difícil olvidar la sombra de los casi 125 mil muertos que ha dejado esta pandemia en Reino Unido y la seguidilla de fracasos iniciales, como el ‘test and trace’ (pruebas y rastreo) que apenas ahora está comenzando a funcionar.

Más allá de las fallas, una de las grandezas de esta nación es cómo los ciudadanos comunes se involucran en los desafíos más difíciles de lograr, no solo el gobierno es protagonista, la Ciencia, los matemáticos-estadísticos (impresionante como manejan la data), y por momentos hasta la oposición parecieran estar remando hacia el mismo lado. Sin hablar de personajes símbolos, como el fallecido capitán Tom o la misma reina Isabel que da un empujón para estimular la vacunación masiva: “Hay que pensar más en los demás”.

Y ya saben ‘keep calm and carry on’, como dice aquel poster de 1939 que lanzó el gobierno británico en la II Guerra Mundial y que se ha convertido en un mantra británico ante las dificultades.

El Reino atraviesa un momento crucial en el que muchas restricciones aún están vigentes y la ruta para el desconfinamiento total es lenta y llena de retos -empezando por la amenaza de la llamada variante brasileña que dejaría sin efecto a las vacunas y que ya se encuentra en territorio británico- pero se está abriendo el camino ya para la ansiada reactivación económica y para el mismo Boris Johnson, quien sin duda capitalizará el rédito político del quizás mayor éxito de salud pública en la historia de la nación.

Por ahora, se prevé un verano loco e inolvidable.

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