Un producto “éticamente incorrecto” en venta en las máquinas expendedoras de Japón

El presidente de la compañía ballenera Kyodo Senpaku Kaisha Ltd, Hideki Tokoro, junto con una consumidora de carne de ballena Mao Kaneko y el director general de Motomachi Shopping Street Hiroshi Takarada cortaron la cinta en inauguración de la tienda de su compañía en Yokohama, Japón, el 24 de enero 2023. (REUTERS/Androniki Christodoulou)
El presidente de la compañía ballenera Kyodo Senpaku Kaisha Ltd, Hideki Tokoro, junto con la consumidora de carne de ballena Mao Kaneko y el director general de Motomachi Shopping Street Hiroshi Takarada, cortaron la cinta en la inauguración de la tienda de su compañía en Yokohama, Japón, el 24 de enero 2023. (REUTERS/Androniki Christodoulou)

A los japoneses les gusta comprar en máquinas expendedoras. Por algo en 2021, la Asociación de Fabricantes de Sistemas de Venta de Japón dijo que habían un poco más de 2,7 millones de esos aparatos en todo el país.

Uno de los motivos de la popularidad de las máquinas expendedoras es que puedes comprar casi cualquier cosa, desde regalos hasta artículos de primera necesidad, las 24 horas del día sin necesidad de hablar con nadie. Esa particularidad permite que el comprador no se sienta avergonzado si sus gustos son extravagantes.

Con esas características en mente, la compañía ballenera Kyodo Senpaku comenzó a vender carne de ballena en cuatro máquinas expendedoras en Tokio. Todo parece indicar que sus estudios de mercado revelaron la existencia de un público cautivo para este tipo de proteína animal porque calculan que en los próximos 5 años poseerán 100 máquinas y expandirán su presencia en Osaka, la segunda ciudad más grande de Japón.

Las máquinas de prueba ofrecen productos congelados como carne de ballena roja, que los japoneses usan para el sashimi y bistecs poco hechos; piel; tocino; y ballena cocida enlatada de distintos tipos. Los precios varían entre los 1.000 y 3.000 yenes (7,67 dólares hasta 23,01 dólares).

El activista japonés por los derechos de los animales, Ren Yabuki, está acostumbrado a este tipo de anuncios porque ya existen una amplia gama de máquinas expendedoras que ofrecen animales vivos. “Por ejemplo, huevos vivos, escarabajos vivos, gusanos de roca vivos. Sin embargo, es éticamente incorrecto vender seres vivos en máquinas expendedoras”, expresó.

Para prepararse para el aumento de la demanda de carne de ballena, Kyodo Senpaku sustituirá el obsoleto barco Nisshin Maru, que llegó en el Océano Antártico dentro del Santuario de Ballenas de Australia, por una nueva embarcación de 67 millones de dólares, según informó Michael Dahlstrom, editor de ambiente de Yahoo Australia.

Dahlstrom se pregunta si alguien todavía come carne de ballena en Japón, un país donde se han desplomado las ventas de ese producto debido al cambio de los gustos de las nuevas generaciones y por un aumento de la consciencia de los japoneses sobre el bienestar animal.

Costumbre vs protección de la fauna

Explicó que la caza de ballenas en Japón se remonta al siglo XII , pero las operaciones industriales comenzaron en la década de 1890.

Los portavoces de la firma ballenera aseguran que los japoneses mayores sienten nostalgia por la carne de ballena y que nunca olvidarán su sabor porque era lo que saciaba el hambre durante la escasez de alimentos después de la Segunda Guerra Mundial.

Kozue Mihira, vocero de Kyodo Sempaku, dijo que las máquinas ayudarán a los clientes que no saben dónde comprar ballena. "Nos han sorprendido las buenas ventas, que han superado nuestras expectativas”, dijo Mihira a la prensa local.

Japón se retiró de la Comisión Ballenera Internacional hace 5 años y Kyodo Sempaku tiene como objetivo aumentar la aceptación de alimentos relacionados con las ballenas. Por su parte, las autoridades pesqueras japonesas tienen previsto ampliar las cuotas de captura de ballenas de la nación en los próximos dos años.

“Mi padre comió un plato de tatsuta-age (una especie de carne de ballena frita) con una mirada nostálgica en su rostro, y mi hijo mayor en la escuela secundaria es fanático del filete de ballena con sabor a shoyu”, dijo Miki Yamanaka, una ama de casa de 43 años que visitó la tienda el 6 de enero. “Regresé hoy para comprar más”, dijo a The Japan News.

Fuera de Japón la noticia ha causado indignación. Astrid Fuchs, representante de la organización Whale and Dolphin Conservation, dijo al diario The Independent que se trataba de una cínica estrategia de ventas en la que un grupo pequeño pero influyente de políticos y actores interesados están impulsando la caza de ballena en Japón.

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"Hay poca demanda de carne y las cacerías son crueles, ya que involucran arpones con punta de granada que se disparan contra un objetivo en movimiento desde un barco en movimiento. Muchas ballenas tardan mucho en morir".

En la década de 2000, organizaciones contra la caza de ballenas lanzaron feroces campañas y obstruyeron las actividades de los barcos balleneros.

Japón, junto con Noruega e Islandia, son los únicos países que continúan cazando ballenas con fines comerciales dentro de sus propias aguas.

El temor de los activistas defensores de los animales es que el fácil acceso a la carne de ballena resucite la popularidad de una costumbre muy arraigada en las cultura japonesa.

En 1962, los japoneses consumieron 233 mil toneladas de carne de ballena, sólo superada por el consumo de 322 mil toneladas de cerdo. Mientras que la carne de res y el pollo quedaron relegadas a la tercera y cuarta posición, con 155 mil y 1557 mil toneladas respectivamente. En 2021, los japoneses comieron mil toneladas de carne de ese espectacular cetáceo.

Fuentes: Yahoo Australia, ANN, The Independent

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