Tucumán: la pelea de Juan Manzur con su vicegobernador calienta el inicio del año electoral

Gustavo Ybarra
·4  min de lectura
Osvaldo Jaldo y Juan Manzur, ayer en Tucumán
Osvaldo Jaldo y Juan Manzur, ayer en Tucumán

Un oficialismo trenzado en una feroz pelea interna entre el gobernador y su vice, y una oposición atravesada por fuertes tensiones que amenazan con hacer volar por los aires su unidad son los protagonistas del apasionante panorama que presenta la provincia de Tucumán de cara a las estratégicas elecciones legislativas de medio término de este año.

Los acontecimientos están en pleno desarrollo y, por el momento, todas las miradas están puestas en el ruidoso divorcio público entre el gobernador, Juan Manzur, y su vice, Osvaldo Jaldo.

La disputa entre los caciques peronistas tiene como telón de fondo las pretensiones de Manzur de buscar su re-reelección y la decidida acción de Jaldo por bloquearle al mandatario provincial la posibilidad de aspirar a un tercer mandato.

La guerra es abierta. El vicegobernador mostró sus cartas con la designación de un dirigente propio como Defensor del Pueblo, demostrándole a Manzur que controla la Legislatura provincial y que si él no quiere no hay mayoría para reformar la Constitución.

Manzur respondió el golpe y pasó al contraataque. Primero, designó a una dirigente propia como apoderada del partido. Después, impuso su mayoría para nombrar al presidente de congreso del PJ de Tucumán.

Los ecos de la puja llegaron a Buenos Aires. Sabedor de que Cristina Kirchner detesta a Manzur, Jaldo se reunió con el senador Oscar Parrilli en un intento por conseguir el respaldo de la vicepresidenta. La Casa Rosada, en tanto, intentó terciar a favor del gobernador pidiendo unidad de cara a las elecciones de este año.

Todo indica que, al final, imperará la racionalidad y que, al menos en este turno, el PJ llegará unido a la elección detrás de la figura del diputado nacional Pablo Yedlin, hombre de Manzur que encabezaría la nómina de senadores nacionales.

Radicales en tensión

A pesar de que la situación económica y los errores en la gestión de la pandemia amenazan esmerilar las chances del oficialismo, la situación tampoco es un vergel en la oposición. Si bien la UCR, el Pro y la Coalición Cívica buscan mostrar signos de unidad con el rearmado de una mesa provincial de Juntos por el Cambio, los coqueteos de algunos dirigentes con Fuerza Republicana han puesto a la coalición ante una fuerte tensión que podría terminar por fracturarla.

Es que para un sector del radicalismo la figura de Ricardo Bussi, hijo del exgobernador de la dictadura militar y en democracia Antonio Domingo Bussi, es un trago imposible de digerir.

El legislador tucumano Ricardo Bussi asegura que nunca tuvo coronavirus y acusó a las autoridades sanitarias de haber falseado un resultado para perjudicarlo políticamente
Prensa legislador Ricardo Bussi


Ricardo Bussi, hijo del dictador y exgobernador tucumano, impulsa un frente opositor con un sector de Juntos por el Cambio (Prensa legislador Ricardo Bussi/)

Pero fue precisamente un radical, el intendente de Yerba Buena, Mariano Campero, el que impulsó la alianza con Bussi para ampliar el frente opositor. La jugada no sólo generó el rechazo de los principales referentes nacionales de Juntos por el Cambio, que le dieron la espalda a la jugada del alcalde, sino que empujó al otro intendente radical de peso en la provincia, Roberto Sánchez, de la ciudad de Concepción, a entablar contactos con Germán Alfaro.

Alfaro es el jefe comunal de San Miguel de Tucumán, la capital y otro de los protagonistas de esta historia. Peronista, se fue del partido enfrentado con José Alperovich, llegó a la intendencia de San Miguel en 2015 de la mano de Cambiemos. Aquella sociedad duró dos años, hasta que se peleó con el radical José Cano. Ahora, lidera el Partido por la Justicia Social (PJS), desde donde mantiene un permanente coqueteo, tanto público como privado, con Manzur.

Alfaro comparte espacio con su esposa, la diputada Beatriz Ávila, que ingresó a la Cámara baja en las listas de cambiemos en 2017. Sin embargo, con el regreso del kirchnerismo al poder, en 2019, la legisladora abandonó el escorado barco macrista y comenzó a colaborar con la sanción de las iniciativas impulsadas por el oficialismo.

Las luces de alarma se encendieron en el tablero radical cuando en febrero último Ávila y Alfaro se reunieron con Patricia Bullrich. En su intento por ampliar el frente opositor en la provincia, la presidenta de Pro parece haberse olvidado que, cuando la legisladora abandonó Juntos por el Cambio, la acusó de haber elegido “las prebendas de Fernández” y le pidió que devolviera la banca.

Por el momento, la UCR apuesta a liderar las listas legislativas con Cano y la senadora Silvia Elías de Pérez, quienes podrían protagonizar un enroque y cambiar de cámara a partir de diciembre.

En el centenario partido ven con desconfianza al PJS. Consideran que podría jugar como una suerte de caballo de Troya que colaboraría a restarle una banca a la oposición en el Senado. “¿Cuánto puede durar Ávila como oposición en el Senado de Cristina?”, es la pregunta retórica que se hacen en el frente opositor, quienes creen ver la mano de Manzur detrás del partido liderado por el intendente de la capital provincial.