En los vínculos con la Argentina, pocos cambios

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Las distintas maneras en que la Argentina y México han encarado el proceso de globalización en los últimos años quedaron expuestas la semana pasada cuando la presidenta Cristina Kirchner, basándose en la posibilidad de que el mercado local se viera inundado por autos mexicanos, decidió suspender el Acuerdo de Complementación Económica N° 55 (ACE 55), que regula el libre comercio de vehículos con el país norteamericano.

Las diferencias, sin embargo, no se limitan a este evento puntual, sino que se refieren a concepciones distintas sobre las ventajas o perjuicios que trae consigo la apertura comercial.

En México, según dijo a LA NACION el secretario de Economía (equivalente a ministro) de ese país, Bruno Ferrari, el libre comercio es visto como una vía para alcanzar el desarrollo. En la actualidad, México tiene suscriptos tratados comerciales con 44 países, entre los que están algunas de las principales economías del mundo, como Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.

La Argentina, por su parte, con el argumento de defender su industria, se ha caracterizado, especialmente en los últimos meses, por adoptar medidas que limitan el libre acceso de productos del exterior, lo que ha generado reclamos y represalias de parte de algunos de sus principales socios comerciales.

Para Lucio Castro, director del Programa de Integración Global y Desarrollo Productivo del Cippec, la Argentina se ha convertido en un país muy proteccionista, que tiene cada vez más riesgos de enfrentar represalias formales e informales. "México tiene una política comercial muy diferente y busca firmar acuerdos con la mayor cantidad de países posible", dijo.

Los 44 acuerdos comerciales que tiene México no se suscribieron únicamente en los últimos doce años, durante los mandatos del Partido Acción Nacional (PAN), sino que, en algunos casos, incluido el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés), que incluye a Estados Unidos, México y Canadá, la firma se dio cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que ayer se encaminaba a ganar las elecciones, todavía estaba en el poder.

El aperturismo, por lo tanto, no ha sido una característica exclusiva de los gobiernos conservadores, por lo que no se espera un giro significativo una vez que el presidente electo tome posesión de su cargo.

Aunque el comercio entre la Argentina y México no es especialmente relevante para ninguno de los dos países, se concentra, principalmente, en bienes con valor agregado: productos industriales y manufacturas de tecnología media. Según Castro, el mayor crecimiento en el intercambio bilateral se dio con la firma del ACE 55 en 2002.

Al principio, el saldo en el intercambio de autos fue favorable a la Argentina, pero esta situación se revirtió en los últimos años. En México creen que ése es el verdadero motivo, y no el alcance que ese país y Brasil negociaron por separado para fijar cupos de importación, por el cual la Presidenta decidió suspender el acuerdo.

Más allá de las razones, la decisión parece no ser beneficiosa ni para los consumidores argentinos, que deberán pagar precios más altos por ciertos modelos, ni para el sector automotor local, que exporta a México y utiliza autopartes de ese país en su producción, por lo que podría dejar de fabricar algunos modelos.

Especialización

"Pese al déficit con México, el ACE 55 permitió que la Argentina alcanzara una especialización en vehículos livianos y eso generó una ampliación del comercio automotriz con el Mercosur, mejorando su balanza global", explicó Castro.

Por último, los reclamos que México inició por la suspensión unilateral del ACE 55 continuarán, según Castro, aunque un nuevo partido llegue al poder en ese país. La Argentina, por lo tanto, no debería esperanzarse en un cambio de actitud.

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