Tyson Fury cierra una de las trilogías más impactantes de la historia

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Una de las tres caídas que Tyson Fury le provocó a Deontay Wilder por el Campeonato Mundial de los pesados del CMB, en Las Vegas.
ROBYN BECK

Fue un peleón. Dramático. Emotivo. Cargado de tensión abajo y arriba del ring. Una prueba fehaciente de que la categoría madre goza de un nuevo resurgir; el testimonio fiel de que, en el boxeo, la inteligencia complementa a la técnica. El gigante Tyson Fury lo hizo de nuevo: derrotó por segunda vez al estadounidense Deontay Wilder, por KO en el 11er round, y retuvo el cetro de los pesados del Consejo Mundial de Boxeo, en el T-Mobile Arena de Las Vegas. De esta manera cerró la trilogía ante The Bronze Bomber con dos triunfos y un empate.

Bajo la atenta mirada de los ex basquetbolistas Magic Johnson y Shaquille O´Neal, el ex campeón pesado Lennox Lewis y el legendario promotor Bop Arum entre los 20.000 espectadores que llenaron el estadio, Wilder y Fury ofrecieron un atractivo combate y repitieron todo lo bueno de los dos que protagonizaron en 2018 y 2020. Lejos de las especulaciones y de aquella máxima que apela al aburrimiento de las repeticiones de grandes duelos, campeón y retador se entregaron a un furibundo intercambio de golpes durante los 12 rounds y cumplieron con todas las expectativas.

Compacto de Fury vs. Wilder III

A los 33 años, el gitano Fury dibujó un rendimiento casi perfecto: sacó sus golpes fuertes, obró con un jab constante que se sentía más como un martillo que como una barrera para poner distancia y cortó constantemente a Wilder para reducir el recorrido de sus impactos y, por tanto, disminuir la fuerza de éstos. Poco le importó haber atravesado la Covid-19 hace menos de un mes y estar 21 meses sin pelear. Su prestancia fue impecable para un Wilder que no logró vengar la derrota de febrero de 2020 en el mismo escenario.

Los intercambios de golpes en los primeros dos rounds predijeron un combate vertiginoso y espectacular. Rápidamente desplegaron en el ring la rivalidad engendrada. Y Wilder comenzó a sacar ventajas con sus potentes envíos de mano derecha al cuerpo. Incómodo y algo falto de distancia en las primeras vueltas, Fury tuvo que apelar a su potencia. Cuando el pleito le era desfavorable, en la tercera vuelta, logró filtrar con mucha justeza una derecha al rostro de Wilder y mandarlo a la lona. A duras penas, muy sentido, el retador se levantó y consiguió llegar al final de la vuelta.

A partir de entonces el enfrentamiento sumó intensidad y dramatismo. Wilder, herido en su orgullo, salió a la cuarta etapa dispuesto a revertir la mala imagen del round anterior y con un potente derechazo derribó a Fury, que, visiblemente conmovido, guapeó de pie hasta el campanazo. Sin embargo, poco le importó al británico esa caída. Rápidamente se convirtió en dueño absoluto de las acciones y ganó con cierta claridad los rounds 5, 6, 7 y 8, en los que derribó dos veces al norteamericano.

Superado física y psicológicamente, Wilder aguantó hasta cuando pudo las potentes manos del nacido Wythenshawe, Reino Unido. Cada segundo de los períodos 9 y 10 pasó a ser un sufrimiento para el estadunidense, castigado a placer por Fury, que sacó rédito del mayor alcance de brazos y los 20 kilos de diferencia. Hasta que en el 11er round llegó el desenlace: dos voleadas a la cabeza de Wilder sentenciaron el tercer episodio de una las mejores trilogías de la historia del boxeo mundial.

Con este triunfo, el gitano Fury estiró su inmaculado registro a 31 triunfos, de los cuales 25 fueron por nocaut, y un empate. En tanto, Wilder, de 35 años, quedó con 42 éxitos, 41 KO, dos derrotas y una igualdad. “Fue una gran pelea, digna de cualquier trilogía en la historia del deporte. No voy a poner ninguna excusa, Wilder es un luchador duro. Yo siempre dije que yo era el mejor del mundo y que él era el segundo”, sostuvo el inglés, aún sobre el tapiz del T-Mobile Arena. Pues entre ambos, al cabo de los tres cara a cara hubo nada menos que nueve desplomes, a una media de tres por encuentro.

Simpático y maleducado a la vez, preparado para declamar las barbaridades de peor gusto y conmover a los fanáticos narrando las vivencias miserables de su vida, el gitano Fury es el nuevo héroe del boxeo británico. Los días de depresión y sobrepeso que lo agobiaron son hoy cosa del pasado. Haber completado la tríada contra Wilder con dos victorias y una paridad lo pone al tope de los mejores pesados del presente y le abre la posibilidad de un choque unificatorio, el próximo año, con el ucraniano Oleksandr Usyk, que hace semanas derrotó a Antony Joshua y se convirtió en campeón pesado de AMB, OMB y FIB.

“Me encantaría tener todos los cinturones. Si Usyk está dispuesto podemos hacer un gran combate”, añadió Fury. Sin embargo, eso dependerá de la voluntad del inglés Joshua de postergar su revancha con el ucranio. De lo contrario, The Gypsy King deberá apuntar a los cubanos Luis Ortiz y Frank Sánchez, los británicos Joe Joyce y Dillan White o el mexicano Andy Ruiz. Todos, boxeadores encumbrados que jerarquizan una categoría que durante mucho tiempo sufrió la hegemonía somnolienta de Wladimir Klitschko. El mismo con quien Fury inició su derrotero mundialista, en 2015.

VÍDEO | La caridad de Tyson Fury

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