Trump fue el presidente “más difícil” de ser informado en asuntos de inteligencia, revela un libro de la CIA

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Donald Trump y la llamada comunidad de inteligencia estadounidense no tuvieron precisamente una relación tersa y, según el nuevo capítulo de un libro publicado por la CIA, informarle de los asuntos clave de seguridad nacional fue más difícil en el caso de Trump que en el de cualquier otro presidente salvo Richard Nixon y ello llegó a ser una “lucha”.

Informar al presidente de Estados Unidos de asuntos fundamentales de inteligencia y seguridad nacional es una de las actividades clave para la conducción del gobierno estadounidense en varios de los más punzantes asuntos. Por ello, cuando termina una administración y comienza otra, las agencias de inteligencia realizan sesiones informativas tanto para los candidatos presidenciales como para los presidentes electos y, una vez asumido el poder, para los presidentes que comienzan su mandato.

Donald Trump en la Oficina Oval de la Casa Blanca en enero de 2019. (Getty Images)
Donald Trump en la Oficina Oval de la Casa Blanca en enero de 2019. (Getty Images)

En este último caso, al tratarse ya de mandatarios, los temas de mayor grado de clasificación pueden ser abordados, lo que continúa sucediendo a lo largo de su periodo en el poder.

Eso ha sucedido desde 1952, cuando el entonces presidente Harry Truman estableció el proceso de información (briefing) en la transición presidencial (ese año fue electo Dwight Eisenhower) y detalles al respecto han sido incluidos en el libro ‘Getting to Know the President', del exagente de inteligencia John L. Henderson, que desde 1996 la CIA publica periódicamente con actualizaciones sobre las sucesivas administraciones presidenciales.

Henderson señaló que “para la comunidad de inteligencia, la transición de Trump fue de lejos la más difícil en su experiencia histórica de informar a nuevos presidentes” y señaló que el único caso en que se presentó una dificultad tan severa fue el caso de Nixon.

“La única (e imperfecta) analogía fue la transición de Nixon”, dijo Henderson. Nixon fue electo presidente en 1968 y asumió en enero de 1969.

Una diferencia de peso entre Nixon y Trump es que mientras el primero desconfiaba de la comunidad de inteligencia (es decir, las agencias del gobierno y sus funcionarios y burócratas que realizan labores de inteligencia en materia de seguridad nacional y política exterior) y optó simplemente por dejar de interactuar con ellas para recibir la información vía un intermediario, indicó Henderson, Trump sí interactuó con esas agencias pero también las criticó públicamente.

“Trump fue como Nixon, sospechoso e inseguro del proceso de inteligencia, pero diferente a Nixon en la manera como él reaccionó”, escribió el citado autor. Un ejemplo punzante de ello fue cuando, en una conferencia conjunta en Helsinki, en 2018, con el presidente ruso Vladimir Putin, Trump dijo que tenía “gran confianza en mi gente de inteligencia” pero luego añadió que, en el tema de la injerencia rusa en las elecciones de 2016, “Dan Coats [entonces director nacional de inteligencia] vino, y algunos otros, ellos dicen que piensan que fue Rusia. Yo tengo al presidente Putin. Él justamente dijo que no es Rusia. Yo diré esto: no veo ninguna razón para que lo hubiera sido”.

Así, Trump dio entonces a Putin, el líder de la potencia rival de Estados Unidos, más credibilidad que a sus propias agencias de inteligencia.

En su libro, Henderson señala que a diferencia de otros presidentes desde Truman, Trump “no sirvió en el ejército ni en ninguna rama del gobierno. Como resultado no tenía experiencia manejando información clasificada ni trabajando con militares y diplomáticos o con programas y operaciones de inteligencia”.

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En una foto de agosto de 2018, algunos de los altos funcionarios de seguridad e inteligencia del gobierno de Donald Trump: John Bolton, asesor de Seguridad Nacional; Dan Coats, director Nacional de Inteligencia; Christopher Wray, director del FBI; Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Interior; y Paul Nakasone, director de la Agencia de Seguridad Nacional. (Getty Images)
En una foto de agosto de 2018, algunos de los altos funcionarios de seguridad e inteligencia del gobierno de Donald Trump: John Bolton, asesor de Seguridad Nacional; Dan Coats, director Nacional de Inteligencia; Christopher Wray, director del FBI; Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Interior; y Paul Nakasone, director de la Agencia de Seguridad Nacional. (Getty Images)

Henderson añadió que aunque Trump había viajado al extranjero antes de asumir la presidencia, “con frecuencia no lee”. Durante su administración, se comentó en varias ocasiones que a diferencia de otros presidentes Trump no estudiaba los expedientes que le presentaban las agencias de inteligencia, sino que delegaba esa tarea en otros y prefería que se le presentaran los elementos centrales de modo verbal.

“Como Nixon, [Trump] dudaba de la competencia de los profesionales de inteligencia y sentía que no necesitaba apoyo regular de inteligencia. Trump declaró que tenía la intención de sacudir la rama ejecutiva, criticó públicamente a los directores salientes de Inteligencia Nacional y de la CIA y menospreció el trabajo sustantivo y la integridad de las agencias de inteligencia”, dijo Henderson.

Henderson planteó que desde el principio esas agencias tuvieron claro que iban a tener un periodo difícil con Trump. Eso se reveló, al parecer, en el trabajo cotidiano y también en los continuos cambios que Trump hizo de funcionarios clave de seguridad nacional e inteligencia, a fin de colocar a individuos incondicionales. Eso llegó a un punto máximo cuando justo un caso de caótico y negligente manejo de asuntos diplomáticos y de seguridad nacional (el escándalo de la presión a Ucrania para que espiara al entonces aspirante presidencial demócrata Joe Biden) condujo a su primer proceso de destitución.

Como conclusión, Henderson escribió que “mirando atrás a la transición de Trump, uno puede concluir que la comunidad de inteligencia tuvo solo éxito limitado en lo que siempre han sido dos objetivos fundamentales del proceso de información: asistir al presidente electo en adquirir familiaridad con los desarrollos y amenazas en el extranjero que afectan los intereses de Estados Unidos y que tendrá que manejar cuando asuma el poder, y establecer una relación con el nuevo presidente y su equipo en la que ellos entiendan cómo pueden recurrir a la comunidad de inteligencia para recibir ayuda en el desempeño de sus responsabilidades”.

“El sistema funcionó, pero tuvo que luchar”, finalizó Henderson.

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