Unión por el Mediterráneo avisa de un clima imprevisible por el calentamiento

Agencia EFE

Barcelona (España), 23 nov (EFE).- El vicesecretario general de la Unión por el Mediterráneo (UpM) Grammenos Mastrojeni afirma que la peor consecuencia del calentamiento global en la región es la inestabilidad y la desorganización de la sociedad ante la imposibilidad de prever el clima y la naturaleza.

Encargado de cambio climático y energía de esta organización multilateral, Mastrojeni (Milán, Italia, 1965) enfatiza en una entrevista con Efe que los impactos más conocidos del cambio climático, como son el aumento del nivel del mar, de la temperatura o la escasez de agua dulce, "son solo la punta del iceberg".

El paradigma de lo que podría suceder en el Mediterráneo, según el diplomático, es el Sahel, la franja de tierra que recorre África de este a oeste y que marca el límite del Sahara, donde "está ocurriendo el impacto más peligroso del cambio climático: que el comportamiento del clima no se pueda prever".

"El campesino no sabe cuándo tiene que sembrar, pero si no lo hace no va a tener cosecha; si no tiene cosecha, no puede venderla al mercado y, si no tiene dinero, las personas tienen que entrar en la ilegalidad", resume Mastrojeni.

Añade que la zona de la desertificación "coincide perfectamente" con la concentración de hambre, migraciones, conflictos, terrorismo o tráficos ilícitos.

Preguntado sobre si ya es demasiado tarde para arreglar la situación, el vicesecretario señala: "No estamos a tiempo de revertir el cambio climático. Estamos a tiempo de adaptarnos de manera que podamos transformarlo en algo positivo".

En este sentido, considera que nos encontramos en un punto de inflexión en el que, si los estados cooperan, "todos ganamos", pero "si escogemos que el clima y la naturaleza no son cosa de la política, automáticamente estamos yendo a una desestabilización de la región".

Mastrojeni oscila entre el optimismo de ver la situación como "una maravillosa oportunidad para cooperar y desarrollarnos de una forma más justa y sostenible" y el catastrofismo por los impactos sociales y humanos del cambio climático en forma de desestabilización de la región, movimientos forzados de población, conflictos e incluso guerras.

El diplomático señala que la desorganización ya afecta a los países desarrollados: "El director de un acueducto que no sabe cuándo llegará la lluvia o la nieve no puede organizar el servicio; un constructor de carreteras no puede decidir cómo construirla si no sabe si es una zona seca o inundable".

"En el Mediterráneo nadie puede afrontar esta situación por sí solo y no existen barreras, muros o aduanas que puedan parar los efectos del cambio climático", avisa en su alegato a favor de la cooperación regional: "Si lo enfrentamos juntos, puede convertirse en una oportunidad de paz, desarrollo y justicia".

"El cambio climático está destruyendo las bases estructurales del clima mediterráneo, un clima que nos dio la posibilidad de empezar las civilizaciones más desarrolladas del mundo. Estamos perdiendo un tesoro", advierte Mastrojeni.

Y alerta a los países del norte del Mediterráneo: "España, Italia y Grecia no deben tener la ilusión de que la desertificación solo existe en África porque está llegando muy rápido aquí".

Sobre el compromiso de los políticos en la lucha contra el cambio climático, el vicesecretario de la UpM afirma que "la conciencia individual existe", pero apunta que el problema es "estructural".

"Durante 3.000 años, la política fue hecha de manera que la naturaleza no era integrada. Esta dimensión es nueva y necesitamos construir instrumentos que sean efectivos para dar una respuesta rápida, ya que ahora todo el fenómeno está en aceleración exponencial", sostiene.

A la hora de buscar responsabilidades, Mastrojeni vuelve a salir "de la narrativa tradicional" y, "a riesgo de ser antipático", dice que el problema no son los gobiernos ni las empresas sino "el público que no se considera protagonista" y que espera "la solución de las instituciones".

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