Trump se despega del ataque al Congreso y acusa a los demócratas de continuar la "caza de brujas"

Rafael Mathus Ruiz
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WASHINGTON.- En el peor momento de su presidencia, acorralado, aislado, desterrado de las redes sociales y con medio país contando los minutos para que deje el poder, Donald Trump respondió como lo hizo siempre: contraatacó. Un día antes de que los demócratas lo lleven a un nuevo juicio político por incitar el ataque al Congreso, Trump los acusó de perpetrar una "caza de brujas", y se deslindó de cualquier responsabilidad por el asalto de trumpistas al Capitolio al afirmar que el discurso que desató el pandemonio fue "totalmente apropiado".

"Si lees mi discurso, ha sido analizado y la gente pensó que lo que dije fue totalmente apropiado", se desmarcó el magnate, al hablar con la prensa en la base aérea Andrews, antes de subir al avión presidencial para viajar a la frontera con México en Texas y defender la construcción del muro. Unos minutos antes, al salir de la Casa Blanca, y mostrarse en público por primera vez desde el ataque al Congreso, que dejó cinco muertos, incluido un policía, Trump acusó a los demócratas de causar "tremenda ira" con el nuevo impeachment en una breve declaración a los periodistas.

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"Sobre el juicio político, es realmente una continuación de la mayor caza de brujas en la historia de la política. Es ridículo. Es absolutamente ridículo. Este juicio político está causando tremenda ira", dijo Trump. No tomó preguntas.

Desafiante, fiel como nunca a su estilo Trump dijo unas horas después en un discurso en Texas que la enmienda de la Constitución por la cual el vicepresidente, Mike Pence, y su gabinete pueden destituirlo antes de que termine su mandato no era un riesgo para él, pero podía serlo para su sucesor, Joe Biden. En el mismo mensaje mechó un pedido por "paz y calma" en el país que él mismo inflamó.

Desterrado de las redes, las declaraciones de Trump a los periodistas y su discurso fueron sus primeras reacciones a la última ofensiva para sacarlo cuanto antes del poder, aun cuando restan apenas ocho días para que termine su presidencia. Los demócratas lo acusaron de haber incitado una insurrección con su discurso el pasado 6 de enero en el que arengó a sus seguidores a "pelear como el demonio" para "salvar la democracia", y en el que reiteró sus infundadas acusaciones de que hubo un fraude masivo en la elección presidencial en la que se impuso Joe Biden.

"Estamos reunidos en el corazón del Capitolio de nuestra nación por una razón muy, muy básica y simple, salvar nuestra democracia", había dicho Trump en su discurso ante miles de seguidores la semana anterior en el Mall de Washington. El acto de campaña terminó con un brutal e inédito asalto al Congreso que conmocionó al mundo, y sobrepasó por completo el operativo de seguridad montado por las fuerzas federales.

"Y luchamos. Luchamos como el infierno y si no luchan como el infierno, ya no tendrán un país", afirmó Trump. La frase quedó plasmada en la acusación formal del juicio político de los demócratas.

Los demócratas se han mostrado unidos, firmes y decididos a elevar la presión para poner punto final a la presidencia de Trump lo antes posible. Pero la novedad ahora es que el juicio político también parece encontrar eco en el Partido Republicano, donde algunos lo ven como un escenario atractivo para empezar a pensar en un futuro sin Trump, y en el que tendrán que encontrar la manera de recuperar no solo la presidencia, sino la mayoría en ambas cámaras del Congreso.

La primera señal surgió del círculo del senador Mitch McConnell, el líder republicano de la Cámara alta, quien ha dicho a sus asociados que cree que Trump cometió delitos que pueden justifica un juicio político y que le complace que los demócratas se estén moviendo para acusarlo, ya que será más fácil expulsarlo del partido, según personas familiarizadas con su pensamiento, indicó el periódico The New York Times. La Cámara votará el miércoles para acusar formalmente a Trump de incitar a la violencia contra el país.

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Un eventual guiño de McConnell puede abrir la puerta para que suficientes senadores republicanos decidan descalificar a Trump para que pueda ejercer cargos públicos futuros, un desenlace que efectivamente proscribiría al magnate de participar en la política de Estados Unidos. La movida podría generar incluso una fractura del Partido Republicano si es que el trumpismo decide en los hechos abrirse, y Trump transforma su movimiento en un nuevo partido político.

La segunda señal la aportó el líder republicano de la Cámara baja, Kevin McCarthy, quien ha tenido conversaciones con otros congresistas acerca de si debe pedirle a Trump que renuncie por el cataclismo que generó el asalto al Capitolio. McCarthy ha sido uno de los aliados más acérrimos de Trump durante toda su presidencia.

En ese clima espeso y volátil, Washington ya comenzó a prepararse para la jura de Biden. La ciudad ha quedado literalmente sitiada. La Casa Blanca, el Congreso y la Corte Suprema están fuertemente valladas, y el Mall -que suele quedar inundado de gente para las juras de los presidentes- ha quedado aislado, con las calles que lo cortan de sur a norte bloqueadas por patrulleros de la policía.