Tulum y los destinos “liberados” que eligen los DJ argentinos en tiempos de pandemia

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Tulum, uno de los oasis de fiestas electrónicas al que emigran DJ argentinos.
Foto: gentileza de Facundo Mohrr

“Mi plan es seguir el ritmo de los lugares ‘liberados’. Fui a Tulum porque ahí tenía trabajo, había eventos. Ahora me instalé en Estados Unidos porque Miami está abierto y Nueva York va a abrir al 100 por ciento en julio. Y la realidad es que si en agosto Europa abre, voy a ir para allá”. Así resume su presente profesional Facundo Mohrr, un DJ referente de la escena nacional de música electrónica, en diálogo vía Zoom con LA NACION.

El suyo no es un caso aislado. Las cuarentenas tuvieron un impacto profundo en la industria del entretenimiento y perjudicaron especialmente a los sectores vinculados con eventos multitudinarios. Frente a esa parálisis, artistas y organizadores del circuito decidieron emigrar. Tulum, Miami y -más recientemente- otras ciudades de Estados Unidos, como Nueva York, son sus principales destinos, debido a la relajación de las restricciones sanitarias en estos destinos.

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Tulum hoy en día es un mundo aparte. Estuvo cuatro o cinco meses totalmente lleno. La temporada alta es en enero, pero desde diciembre hasta principios de mayo, no bajó nunca”, afirma Mohrr, quien viajó a México a mediados de marzo y se instaló ahí durante un mes, combinando participaciones en eventos locales con otros viajes breves a Estados Unidos.

Ya había tenido la oportunidad de visitar Tulum en noviembre de 2020, cuando dio su primera presentación en vivo desde el parate global, en una fiesta a orillas del mar que reunió a 500 personas. “No sabía con qué me iba a encontrar. La gente estaba desesperada. Por momentos siento que es el doble de lo que era antes, en euforia, en querer volver a vivir esa comunión de fiesta”, recuerda.

Ese, como algunos otros eventos importantes, exigía en el ingreso un PCR negativo, testeo que los organizadores proveían en la ciudad. Para otros solo es necesario el barbijo, pese a que la gran mayoría de los asistentes se lo quita después de superar los controles. También existe un circuito que funciona por debajo del radar, “sin protocolo, sin barbijo y sin PCR, en casas, centros menos turísticos y en la selva”, afirma Mohrr, quien agrega que esas fiestas secret location operan dentro de un gris legal, pero que son toleradas por las autoridades, debido al fuerte vínculo entre la música electrónica y la actividad turística.

Al cabo de su estadía en la península de Yucatán, el DJ se mudó primero a Miami y luego a Nueva York, donde se encuentra ahora. Según cuenta, recientemente Miami “se liberó por completo”, y aclara: “No exigen nada para ingresar. Casi todo el mundo está vacunado, así que tienen otra tranquilidad”. La vacunación masiva es una de las medidas gubernamentales que sus pares en Argentina esperan para que la actividad vuelva a ser lo que era antes.

Tal fue el caso de Victoria Engel, DJ residente de Crobar y uno de los nombres principales del género techno en la Argentina, cuya situación económica y ritmo de vida cambiaron drásticamente desde la llegada del Covid-19. “Tenía fechas de jueves a domingo, viajaba por todo el país, dos veces por año a Europa, Asia, y pasé a estar en Buenos Aires un año y medio, cobrando nada”, resume Engel. El regreso de las prohibiciones de las actividades culturales en la Argentina y la incertidumbre sobre la situación en Europa la llevaron a tomar la decisión de trasladarse a Tulum, donde planea permanecer hasta septiembre.

Fue de golpe. Compré el pasaje un viernes y volé el martes siguiente. Me preocupaba que restringieran los vuelos para salir”, relata Victoria desde esa ciudad, a la que llegó a principios de mes. El apuro con que partió le impidió planificar shows con anticipación, pese a lo cual ya consiguió su primera fecha. Este miércoles se presentará ante unas 150 personas en un parador frente a la playa. El contexto, según confiesa, supone para ella un nuevo desafío: “Acá predomina el progressive house. Entonces, para mí, introducirme en esta escena no es tan fácil. Tocar techno a 135 [pulsos por minuto] en la playa no tiene sentido, no pega. Tampoco un mood más industrial que asociás con el frío y los espacios cerrados. Así que voy a tener que adaptarme, pero dentro de mi estilo”.

