Un año oscuro para la policía francesa: Ola de suicidios, desprecio social y ataques extremistas en su propia casa

Una pancarta que lee "el suicido aumenta en la policía" descansa sobre un ataúd falso en la "Marcha de la Ira" convocada por los policías franceses en la Plaza de la Bastilla el 2 de octubre de 2019 por las precarias condiciones de trabajo y en honor a los policías que se han quitado en lo que va de año. (Photo by Michel Stoupak/NurPhoto via Getty Images)

El asesinato a puñaladas de cuatro funcionarios dentro de una comisaría en París fue otro duro golpe para la policía en Francia, una fuerza asediada por las dificultades económicas, atacada por la opinión pública y disminuida por la tasa de suicidios más alta en dos décadas.

El atacante fue Michael Harpon, un empleado civil sordo que tenía 16 años de servicio y que se convirtió en un islamista radical mientras trabajaba como experto en informática justo en el organismo encargado de garantizar la seguridad pública y de luchar contra el terrorismo.

El fiscal antiterrorismo de París, Jean-François Ricard, declaró que Harpon actuó con premeditación. Sabía que todos sus movimientos quedaría registrados porque trabajaba en el servicio de cámaras de seguridad de la comisaría y aun así salió poco antes del almuerzo a comprar los dos cuchillos con los que masacró a una empleada administrativa y tres agentes que iban saliendo a comer. Los videos mostraron una situación de pánico que duró siete minutos, la determinación con la que el atacante hirió a otros agentes y las advertencias que le hizo un policía novato para detener la agresión antes de matarlo de dos disparos.

¿Cómo los compañeros y supervisores no detectaron las señales de radicalización que otros testigos sí observaron? Conocidos interrogados por la fiscalía declararon que Harpon expresaba abiertamente su apoyo a las acciones islamistas, rehuía cualquier contacto con mujeres, justificaba el atentado contra el diario satírico Charlie Hebdo y abandonó los atuendos occidentales para vestirse con el código tradicional del islam.

Demostraciones de dolor frente a la sede de policía de París después de que un empleado civil radicalizado mató a 4 funcionarios el 3 de octubre de 2019 (REUTERS/Christian Hartmann)

A pesar de las dificultades, es poco común que un policía muera durante su horario de servicio. Cuatro bajas en su propia casa es impensable en un país que cerró el 2017 con 15 agentes fallecidos cumpliendo con su deber.

Esa es cifra moderada si se compara con la centena de funcionarios muertos en operativos en Estados Unidos. El FBI informó que 106 funcionarios de las fuerzas de seguridad murieron en incidentes relacionados con su trabajo en 2018.

Cuando el enemigo eres tú

Y mientras se tambalea la confianza en la habilidad de la policía en detener a una nueva generación de terroristas que pasan desapercibidos dentro de las más sólidas instituciones, continúa la preocupación por el bienestar de los funcionarios que estarían contemplando en quitarse la vida.

Al menos 54 policías han usado su arma de reglamento contra si mismos en los primeros 9 meses del año. Y aunque Francia tiene una de las tasas de suicidios más elevadas de Europa con 14 fallecidos por cada 100.000 habitantes, las cifras de suicidios entre las fuerzas policiales es 36 por ciento mayor que la del ciudadano común.

Las autoridades temen superar la dramática cifra del “año oscuro” que vivieron en 1996, cuando 70 policías se arrebataron la vida.

El fantasma de los suicidios policiales reapareció en una Francia sacudida por un movimiento de contestación de los Chalecos Amarillos, que moviliza a miles de manifestantes en las grandes ciudades francesas para protestar contra las políticas del presidente Enmanuel Macron.

Los líderes sindicales ya habían advertido la llegada de una mala racha. El secretario general del sindicato Alternative police-CFDT, Denis Jacob, auguró que “2019 podría ser el peor en los últimos 30 años”.

El deterioro de la situación ya se veía en las estadísticas fatales de 2018 que registraron 35 suicidios entre policías. Pero a esa trágica cifra hay que sumar otras 33 muertes por heridas auto infligidas de gendarmes, como se les llama a los integrantes de la Gendarmerie Nationale Française, fuerza militar que cumple funciones policiales. Así que el año pasado hubo 68 suicidios entre agentes de los servicios de seguridad nacional que no recibieron atención mediática.

El Parlamento de Francia ordenó una investigación para determinar los motivos del problema y los resultados fueron inconclusos y multifactoriales. El informe del senado indicó que "las dificultades específicas de las fuerzas de seguridad, como la proximidad a la muerte, los ritmos de trabajo escalonados o el peso de jerarquía, son factores indudablemente agravantes que contribuyen a explicar esta prevalencia de suicidio entre ellos ".

