'Cristal', la telenovela que hizo que los españoles se olvidaran de la siesta

“Mi vida eres tú y solamente tú...”. Así comenzaba el estribillo de la canción que amenizaba las sobremesas de los españoles en el año 1990. Era la entrada de Cristal, la telenovela venezolana que llegó sin hacer mucho ruido desde el otro lado del charco y terminó convirtiéndose en todo un fenómeno televisivo en España. Se lo ganó a pulso, sin estreno con lentejuelas, ni promoción de ningún tipo. Le valió con un guión cargado de sentimientos de la reconocida escritora cubana Delia Fiallo para llegar a alcanzar picos de audiencia de hasta 18 millones de personas en nuestro país.

Cristal paralizó el tráfico en las grandes ciudades durante su último capítulo, las consultas de los médicos se vaciaron, se modificaron los horarios en el congreso de los diputados (según informó la periodista Teresa Viejo en su programa Tal como somos en 2009) y hasta la entonces reina de España, doña Sofía, se declaró una confesa seguidora. Lo nunca visto hasta entonces en la pantalla chica. De eso hace ya la friolera de 30 años, pero parece que fue ayer.

Carlos Mata y Jeannette Rodríguez en la telenovela Cristal (RCTV)

Gran parte de culpa de este bombazo televisivo la tuvieron ellos, Luis Alfredo y Cristina, o mejor dicho, sus protagonistas, Carlos Mata y Jeannette Rodríguez. Muchacha pobre se enamora de un tipo rico que la ve como un pasatiempo y termina perdidamente enamorado de ella. El hilo de la historia era sencillo y fue precisamente esa sencillez lo que enganchó hasta límites insospechados. Tal fue el impacto en los telespectadores que la novela cambió de canal y horario enseguida. Aunque inicialmente se pasaba a las 11 de la mañana por La 2 de Televisión Española, acabó haciéndose reina y señora de la hora de la siesta en la primera donde la esperaban, como mínimo, 8 millones de televisores encendidos cada día. Porque esa es otra, la siesta en nuestro país pasó a la historia, al menos durante los casi 240 capítulos que se alargaron durante nueve meses.

El amor imposible entre sus protagonistas nos tenía en vilo. Ahora sí, ahora no. Era un sin vivir y el tema de conversación entre vecinos y amigos. De la misma forma que ahora uno espera como agua de mayo la llegada de una nueva temporada de La casa de papel, antes lo hacíamos con Cristal, pero con mucha más ansiedad pues teníamos que esperar 24 horas para volver a ver el siguiente episodio. No existía la posibilidad de dar a un botón del mando que nos llevase de inmediato al próximo capítulo y darnos el atracón en un día. Ese era uno de los encantos, la intriga de no saber si Luis Alfredo finalmente se enteraría de que Cristina estaba embarazada o de si ésta se decidiría a darle una segunda oportunidad a su galán. Contábamos las horas para esa cita diaria.

Los ‘mi amor’ y los ‘te amo’ se pusieron de moda en nuestro país, mucho más tosco y reticente a la hora de expresar los sentimientos, qué le vamos a hacer. El romanticismo de los culebrones (término que no inventamos nosotros sino que viene de lejos) nos tocó la fibra sensible, aunque algunos no lo reconozcan. Porque todo hay que decirlo, había quienes los tachaban de cursis y empalagosos, en muchos casos más de puertas para fuera que otra cosa pues los desorbitantes datos de audiencia incluían tanto a hombres como a mujeres.

Pero, ojo, el amor de pareja no era la única temática que nos impulsaba a verla, también abordaba situaciones de la vida real y muy adelantadas a su tiempo que conectaban directamente con el espectador. Fue una de las primeras telenovelas en incluir a un personaje homosexual, el de Piero, al que dio vida con una gracia y picardía sin iguales el actor Lino Ferrer. Otro de sus personajes, Inocencia, interpretada por la talentosa venezolana Mariela Alcála, hacía frente al cáncer de mama a una muy temprana edad. La manera de tratar unos temas tan revolucionarios, casi tabú, cuando se grabó (plena década de los 80) fue otro de los puntos fuertes de la serie.

El éxito fue tal que de la noche a la mañana sus actores principales se convirtieron en verdaderas estrellas en nuestro país. Bueno, y en el mundo. Un encantador Carlos Mata reconoció que paseando por Nueva York los turistas israelíes se bajaban de los autobuses para pedirle autógrafos (People). Y en España ni te cuento. Un día le llamaron a las 3 de la madrugada a su natal Caracas desde Madrid para hacerle una entrevista. La locura se había desatado y todo el mundo quería conocer a ‘Luis Alfredo’. Así comenzó nuestro romance particular con el primer actor venezolano que llegó para quedarse a vivir unos cuantos años con nosotros y deleitarnos, no solo con su faceta de actor sino también de cantante. Logró discos de oro y platino a tropel, hizo giras de conciertos multitudinarias donde no llovía, diluviaba la ropa interior, y se metió en el bolsillo a la audiencia como presentador de varios programas de entrevistas y entretenimiento. Su tirón fue tal que le veíamos en todos lados (y nosotros encantados). Radio, televisión, prensa, nada se le resistía, hasta tal punto que llegó a convertirse en el personaje público de mayor interés en España, después del Papa Juan Pablo II.

Casi tres décadas después volvemos a hacernos la misma pregunta, ¿por qué ese revolú? ¿Cómo es posible que Cristal se retransmitiese en casi todos los idiomas y en más 200 países con un éxito sin precedentes? Delia Fiallo, la responsable de esa fábrica de sueños, tiene la respuesta: los sentimientos no pasan de moda. “El secreto del éxito del género fue que las emociones son universales. Las mismas desde el primer hombre de las cavernas al último hombre del futuro”, dijo sabiamente en una entrevista al diario El País hace dos años.

Desafortunadamente, a día de hoy las cosas han cambiado mucho y el género que nos puso el corazón a mil ya no es lo que era. La cubana de 96 años, una de las plumas más exquisitas de Latinoamérica y cuyas series siguen reponiéndose y teniendo adaptaciones, va un paso más y asegura que más que cambiar, la telenovela ha muerto como género (AFP).

Sin quitar mérito a títulos contemporáneos de gran éxito como Sin senos sí hay paraíso o La reina del Sur, o las nuevas series turcas con Can Yaman a la cabeza, hay que reconocer que el amor, los valores de la familia y el romanticismo han pasado a un segundo plano. Ahora lo que vende es la temática narco y sus chanchullos, el físico espectacular de sus protagonistas, las relaciones fugaces y, si es posible, con sangre y muerte como ingredientes estrella en el libreto. Los tiempos cambian y hay que adaptarse a ellos, así es la vida, pero como dice la gran Delia, es importante recordar que el origen de estas nuevas historias de tecnología punta y presupuestos millonarios está en la telenovela tradicional, esa que traspasó las barreras de los idiomas, las costumbres y la cultura. A mí, llamadme antigua, pero me quedo con la de toda la vida.

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