Uzbekistán, paraíso de los melones, festeja cosecha excepcional

Shukhrat Khurramov
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Melones cuelgan de las vigas de madera en la localidad de Vazir, en el noroeste de Uzbekistán, el 26 de septiembre de 2020

Uzbekistán, paraíso de los melones, festeja cosecha excepcional

Melones cuelgan de las vigas de madera en la localidad de Vazir, en el noroeste de Uzbekistán, el 26 de septiembre de 2020

El agricultor uzbeco Sanat Kandalarov utiliza un método ancestral para almacenar los melones de una cosecha excepcional, que promete aliviar el invierno en este país donde la pandemia de covid-19 ha dado un duro golpe a la economía, al igual que en el resto del mundo.

"Los melones necesitan aire fresco para respirar", asegura Kandalarov, de 35 años, mostrando los melones colgados de vigas de madera en este gigantesco almacén que desde hace tres generaciones pertenece a su familia.

El almacén está ventilado gracias a las ranuras que hay en las paredes, suficientemente espesas para proteger los frutos del frío en invierno y de los primeros calores primaverales.

"Este método no necesita electricidad, es muy barato", asegura este crítico de los agricultores más jóvenes que prefieren las cámaras frigoríficas.

Este fruto emblemático de Uzbekistán se encuentra aquí en las variedades con piel espesa y verde, con forma redonda o más alargada.

Pero estas se plantan en mayo, dos meses después de las variedades que maduran en verano, y son almacenadas para ser vendidas en invierno.

El precio puede llegar a ser hasta 15 veces más que en verano en el mercado interno y todavía más en el extranjero.

La cosecha particularmente abundante de este año cae en buen momento en un país duramente golpeado por la pandemia de coronavirus que ha frenado en seco el fuerte crecimiento de su economía.

Los fondos enviados por los uzbekos que trabajan en el extranjero, principalmente en Rusia o en Kazajistán, esenciales para el país, se han reducido a la mitad por el confinamiento, según un informe publicado en julio por Naciones Unidas, dejando a centenares de miles de familias en serias dificultades.

Las medidas sanitarias han provocado despidos masivos en este país de Asia Central de 33 millones de habitantes, y que han afectado en particular a las pequeñas empresas.

En cambio, Sanat Kandalarov ha contratado a 12 personas en su pueblo de Vazir, en el árido noroeste del país, sacándolas del paro.

"Con el covid-19 y todo el desempleo (que ha generado), estos melones de invierno son nuestra salvación", dice a la AFP. La cosecha de esta temporada asciende a 50 toneladas.

El agricultor incluso ha previsto exportar una partida al vecino Kazajistán a finales de octubre.

- Paraíso del melón - 

Uzbekistán produce un promedio de 700.000 toneladas de melón, en 35.000 hectáreas, cada año, según el ministerio de Agricultura.

Según Shojruj Tolibov, experto de ministerio, las exportaciones se han multiplicado por cinco en tres años pero representan menos del 10% del total. Algunas de las variedades más dulces son difíciles de transportar.

Este año, las exportaciones se duplicarán con respecto al año pasado. Este crecimiento es la consecuencia de reformas agrícolas impulsadas por el presidente Shavkat Mirziyoyev que ha iniciado una apertura desde que asumió el cargo en diciembre de 2016.

El presidente ha puesto fin a los monopolios que dominaban las exportaciones de frutas y verduras y ha permitido que los pequeños productores elijan a sus clientes.

Los melones uzbekos se exportan sobre todo a Kazajistán, Rusia, Kirguistán, Letonia y Ucrania, precisa Tolibov.

En octubre, el grupo local Jahon Exim aseguró haber organizado las primeras exportaciones de melones uzbekos al Reino Unido.

Uzbekistán cuenta con más de 50 tipos de este fruto familia de las cucurbitáceas, domesticada desde hace más de 4.000 años.

La provincia de Jorasmia, donde se encuentra la actividad de Sandat Kalandarov, cuenta con una docena de variedades. Esta región, rodeada por el río Amu Daria, tiene unos inviernos templados y veranos calurosos.

Mientras otros cultivos fracasan en esta zona, "los melones son más dulces en tierras salinas", explica este agricultor ante la mirada de sus empleados que degustan esta deliciosa fruta tras una larga jornada de trabajo.

Kalandarov ha crecido en los campos de melones y cultiva sus propias frutas desde la adolescencia.

Pero ahora alberga nuevos sueños, en la línea de los del gobierno: pasar de la venta de la materia prima a la elaboración de productos con mayor valor añadido.

"Quiero crear nuevos productos: mermelada de melón, melón confitado, melón deshidratado. Hay una fuerte demanda para estos productos en los mercados extranjeros", dice.

sk-cr-apo/alf/af/zm