El bochornoso (y ofensivo) error de Trump que dejó estupefactos a los líderes de los países bálticos

Donald Trump tuvo, al menos en un singular momento, muy confundidas sus nociones de historia y geografía.

Definitivamente tiene una visión geopolítica diferente a la de anteriores presidentes estadounidenses y tiende a echar culpas a diestra y siniestra, pasando por encima de aliados y tolerando extrañamente a rivales y enemigos históricos, lo que ha creado intensa controversia y generado tensiones. Pero su ignorancia o confusión sobre la geografía europea hizo corto circuito por unos singulares momentos en un caso que es a la vez ofensivo y bochornoso.

Como narró la revista Newsweek, hace algunos meses Trump confundió a los Balcanes con los Países Bálticos y acusó en la misma Casa Blanca a los líderes de los segundos de las guerras y atrocidades sufridas en los primeros.

El presidente de EEUU, Donald Trump, con las mandatarias de Estonia, Kersti Kaljulaid, y Lituania, Dalia Grybauskaite, en abril pasado en la Casa Blanca. (Getty Images)

Esa confusión, que causó un bochorno diplomático, fue revelada por el periódico francés Le Monde: se dice que Trump, en presencia de los líderes de Lituania, Estonia y Letonia –los Países Bálticos, situados justamente en la costa oriental del Mar Báltico– confundió a esas naciones con las que están ubicadas en la región de los Balcanes, en el suroriente de Europa, y les reprochó las guerras que en la década de 1990 desintegraron Yugoslavia en medio de un cruento conflicto.

Los países sucesores de lo que fue Yugoslavia son, en realidad, Serbia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Eslovenia, Macedonia y Montenegro. Por añadidura, para sumar a la confusión de Trump, Newsweek recuerda que su esposa Melania es originaria, justamente, de Eslovenia. Quizá por ello tuvo entonces tan en la mente al área de los Balcanes aunque, por otro lado, se ha argumentado fuertemente que aunque fue parte de Yugoslavia, Eslovenia no sería realmente un país balcánico pues, antes de integrarse a Yugoslavia fue una de las posesiones de la dinastía Habsburgo y parte del Imperio Austro-Húngaro, entidad que se derrumbó hace un siglo tras la Primera Guerra Mundial.

Por otro lado, países que nunca fueron parte de Yugoslavia, como Bulgaria, Albania o Rumania, también son considerados parte de la región de los Balcanes.

No se ha explicado cómo Trump confundió países bastante distantes entre sí y con contextos históricos muy distintos, pero al parecer su exabrupto causó bochorno diplomático, pues el presidente estadounidense no solo se equivocó de área geográfica sino que le habría echado en cara a unos el rudo pasado de otros.

Todas esas naciones son respetables, pero la diferencias entre los Países Bálticos y los de los Balcanes van en la actualidad más allá de la geografía y las divisiones históricas: Estonia, Lituania y Letonia fueron parte de la Unión Soviética y aunque independientes desde la década de 1990 han mantenido desde entonces tensas relaciones con Rusia y ven con inquietud, por ejemplo, el expansionismo de Vladimir Putin en Crimea. Es por ello que en buena medida buscan en Estados Unidos entendimiento y sostén para compensar las ambiciones de Moscú, un apoyo y una comprensión que, al menos por un instante, quizá quedó en el aire cuando escucharon que Trump les recriminaba por la desintegración de Yugoslavia.

¿Nadie le explicó a Trump antes de esa reunión las peculiaridades de los países con cuyos líderes se estaba reuniendo, o quizá el presidente tuvo un mero lapsus que lo llevó brevemente hasta los Balcanes? Es difícil saberlo pero la anécdota se suma a otras que pintan los desencuentros y equívocos que Trump ha protagonizado con líderes europeos, incluso con aliados tan cercanos como Francia, Alemania y Gran Bretaña, y dejan abiertas grandes interrogantes.

Y cabe decir que la difusión de ese equívoco por Le Monde se da en el contexto de las diferencias que Trump ha tenido con el presidente francés Emanuel Macron, a quien el mandatario estadounidense recientemente le reprochó en Twitter desde las altas tarifas que Francia le impone a importaciones de vino de Estados Unidos y las bajas que se aplican en viceversa, hasta la baja popularidad del presidente francés y, tras criticar la idea de un ejército europeo para contener a Estados Unidos, China y Rusia, aprovechó para arengar a que se “haga a Francia grande otra vez”.

Todos pueden tener un error y, a la par, el dicho popular dice que no es lo mismo la gimnasia que la magnesia. Pero cuando se trata de reuniones de muy alto nivel internacional, confusiones como la citada de Trump resultan, al menos, sorprendentes e inquietantes.

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