Trump abre otro frente con una pelea por las denuncias de acoso

LA NACION

WASHINGTON.- Donald Trump abrió otro frente de batalla con un nuevo enemigo. ¿El blanco? La senadora demócrata por Nueva York Kirsten Gillibrand, potencial rival en las elecciones presidenciales de 2020, quien le exigió su renuncia por las denuncias de acoso sexual en su contra.

Trump atacó a Gillibrand -que ocupa la banca que dejó Hillary Clinton- en un furioso mensaje en Twitter abundante en insinuaciones. Tal como hizo con otros rivales, le puso un apodo. Esta vez, pugilístico: "Peso Ligero".

"La senadora Peso Ligero Kirsten Gillibrand, una lacaya total para Chuck Schumer [el líder demócrata en el Senado] y alguien que vendría a mi oficina «mendigando» por contribuciones de campaña no hace mucho tiempo (y haría cualquier cosa por ellas), ahora está en el cuadrilátero luchando contra Trump. ¡Muy desleal a Bill [Clinton] y Corrupta [Hillary Clinton]! ¡Usada!", publicó el presidente ayer, a las 8.03 (hora local).

Los diarios y los programas matutinos de televisión habían dado cuenta ya de las acusaciones de acoso contra Trump que hicieron públicas anteayer, otra vez, Samantha Holvey, Jessica Leeds y Rachel Crooks, tres de las 19 mujeres que denunciaron al mandatario.

Gillibrand se convirtió en una abanderada del movimiento #MeToo. Fue la primera senadora demócrata en pedir la renuncia de su colega Al Franken. Otros legisladores siguieron luego sus pasos, y Franken, bajo presión de su bancada y acorralado por las denuncias, terminó dando un paso al costado. Después, Gillibrand pidió la renuncia de Trump, y el presidente contraatacó.

El mensaje de Trump desató una ola de repudio de críticos y demócratas, que se enfocaron, sobre todo, en la sugerencia del presidente de que Gillibrand "haría cualquier cosa" por dinero. La propia Gillibrand le respondió al presidente. Primero, en Twitter, y luego, en una conferencia de prensa en el Capitolio.

"Usted no puede silenciarme ni a mí ni a los millones de mujeres que han salido para hablar sobre la incapacidad y la vergüenza que ha traído al Salón Oval", escribió Gillibrand.

La senadora dijo luego que el comentario de Trump era una "calumnia sexista" destinada a callarla. La crítica fue replicada por otros. Nancy Pelosi, líder demócrata en la Cámara baja, dijo que el comentario era "vergonzoso y repugnante", y Schumer lo tildó de "desagradable e indigno" de la presidencia.

"Debería tuitear menos y comenzar a liderar", agregó Schumer.

La vocera presidencial, Sarah Sanders, negó todas las acusaciones, le dijo a una periodista que sólo alguien que tiene la mente sucia puede pensar que el tuit de Trump tuvo alguna connotación sexual y dijo que el magnate se refería a que el sistema político del país "está arreglado" y es corrupto.