Un joven menor de edad detenido por las fuerzas de Maduro: "Vi llorar a mi mamá y supe que nos dejarían presos"

La Vida de Nos

En medio de una protesta en El Limón, en el estado Aragua, al centro-norte de Venezuela, las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) detuvieron a 11 adolescentes, el 24 de enero de 2019. Una juez ordenó que fueran recluidos y, ocho días más tarde, en una audiencia especial que no figura en ninguna ley, los dejó en libertad bajo medidas cautelares. Esta es la historia de uno de ellos.

<span class="s1">El pasado 24 de enero las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de Venezuela detuvieron a 11 adolescentes que tuvieron que permanecer encerrados varios días por una aberración judicial</span>
El pasado 24 de enero las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de Venezuela detuvieron a 11 adolescentes que tuvieron que permanecer encerrados varios días por una aberración judicial

Texto: Gregoria Díaz /Ilustraciones: Robert Dugarte vía La Vida de Nos

Él es tan delgado, que si lo abrazas, temes que puedas romper sus huesos. Aún posee ese rostro infantil que ahora oculta bajo una gorra, con la que intenta disimular el incipiente cabello que apenas crece, luego de que se lo raparan mientras estuvo detenido.

Llega a la entrevista acompañado de su madre. Luce desconfiado. Admite que aún lo embarga el miedo.

—¿A qué? —le pregunto.

—A que me busquen y me detengan nuevamente.

Es el mismo terror que sintió el 24 de enero, cuando funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) lo detuvieron junto a 10 adolescentes más, incluyendo a tres jovencitas, entre las que estaba su mejor amiga.

Minutos antes se habían concentrado en el emblemático Torreón El Limón, en la entrada del municipio Mario Briceño Iragorry del estado Aragua, al centro norte de Venezuela, para sumarse a las protestas convocadas por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, quien ya tenía un día de haber jurado como presidente interino de Venezuela.

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Antes, una comisión de policías del estado Aragua se acercó a la concentración para advertirles a los muchachos que, si obstaculizaban la vía, serían detenidos. Fueron dos o tres jóvenes que llegaron sorpresivamente a la protesta, y que hoy él cree infiltrados, quienes decidieron impedir el tránsito.

—Corrimos para que la policía no nos agarrara.

Pero su mejor amiga se había quedado atrás y él decidió rescatarla. Fue inútil, pues ya habían llegado los funcionarios de las FAES dispuestos a aprehenderlos.

A prisión

—Nos lanzaron en la parte de atrás de dos camionetas sin identificación y nos ordenaron bajar la cabeza. Uno de mis compañeros no hizo caso y un funcionario lo golpeó.

Su mamá lo creía a salvo, en la casa de su amiga. Hasta que, horas después, un vecino le contó de la detención. Comenzó la búsqueda de los 11 menores de edad. Los padres suponían que estaban en la comisaria de El Limón, pero realmente habían sido trasladados a la Comandancia General de la Policía de Aragua. En varios estados del país otros padres hacían lo mismo. De acuerdo con la organización civil Foro Penal, en los último 10 días de enero detuvieron a 137 adolescentes.

<span class="s1">Su madre lo creía a salvo, en la casa de su amiga. Hasta que, horas después, un vecino le contó de la detención.</span>
Su madre lo creía a salvo, en la casa de su amiga. Hasta que, horas después, un vecino le contó de la detención.

—Nos llevaron a un cuarto. De vez en cuando entraba algún policía y nos trataba con respeto y nos decía: “Es triste lo que están pasando; tengan fuerza”. Otros nos insultaban. “¡Estúpidos, mongólicos!”, nos gritaban.

Mientras tanto, en las afueras de la comandancia, padres, madres y abogados esperaban angustiados. Les habían prohibido verlos. La noche se hizo agotadora. Los muchachos debieron dormir en el piso y con hambre. Fue a la mañana siguiente cuando les permitieron comer e ir al baño.

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Todavía les esperaban largas horas de infortunio. Y a sus padres, días de angustia.

—Pensaba que podían violarlo, golpearlo —dice la madre.

Fue a las 10:00 de la mañana del viernes 25 de enero, cuando los trasladaron hasta la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas para reseñarlos. Les gritaban y los amenazaban con darles patadas. Les exigieron sus datos personales, direcciones y huellas dactilares mientras les ponían en el pecho un cartel con un número para la policial fotografía de rigor. Después los esposaron en pareja.

Al mediodía, llegaron al Palacio de Justicia de Maracay, en la capital del estado Aragua.

Como enemigos

La audiencia de presentación estaba pautada para las 2:00 de la tarde. Las juezas Alani Castillo y Nunziatina Prodoveccio Tovar, 1era y 2da de control de responsabilidad de los adolescentes del estado Aragua, prolongaron la espera y los 11 jovencitos fueron llevados hasta el sótano.

A las tres chicas las encerraron con otras menores de edad señaladas de diversos delitos y a los ocho varones los conminaron a esperar en un calabozo.

—Ese fue el lugar más feo.

Describe un cuarto pequeño, cuyas paredes estaban llenas de palabras y frases escritas con excremento. Sintió claustrofobia. Aunque los alguaciles los alentaban secretamente, su incertidumbre se incrementaba.