Catherine Pinson, la psicóloga que supervisa el apoyo terapéutico a los agentes, dijo a los investigadores parlamentarios que existen entre 10 y 15 factores que puede contribuir a una crisis aguda que desencadene un suicidio, entre los que se encuentra el trauma psicológico que deja una situación de violencia.

Los sindicatos echaron leña al fuego al denunciar bajos salarios, inadecuada capacitación, horarios inhumanos, aislamiento social y malas condiciones laborales.

Cánticos alarmantes: “Suicídate”

Pero los policías no se han quedado de brazos cruzados. La semana pasada salieron a la calle a protestar por el agotamiento que le ha causado redoblar turnos durante meses para mantener a raya las protestas de los Chalecos Amarillos, quienes los acusan de abusos y exceso de violencia.

Unos 27.000 funcionarios (de un total de 150.000) protestaron la semana pasada frente a la Bastilla por primera vez desde el 2001. "Estamos aquí para luchar por nuestras condiciones laborales y sobre todo para pagar tributo a nuestros colegas que se suicidaron", dijo Damian, un policía del servicio de transporte de París, a la prensa británica.

Los policías franceses insisten en que les ha hecho mella los operativos para contener a los chalecos amarillos. La efervescencia de las manifestaciones ha producido excesos en ambos bandos, pero el abuso de la fuerza policial ha desencadenado en el creciente desprecio de la ciudadanía y la apertura de 100 expedientes por las refriegas que han dejado a unos 2.500 heridos en 11 meses.

Los manifestantes expresan tal desdén por la institución policial que invitan a los efectivos a "suicidarse" con cánticos en plena calle o expresan en redes sociales frases como "un policía bueno es un policía muerto".

Las agresiones no se limitan a los insultos ni a los funcionarios policiales. Trabajadores de los servicios de emergencia de ambulancias, bomberos y policías enfrentan un escenario cada vez más hostil que promedian unos 110 ataques diarios en todo el país.

La semana pasada unos 30 protestantes atacaron con piedras a una unidad de bomberos que intentaban apagar un coche en llamas en una calle de París. Los bomberos se vieron obligados a replegarse, abandonando sus equipos, hasta regresar con protección policial para sofocar las llamas y garantizar la seguridad pública.

En lo que va de año se han registraron unos 23.000 asaltos contra las fuerzas de seguridad, lo que representa un aumento del 15 por ciento frente a las agresiones ocurridas en 2018.

Esa actitud violenta de un sector de la población ha afectado duramente la moral de los funcionarios. Algunos piensan que los insultos han llegado a un nivel inaceptable.

“El paroxismo del odio; un insulto a los muertos, a sus familias y a toda la institución", dijo la directiva sindicato policial Alliance según El Confidencial.

Pero el ministro del interior Christophe Castaner ha insistido en que la ola de suicidios "no está relacionada" con la actual convulsión social aunque admitió que no poseen una comprensión profunda de lo que pasa.

Castaner dijo que había creado una red de psicólogos que estarían disponibles las 24 horas pero en realidad no estuvo disponible sino hasta septiembre.

Jacob, desde su trinchera sindical, opina que el número de emergencia no eliminará los deseos suicidas de los funcionarios. Desea que los policías tengan acceso a servicios psicológicos independientes que aseguren discreción y confidencialidad.

Aunque el número de mujeres policías va en aumento, la mayoría sigue respondiendo a la figura del macho que no llora, que no sufre, que es duro. "Admitir que sientes dolor es admitir que tienes una debilidad”.Y eso sigue siendo un tabú entre nosotros", explicó Jacob.

Los agentes que confiesan sus problemas arriesgan perder su trabajo o su permiso de porte de armas. "Es un ciclo vicioso", dijo a la cadena de televisión francesa LCI un funcionario que sobrevivió un intento de suicido.

"Una noche llegas a casa, miras a tu alrededor y todo está vacío. Estaba cansado, tomé mi pistola y la puse dentro de mi boca", relató.

Pero las fotografías de su hija y el recuerdo de los cadáveres que había tenido que retirar del lugar del deceso lo detuvo y ahora puede contarlo.

Y como todo lo que tiene que ver con la idealización entre el héroe y el villano, la percepción de los franceses ante la policía fluctúa entre el amor y el odio según las circunstancias. Las muestras de admiración se disparan en total en las semanas posteriores a los ataques terroristas mientras que otros expresan su desprecio absoluto después de las manifestaciones civiles.

En 2019, los policías franceses han sentido ese desprecio. Y no son buenas nuevas para los funcionarios depresivos y agotados, especialmente cuando son madres y padres de familias de clase trabajadora que padecen las mismas carencias y enfrentan los mismos desafíos que el resto de los ciudadanos.