Ucrania insiste en que los ataques recientes son una demostración de que puede ganar la guerra

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Los ucranianos disparan hacia el territorio controlado por Rusia en la región de Donetsk, en el este de Ucrania, el martes 19 de julio de 2022. (Mauricio Lima/The New York Times)
Los ucranianos disparan hacia el territorio controlado por Rusia en la región de Donetsk, en el este de Ucrania, el martes 19 de julio de 2022. (Mauricio Lima/The New York Times)

KIEV, Ucrania — Hace apenas unas semanas, el Ejército ucraniano estaba siendo golpeado implacablemente en el este, al sufrir numerosas bajas a medida que cedía terreno al avance ruso. Parecía que el apoyo occidental se estaba debilitando en medio del escepticismo ante la posibilidad de que Ucrania pudiera ganar una guerra de desgaste o de que una afluencia de armas sofisticadas cambiaría el rumbo del conflicto.

A pesar de todo, el mensaje de los ucranianos al mundo no cambió: “Podemos ganar, nuestra estrategia está funcionando, aunque lentamente. Solo sigan enviándonos las armas”.

Nadie puede decir todavía si Ucrania vencerá al ejército ruso invasor que es más numeroso y cuenta con un armamento superior, o incluso cómo será la victoria. Y las súplicas por armas de Ucrania se han convertido en una cantinela tan constante que ahora algunos en Occidente las han ignorado, pues las tratan como un ruido de fondo poco realista.

Pero esta semana, mientras los militares ucranianos emplean nuevos sistemas de cohetes de largo alcance para destruir la infraestructura rusa, Ucrania está tratando otra vez de demostrarle al mundo que puede derrotar a los rusos. Y está señalando la evidencia.

Según los funcionarios, el ataque reciente en la ciudad de Nueva Kajovka, en el río Dniéper en el sur de Ucrania, en el que los sistemas de cohetes de artillería de alta movilidad (HIMARS por su sigla en inglés), suministrados por Occidente, golpearon un depósito de municiones ruso, y enviaron municiones brillantes volando en todas direcciones, algo así como un espectáculo letal de fuegos artificiales, es prueba de esto.

Hace varios días, una descarga de artillería ucraniana golpeó un puente clave en el río Dniéper que era un punto de cruce vital para los suministros rusos. Los analistas dicen que el ataque augura el comienzo de una contraofensiva en el sur con miras a recuperar Jersón, una ciudad importante.

El jueves, funcionarios ucranianos dijeron que sus fuerzas habían atacado más de 200 objetivos en el sur utilizando misiles de largo alcance y artillería.

Proyectiles de artillería pertenecientes a ucranianos en la región de Donetsk, en el este de Ucrania, el 22 de mayo de 2022. (Ivor Prickett/The New York Times)
Proyectiles de artillería pertenecientes a ucranianos en la región de Donetsk, en el este de Ucrania, el 22 de mayo de 2022. (Ivor Prickett/The New York Times)

“No hay dudas de que Rusia puede ser derrotada, y Ucrania ya ha demostrado cómo”, dijo el martes el ministro de Defensa de Ucrania, Oleksii Reznikov, en un discurso ante el Consejo Atlántico.

La primera dama ucraniana, Olena Zelenska, llevó el mensaje personalmente a Washington el miércoles, en lo que fue una rara aparición ante el Congreso de un primer cónyuge extranjero. Pidió más armas y dijo que Rusia estaba “destruyendo nuestro país”.

A pesar del renovado optimismo de los ucranianos, analistas militares y funcionarios occidentales dicen que es demasiado pronto para pronosticar un cambio en el futuro y que parece probable que aún quede un arduo trabajo por hacer. Advierten sobre el peligro de poner demasiadas esperanzas en armas particulares en medio del caos y la fluidez de un frente de batalla que serpentea cientos de kilómetros desde Járkov en el norte hasta Nicolaev en el sur.

“Ahora estamos logrando lo que no hemos logrado antes”, dijo Taras Chmut, director de un grupo no gubernamental que ayuda a los soldados ucranianos. “Pero no hubo progreso en el frente. No hay una panacea, ni una varita mágica, que conduzca a la victoria en el futuro”.

Aun así, esta semana, altos funcionarios de seguridad ucranianos en Kiev proyectaron optimismo.

“Cuanto más rápido sea el suministro de armas por parte de nuestros socios, más rápido terminaremos esta guerra”, dijo Oleksiy Danilov, jefe del consejo de seguridad nacional de Ucrania, quien aseguró que Ucrania no tiene intención de ceder territorio en un acuerdo negociado, como han sugerido algunos en Occidente. “Esto es solo una cuestión de quién le gana a quién”.

El miércoles, Ucrania recibió la confirmación de Estados Unidos respecto a su estrategia, cuando el Pentágono se comprometió a suministrar cuatro lanzacohetes HIMARS más y otras armas potentes, incluidos dos sistemas de defensa aérea tipo NASAMS para ayudar a Ucrania a protegerse contra los ataques con misiles. Y el secretario de Defensa, Lloyd Austin, ofreció una evaluación más optimista de las posibilidades de Ucrania.

