A una semana del apagón en Venezuela: explosiones, saqueos, detenciones y sed

Los ciudadanos se las ingenian para recoger agua en los lugares más insólitos, a riesgo de contraer infecciones (Foto Bloomberg Andrew Rosati)

La incertidumbre y la sed agobian a los venezolanos el jueves, al cumplir una semana sin luz.

Fallas técnicas y la falta de personal calificado han dificultado el arranque del sistema de generación y distribución eléctrica más importante del país en El Guri, la represa hidroeléctrica que hace 40 años impulsó el desarrollo industrial de Venezuela y que hoy se encuentra en ruinas.

El presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, denunció que extensas áreas del país permanecen sin luz, mientras el resto tiene un servicio eléctrico parcial o precario.

El ministro de Comunicaciones del gobierno de Maduro, Jorge Rodríguez, anunció que el servicio eléctrico está restituido al 100 por ciento en todo el territorio nacional y dijo que el jueves comenzarían las actividades laborales, una semana después de que se paralizó de manera abrupta el sector público y privado del país.

Pero más allá de las declaraciones, están los testimonios de millones de venezolanos que han vivido lo que muchos relatan como “la peor semana de sus vidas”.

Una de las zonas más afectadas por el apagón nacional ha sido el occidente del país, fronterizo con Colombia, debido a la lejanía con las fuentes de generación hidroeléctrica del sur del territorio y a los graves problemas de generación de las plantas locales que funcionan con diesel.

Muchos pueblos y ciudades del estado Zulia, el más poblado del país con unos 5 millones de habitantes del total de 32 millones de personas que viven en Venezuela, suman más de 150 horas sin servicio eléctrico.

El problema de la sed

El efecto más dañino de los cortes de luz ha sido la suspensión del servicio de agua potable. Aunque los racionamientos de agua son frecuentes en Venezuela y muchos habitantes están acostumbrados a recolectar agua en potes y cisternas, la escasez esta vez ha sido prolongada y generalizada.

En el estado Carabobo, ubicado en la región central del país, los ciudadanos denunciaron que al abrir las tuberías lo que salió fue una fétida sustancia negra.

Uno de los ingenieros que mejor conoce el sistema hídrico de Venezuela, Jose María de Viana, explicó al portal Prodavinci que aunque el problema de la luz es grave, la interrupción del servicio de agua de convertirá en una calamidad nacional si no se resuelve de manera inmediata.

De Viana dijo que si no se llenan de agua los dos mil kilómetros de tuberías que tiene, por ejemplo, la ciudad de Caracas, los animales como roedores e insectos que viven en las cloacas saldrán a la superficie para buscar comida y sobrevivir.

“Y eso requiere un volumen mínimo de agua, aunque no sea de muy buena calidad. Quizá 100 litros por vivienda. Cuando eso no ocurre, la pieza sanitaria se convierte también en un centro de contaminación.”

El ingeniero explicó que los sistemas de producción y bombeo de agua de las grandes ciudades están desconectados porque “son grandes consumidores de electricidad”. Calculó que el 10 por ciento de la electricidad generada en Venezuela se destina para distribuir agua a las grandes ciudades.

Saqueos y daños materiales

El domingo 10 de marzo comenzaron los saqueos. Organizaciones no gubernamentales denunciaron que saqueos en al menos 13 de los 23 estados de Venezuela desde el inicio del apagón.

La región más afectada fue nuevamente el Zulia, con al menos 500 negocios destruidos y pérdidas millonarias. Tan sólo empresas Polar, una de las industrias de alimentos y bebidas más grandes del país, reportó pérdidas de 5 millones de dólares tras el vandalismo sufrido en sus almacenes.

A pesar de la gravedad de la situación, el gobernador del estado Zulia, Omar Prieto, dijo que los ataques aislados fueron diseñados por el terrorismo para dejar sin alimento al pueblo, para “que fuésemos a la prehistoria, a comernos unos con otros”. Posteriormente ha declarado, que el Zulia se encuentra en completa normalidad.

La Federación Nacional de Ganadores (Fedenaga) dijo el miércoles que unos 5 millones de litros de leche se perdieron o se dejaron de producir desde el inicio del apagón, lo que representa una pérdida de 1,4 millones de dólares.

La paralización de las cadenas de frío, que garantizan la refrigeración de los alimentos perecederos, han causado la pérdida de casi un millón de kilos de queso y dos millones de kilos de carne, en un país con una grave escasez de comida, informó el periodista Gabriel Bastidas.