<span class="s1"> Los adolescentes no fueron tratados por el Estado como procesados, sino como enemigos</span>
Los adolescentes no fueron tratados por el Estado como procesados, sino como enemigos

Horas después se dio inicio a una audiencia en la que, de acuerdo a los abogados del Foro Penal, los adolescentes no fueron tratados por el Estado como procesados, sino como enemigos.

De nada sirvieron los argumentos de la defensa.

Aunque en las actas policiales los funcionarios informaron que no se les incautó nada durante la detención, la decisión estaba tomada: presentación de dos fiadores, presentación cada 30 días ante los tribunales y su reclusión en el Servicio Autónomo de Protección al Niño, Niña y Adolescente del estado Aragua.

Vi llorar a mi mamá y supe que nos dejarían presos.

Y así fue. En un inédito veredicto judicial, los 11 jóvenes fueron llevados, pasada la medianoche, a la sede del servicio de protección de San Carlos, una de las más violentas.

A cumplir normas

—Nos llevaron a una celda y nos ordenaron desvestirnos. Y quedamos en interiores, mientras nos leían la cartilla. Nada de visitas, sin hacer ruidos, dormir a la hora y levantarnos al grito de los custodios.

No les quedaba más que cumplir con esas normas.

Esa primera noche se les hizo larga y no pudieron dormir. A las 5:00 de la mañana el custodio los levantó. Era la hora del primer baño.

—Había cuatro tubos pegados a la pared y el agua se deslizaba, así que debía colocar las manos en la pared para tomar un poco. Debíamos hacer nuestras necesidades en bolsas dentro de la misma celda y después lanzarlas a un terreno baldío. Orinábamos en un potecito que lo sacábamos por un hueco de la pared.

<span class="s1">Cuando supo que saldría en libertad, regaló su ropa a quienes quedaban allí. Él y sus compañeros fueron llevados nuevamente al Palacio de Justicia, para una “audiencia especial” no tipificada en ninguna ley</span>
Cuando supo que saldría en libertad, regaló su ropa a quienes quedaban allí. Él y sus compañeros fueron llevados nuevamente al Palacio de Justicia, para una “audiencia especial” no tipificada en ninguna ley

Los padres llegaron al día siguiente, con colchonetas, sábanas, ropa, artículos de aseo personal y comida. Con franelas blancas y monos azules, el uniforme que debían vestir durante la reclusión. También debieron llevar tobos, que les servirían para recoger agua para cepillarse los dientes.

Durante el encierro, les raparon la cabeza. Intentaba adaptarse. Pero su desesperado deseo de salir, se lo impedía. Sabía que su mamá haría lo indecible por sacarlo, aunque a veces lo asaltaba la duda y golpeaba su cabeza contra la pared para no pensar. Compartían la comida con los otros reclusos y hasta con los custodios.

—No pude dormir. Solo pensaba en irme de ese lugar y del país.

Libertad condicional

Cuando supo que saldría en libertad, les regaló su ropa a quienes quedaban allí. Él y sus compañeros fueron llevados nuevamente al Palacio de Justicia, para una “audiencia especial” no tipificada en ninguna ley. Antes de ingresar, los obligaron a cambiarse la franela blanca del uniforme, quizás para que no quedara en evidencia el sutil maltrato. Además, los grabaron y fotografiaron, sin autorización de sus padres y pese el desatendido reclamo de los abogados.

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En la audiencia debieron escuchar el sermón de una jueza que ahora intentaba parecer más madre que verdugo.

Y el 31 de enero, ocho días después de aquella protesta en El Torreón que los llevó tras las rejas, fueron excarcelados, como lo hicieron en otros cuatro estados del país y de idéntica forma: en libertad, pero bajo régimen de presentación en los tribunales.

<span class="s1">Durante el encierro, les raparon la cabeza y los maltrataron. Dice que ahora siente miedo de estar, incluso, en su casa. Pero tampoco puede andar en la calle.</span>
Durante el encierro, les raparon la cabeza y los maltrataron. Dice que ahora siente miedo de estar, incluso, en su casa. Pero tampoco puede andar en la calle.

“No quiero estar aquí”

Él se nota cansado. Y dice que lo está. Del encierro y de lo que se vive en el país. De ver a su madre hacer colas desde la madrugada para comprar harina, de no poder andar tranquilo por las calles.

—A veces siento que sigo preso…

—¿Qué te deja esta experiencia?

—Valorar más a mi mamá, a mis amigos. Entendí que mi libertad puedo perderla en minutos.

Dice que siente miedo de estar, incluso, en su casa. Pero tampoco puede andar en la calle. Teme que lo detengan nuevamente.

—Esta lucha está fuera de mis manos. Los jóvenes ya no tenemos nada qué hacer. Y aunque creo que el país va a cambiar, sé que pasarán cosas muy feas y no quiero estar aquí.

Está decidido a irse del país. En julio termina el bachillerato y aún no tiene claro a dónde irá.

—¿Cree que cuando me presente en tribunales me dejen preso? —me susurra al oído al momento de la despedida.

Él mismo se responde.

—Eso me aterra.

(El nombre del protagonista de este relato fue omitido para resguardar su integridad)

Esta historia fue cedida por el portal venezolano vía La Vida de Nos