Trump: La culpa en Virginia la tienen “ambas partes”

Por JONATHAN LEMIRE y JULIE PACE
El presidente Donald Trump saca una tarjeta de su traje para leer una cita que pronunció el sábado con relación a los hechos de violencia ocurridos en Charlottesville, Virginia, mientras habla con los medios de comunicación en el vestíbulo de la Torre Trump, el martes 15 de agosto de 2017. (AP Foto/Pablo Martinez Monsivais)

NUEVA YORK (AP) — El presidente Donald Trump se mostró combativo el martes e insistió en que “ambas partes tienen culpa” de la violencia letal del fin de semana en Charlottesville, Virginia, con lo que de nuevo pareció equiparar las acciones de los grupos nacionalistas blancos con las de quienes protestan contra ellos.

Los comentarios del mandatario anularon la declaración más convencional que pronunció en la Casa Blanca la víspera, cuando dijo que los miembros del Ku Klux Klan, los neonazis y los nacionalistas blancos que participan en hechos de violencia son “criminales y matones”.

Los asesores de Trump esperaban que dichas afirmaciones apaciguaran una ola de críticas tanto de republicanos como de demócratas. Sin embargo, las réplicas del presidente del martes dejan entrever que su participación en el esfuerzo por acallar dichas críticas fue a regañadientes.

Durante una conferencia de prensa improvisada en el vestíbulo de su rascacielos en Manhattan, Trump elogió la respuesta original que dio ante lo sucedido en Charlottesville, y culpó tanto a los grupos liberales como a los nacionalistas blancos por la violencia. Algunos de los que protestaron contra el mitin que pretendía salvar una estatua del general confederado Robert E. Lee “también fueron muy violentos”, afirmó.

“Cada historia tiene dos versiones”, dijo, e indicó que aún se desconocen algunos hechos de lo que ocurrió el sábado.

David Duke, ex líder del KKK, recibió con beneplácito los comentarios del mandatario, y tuiteó: “Gracias presidente Trump por su honestidad y valor para decir la verdad”.

La forma en que Trump ha abordado la violencia del fin de semana ha generado nuevas y preocupantes interrogantes, inclusive entre sus partidarios, sobre por qué en ocasiones se le dificulta condenar con firmeza y en forma inequívoca a los grupos nacionalistas blancos. Los integrantes de su propio Partido Republicano lo han presionado para que sea más enérgico a la hora de criticar a los grupos segregacionistas, y cuatro líderes empresariales y uno sindical renunciaron a su panel de asesores de la Casa Blanca sobre asuntos laborales en respuesta a sus comentarios.

Los demócratas estaban horrorizados ante los comentarios de Trump del martes. El senador Tim Kaine dijo en Twitter que la violencia de Charlottesville “fue azuzada por un bando: los supremacistas blancos que difunden el racismo, la intolerancia y la intimidación. Esos son los hechos”. Por su parte, el senador Brian Schatz dijo en Twitter que ya no considera a Trump como su presidente.

“Como judío, como estadounidense, como ser humano, no hay palabras para expresar mi disgusto y decepción”, afirmó Schatz. “Este no es mi presidente”.

La violencia estalló el sábado en Charlottesville, una pintoresca ciudad de intensa vida universitaria, después de que una mezcla de nacionalistas blancos, neonazis y otros extremistas de derecha se reunieron para protestar por la decisión de las autoridades municipales de retirar una enorme estatua del general confederado Robert E. Lee. Un hombre arrolló con su automóvil una multitud de personas que se oponían al mitin de los extremistas blancos y ello provocó la muerte de Heather Heyer, de 32 años.

Trump pareció defender tanto el derecho de los extremistas a protestar _al hacer notar que tenían un permiso_ como las estatuas en honor de los confederados. Y mencionó que, al igual que Lee y otros generales, algunos presidentes estadounidenses de gran prestigio fueron propietarios de esclavos.

“Esta semana es Robert E. Lee”, afirmó. “Me percaté que la de Stonewall Jackson también será retirada. Me pregunto, ¿será la de George Washington la próxima semana y la de Thomas Jefferson la que sigue de esa? ¿No habría realmente que preguntarse cuándo acabará esto?”.

Mientras Trump hablaba, sus asesores ubicados en los costados del vestíbulo permanecían de pie en silencio. El secretario general de la Casa Blanca, John Kelly, se cruzó de brazos y miraba fijamente a sus zapatos, casi sin ver al mandatario. La secretaria de prensa Sarah Huckabee Sanders desplazaba la mirada alrededor de la sala en un intento por ver a los ojos a otros altos asesores. Una joven del personal permanecía boquiabierta.

Cuando se le pidió que explicara sus comentarios del sábado acerca de lo ocurrido en Charlottesville, Trump examinó sus notas y volvió a leer una sección de su declaración inicial en la que condenó la intolerancia pero sin hablar específicamente de los nacionalistas blancos. Luego volvió a guardar el papel en el bolsillo de su saco.

El mandatario, que rápidamente ha considerado como actos de terrorismo otros incidentes letales en Estados Unidos y en muchas partes del mundo, no logró definir su posición cuando se le preguntó si el ataque del automóvil contra la multitud fue un atentado terrorista.

“Hay una pregunta. ¿Es homicidio? ¿Es terrorismo?”, respondió el presidente. “Y luego uno entra en la semántica jurídica. El conductor del automóvil es un asesino y lo que hizo fue algo horrible, horrible, imperdonable”.

Trump dijo que aún no le llama a la madre de Heyer, pero que pronto la “contactará”. La elogió por lo que dijo fue una declaración agradable acerca de él en las redes sociales.

Cuando el mandatario se alejó de su atril, se detuvo para responder una pregunta más que le gritaron: ¿Planea visitar Charlottesville? La respuesta del presidente fue para hacer notar que tiene propiedades allí y que la urbe cuenta con uno de los viñedos más grandes en Estados Unidos.

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Los periodistas de la AP Darlene Superville y Richard Lardner contribuyeron a este despacho. Pace reportó desde Washington.