El drama sanitario

El sistema de salud de Venezuela, que ya estaba colapsado, ha llegado a una situación. Francisco Valencia, director de la ONG Codevida, confirmó la muerte de 20 pacientes renales por falta de la diálisis que era indispensable para su sobreviviencia.

También denunció la persecución de los familiares de las víctimas para silenciarlos

Los hospitales y centros de salud públicos y privados ofrecen los servicios mínimos.

El presidente de la Federación de Farmacéuticos de Venezuela, Freddy Ceballos, dijo que la situación de abastecimiento de medicamentos y reactivos de laboratorios sigue siendo mínima y que los centros de salud no cuentan con los recursos para atender a los pacientes. También denunció agresiones y amenazas a los reconocen públicamente la gravedad de la situación.

Explosiones, fogonazos y el asunto petrolero

Para añadir dramatismo a la situación de incertidumbre de los venezolanos, en varias localidades se han producido explosiones de subestaciones eléctricas. Expertos han señalado que una de las causas de los estallidos en los transformadores es que, después de estar inactivos, reciben una cantidad de electricidad muy superior a la que pueden procesar.

El presidente de facto Nicolás Maduro ha asegurado que se trata de sabotajes de los que desean sacarlo del poder.

La maltrecha industria petrolera también ha tenido problemas desde el apagón. El comandante de la Región Estratégica de Defensa Integral Oriental (Redior), almirante William Serantes Pinto, confirmó el estallido el miércoles de dos tanques de 80 mil litros cada uno de diluente y crudos residuales de Petro San Félix, ubicada en el bloque Junín de la Faja Petrolífera del Orinoco, en el oriental estado Anzoátegui.

En este episodio también contrastan las dos versiones. Los expertos petroleros aseguran que las emanaciones que se concentran en los tanques paralizados pueden generar graves problemas de seguridad, especialmente si las instalaciones son desatendidas.

Mientras que el ministro de energía Manuel Quevedo aseguró que se trató de “un ataque para afectar la producción petrolera”.

Otro aspecto que preocupa a los mercados internacionales y que comenzará a afectar a la población es la suspensión de exportaciones de petróleo ante la incapacidad de Petróleos de Venezuela de mantener la producción con el apagón.

El economista Asdrúbal Oliveros, director de la consultora Ecoanálitica, dijo a AFP que las pérdidas por el apagón ascendían “a 875 millones de dólares”. La paralización de procesos fundamentales en el sector petrolero reducirán la producción en unos 700 mil barriles diarios.

Detenciones y muertes

El nerviosismo del gobierno revolucionario al ser incapaz de restituir la normalidad del país se ha traducido en un recrudecimiento de la represión y de los abusos policiales.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social denunció que la violación de los Derechos humanos en Venezuela sigue siendo sistemática. Su director Marco Ponce declaró que “aunque en estos momentos hay observación internacional, estamos viendo el accionar de los colectivos de manera abierta y con total impunidad”.

No hay una cifra exacta de muertos, pero se ha denunciado el fallecimiento de varias personas por armas de fuego durante disturbios o represión.

El director del Foro Penal, Alfredo Romero, denunció que los enviados de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, fueron escoltados por efectivos militares y policiales a los centros de detención de El Helicoide y Ramo Verde y les impidieron entrevistar los presos políticos.

El pasado 12 de marzo el periodista Luis Carlos Díaz fue secuestrado por el Servicio de Inteligencia Bolivariana (Sebin) y luego sometido a un “juicio express” donde fue imputado por “instigación a delinquir”. Durante el proceso, su esposa Naky Soto fue amenazada dentro de su vivienda por funcionarios, quienes se llevaron sus equipos de trabajo y dinero en efectivos que guardaba para pagar su quimioterapia.

La organización Espacio Público denunció que el trabajador de la Corporación Eléctrica Nacional Corporelec, Geovany Zambrano Rodríguez, fue detenido “por haber advertido, semanas antes del apagón, la grave situación del sistema eléctrico nacional. Ahora está desaparecido”

La única fuente de información no gubernamental de la ciudadanía son los portales digitales independientes y las redes sociales. Y lo que circula en los chats de Whatsapp no presagia normalidad. Las familias intercambian recomendaciones para hacer velas, para aminorar el efecto psicológico de los niños que permanecen sin colegio ni distracciones, para conservar alimentos por más tiempo.

Guaidó insiste en que el cede de la usurpación de Maduro es el único camino para regresar a la normalidad. Mientras Maduro asegura que “ha superado el ataque cibernético” y que está ganando la batalla contra el imperialismo para mantenerse en el poder.