“Nuestra asistencia está marcando una diferencia real sobre el terreno”, dijo Austin en una reunión de funcionarios de defensa occidentales. “Rusia cree que puede sobrevivir a Ucrania, y sobrevivir a nosotros. Pero ese es solo el último de una serie de errores de cálculo cometidos por Rusia”.

El principal oficial de inteligencia del Reino Unido, Richard Moore, jefe del MI6, también brindó una evaluación optimista, y sobre el ejército de Rusia dijo: “Creo que están a punto de perder fuerza”. Moore dijo que las fuerzas rusas “de alguna manera tendrán que hacer una pausa, y eso les dará a los ucranianos la oportunidad de contraatacar”.

Lejos del campo de batalla, Ucrania obtuvo un apoyo económico renovado de la Unión Europea, que propone que los miembros reduzcan su consumo de gas, por temor a que el presidente Vladimir Putin corte las exportaciones de gas de Rusia hacia estos. El jueves, Rusia reanudó el flujo de gas a través de un gasoducto vital hacia Alemania, aliviando los temores de escasez, al menos por el momento.

Hace un mes, parecía que Rusia tenía una ventaja significativa. Los soldados ucranianos lucharon y finalmente perdieron en feroces y sangrientas batallas callejeras y duelos de artillería por las ciudades de Severodonetsk y Lisichansk en el este de Ucrania. Algunos funcionarios occidentales cuestionaron la sabiduría de esa estrategia de tierra arrasada y dijeron que Ucrania no podría ganar una guerra de desgaste.

Incluso el presidente Volodímir Zelenski, en una rara reflexión hecha en público sobre la estrategia, reconoció el alto costo en vidas que significa tratar de mantener el terreno frente al embate del ejército ruso en las comunidades destruidas y en su mayoría desiertas, a las que llamó “ciudades muertas”, al decir que de 60 a 100 soldados ucranianos morían cada día. Otros funcionarios ucranianos dijeron que esa cifra era mucho mayor.

Los comandantes ucranianos dijeron que prolongar la fase de combate urbano infligió más bajas a los rusos que a los ucranianos. Reznikov, el ministro de defensa de Ucrania, dijo que entre 9000 y 11.000 soldados rusos murieron en dichos combates, lo que, según dijo, justificaba las tácticas ucranianas. (Su afirmación no pudo ser verificada por otros medios).

La intensidad del combate ha disminuido en el Donbás desde que cayó Severodonetsk y los ucranianos se retiraron de Lisichansk, lo que sugiere que los rusos estaban haciendo una pausa para reposicionarse o que sus capacidades se habían degradado significativamente. La atención se ha desplazado hacia el sur y al oeste, en el área cercana al río Dniéper, donde Ucrania ha utilizado artillería de largo alcance suministrada por países occidentales, incluido Estados Unidos, para atacar objetivos más lejanos detrás de las líneas del frente.

A medida que intensifica los ataques en el sur, Ucrania se enfrenta a otro dilema estratégico: cómo debe utilizar sus nuevas capacidades letales. ¿Concentrar la potencia de fuego para defenderse en el este o avanzar con un ataque hacia la ciudad sureña ocupada de Jersón, que está en manos de los rusos, pero se considera vulnerable?

“La estrategia es una cuestión de opciones, y las opciones vienen con concesiones”, dijo Michael Kofman, director de estudios rusos en CNA, un instituto de investigación en Arlington, Virginia.

Los funcionarios occidentales entienden el deseo de Ucrania por recuperar territorio y lograr una victoria que dé esperanza a su pueblo. Pero algunos funcionarios occidentales temen que su ejército no esté listo para una gran contraofensiva en la región cercana a Jersón.

Ante esto, Ucrania responde que ha evitado maniobras precipitadas o arriesgadas con el nuevo armamento y que no se moverá prematuramente.

“Entendemos que ahora no tenemos suficientes recursos para emprender una estrategia activa”, dijo Oleksandr Kyrylenko, subjefe de personal de las fuerzas armadas de Ucrania. “Estamos trabajando con nuestros socios. Cuando tengamos suficiente, decidiremos sobre acciones futuras”.

Derrotar al ejército ruso sigue estando al alcance de Kiev en este momento, pero no indefinidamente, ya que el apoyo occidental depende de que Ucrania pueda dar señales de la posibilidad de liberar las áreas ocupadas, dijo Evelyn Farkas, directora del Instituto McCain y exsubsecretaria adjunta de defensa para Rusia, Ucrania y Eurasia.

“Para ellos no es suficiente contener a los rusos”, dijo Farkas. “Si los ucranianos no pueden mostrar algún éxito en el campo de batalla, y cuanto más dramático sea este mejor, el apoyo de Estados Unidos y Europa al esfuerzo bélico se debilitará”.

© 2022 The New York Times Company

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