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Durante la estadía de Mohrr, la situación sanitaria en Yucatán estaba contenida y las actividades operaban con “semáforo verde”, pero Engel no tuvo la misma suerte. “Ahora estamos en semáforo naranja y todo el tiempo amagan con poner el rojo”, explica, aunque aclara que por ahora “todo sigue abierto” y que ve como poco probable un nuevo confinamiento estricto. Sin embargo, otros colegas suyos creen que el envión de Tulum ya pasó y contemplan destinos alternativos. “Nim” Bravo, un reconocido DJ y productor de la escena porteña, pensaba desembarcar allá el mes pasado, pero ahora prefiere esperar a que se defina la reapertura europea.

La situación en Argentina: pesimismo y crecimiento de la clandestinidad

Respecto de la situación en Argentina, Nim descree de una mejora inmediata: “Me imagino que va a ser un invierno como el anterior: cero laburo, viviendo como de vacaciones, quemando ahorros. La verdad es que te mata estar en tu casa sin hacer nada” Previo a la pandemia, conducía Rio y The Bow, dos ciclos de cabecera del circuito vip de Costanera. Con la flexibilización de las medidas sanitarias a fines del año pasado, pudo relanzar el primero, pero no el segundo, debido a que las condiciones de los protocolos impedían que fuera rentable hacerlo. También organizó otras fiestas al aire libre durante el verano. La sumatoria de esas experiencias le dejó la sensación de que la ecuación entre esfuerzo e inversión contra resultados no rindió, especialmente dado el elevado riesgo de que los eventos fueran clausurados, aún cumpliendo los protocolos entonces vigentes.

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A la par de que esos obstáculos trabaron el reinicio de la actividad “en blanco”, se expandió el universo ilegal. “En el último tiempo habían aparecido un millón de fiestas clandestinas. Creo que en un punto la gente se fue animando y se dio cuenta de que no pasaba nada”, cuenta Bravo, y explica las razones de ese circuito paralelo: “Para un productor es más seguro hacer una fiesta totalmente ilegal en el medio del campo, a la que la policía ni va, porque no te encuentran, que tratar de hacer un evento por derecha, donde se te suma el quilombo de armar las burbujas sociales, mantener la distancia, contratar más personal para aplicar el protocolo, para que encima caiga la policía a buscarle el pelo al huevo. Al mismo tiempo, yo veía que un montón de gente del ambiente hacía terribles fiestas en el medio de la nada… ¡y no pasaba nada! Ganaban plata y el público estaba agradecido”.

Si bien cree que el frío probablemente reduzca el número de fiestas de ese tipo, Nim piensa que se seguirán desarrollando en ámbitos cerrados. “La gente no deja de salir. Seguramente se junten entre amigos en casas o departamentos. Y es mucho más probable que se contagien ahí que en un evento con protocolo y al aire libre”, advierte. Lo mismo opina Sergio Carpanelli, un empresario del rubro: “La gente tiene unas ganas de fiesta que no puede más y creo que eso se va a seguir potenciando. Acumularon, a la vez, el encierro y todo lo que implica la situación económica del país. Ya le perdieron el miedo al virus, sobre todo los más jóvenes. En paralelo, Carpanelli entiende que el Estado no tiene estructura para controlar la gran cantidad de fiestas clandestinas. “Buenos Aires es una ciudad muy intensa, con mucha fiesta y necesidad de salida. Al principio, la gente se guardaba porque estaba asustada. Entonces, no tantos se animaban a meterse en algo clandestino. Pero ahora eso ya cambió”.

Para Engel, ese fenómeno supone un peligro adicional: que el rol del DJ comience a ser prescindible. “Entiendo que algún colega pueda necesitar el dinero y vaya a tocar a un lugar así, pero creo que los que organizan esas fiestas se está cag… en todos. Porque además de que el virus existe y es algo que hay que tratar de manejar de la mejor manera, también fomentan que haya cada vez más fiestas donde ponen un set de YouTube, por eso ya no hay más DJ. Y se ponen a bailar 80 personas en una casa. Todo ese público nos está sacando del juego”.

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