El caso tras el que España decidió sumarse a la suspensión de la vacuna

Miguel Artime
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Detienen temporalmente la vacunación contra el covid con AstraZeneca en 16 países de la UE. (Imagen creative commons, crédito: Fliickr Marco Verch).
Detienen temporalmente la vacunación contra el covid con AstraZeneca en 16 países de la UE. (Imagen creative commons, crédito: Fliickr Marco Verch).

¿Recordáis cuando hace cosa de un mes escribí sobre las numerosas controversias que rodeaban a la vacuna de AstraZeneca? Pues desde entonces la cosa no ha dejado de empeorar y como sabéis, desde ayer España, en una maniobra conjunta con Alemania, Francia e Italia - ha paralizado temporalmente la campaña de vacunación con esta fórmula debido a un supuesto aumento en la detección de casos de una variedad muy concreta y rara de trombosis (que se da al mismo tiempo que una bajada en los niveles de plaquetas) entre los vacunados con los viales de Oxford.

La preocupación es evidente y comprensible, porque como dejé claro en aquel artículo, la vacuna es innegablemente efectiva. En estos momentos no podemos permitirnos el lujo de detener o ralentizar las campañas de vacunación. Si queremos darle un giro radical a la pandemia a finales del próximo verano, los viales de Oxford /AstraZeneca son tan necesarios como el respirar.

Mi compañero Javier ya hizo un llamamiento a la calma en su artículo del pasado viernes, en el que dejó claro que los casos de trombosis entre personas no vacunadas vistos en Dinamarca y otros países, era incluso mayor al observado entre los inmunizados con los viales de AstraZeneca. Nada que temer entonces, los beneficios dela vacunación eran infinitamente superiores a los “posibles e improbables” incidentes de accidente vascular por coagulación que pudieran darse (accidentes que por otra parte se dan con cierta regularidad al margen de las pandemias). 

Pero entonces llegaron los nuevos casos del fin de semana y la decisión de la EMA de paralizar la campaña en 16 países. La reacción en el Reino Unido no se ha hecho esperar. Allí la animosidad hacia la UE se ha acrecentado a raíz del Brexit, por lo que no es de extrañar que casi toda la prensa británica haya salido hoy en trompa defendiendo los viales de “su vacuna”. La prensa afín a los torys es especialmente crítica, desde los tabloides más sensacionalistas al siempre influyente y serio "The Times”. Este último, recoge hoy las impresiones del científico Peter Openshaw, profesor en el Imperial College de Londres, quien cree (como todos sus colegas) que “está muy claro que los beneficios de vacunarse en este momento superan largamente a la posible preocupación sobre esta rara variedad de coágulos sanguíneos”.

¿Genuino interés por la ciencia o un nuevo caso de nacionalismo de las vacunas? Para responder a esta y otras cuestiones es razonable que la EMA haya decidido estudiar los casos en profundidad durante un par de semanas, mientras paraliza temporalmente la campaña. No pasa nada, un poco de prudencia extra siempre es bienvenida.

Por desgracia estoy convencido de que el incidente aumentará el run-run de alarma entre la población más suspicaz (ahora cualquiera es experto en protocolos de certificación de seguridad en vacunas). La desconfianza de cierto sector de la sociedad se basa seguramente en el acortamiento en los plazos que las farmacéuticas han exhibido en la creación de vacunas contra el covid. Es cierto, la emergencia causada por la pandemia ha acelerado los plazos hasta el punto de que en menos de un año ya teníamos vacunas listas para su inoculación, pero esto se ha debido también a los enormes avances tecnológicos que el mundo de la ciencia ha visto en las décadas recientes.

Que la ciencia se haya dado prisa no implica que hayan bajado la guardia. No os engañéis, antes del covid un ensayo en fase III de una vacuna (contra el polio por ejemplo) involucraba a algo menos de 10.000 voluntarios. Con las vacunas del covid las cifras crecieron hasta 30 o 40.000 voluntarios. ¡No cabe duda de que son seguras!

Pero claro, cuando se vacuna a un número tan elevado de personas en un período tan corto de tiempo, y se realizan tantas tareas de control de seguridad y seguimiento en tantísima gente, es inevitable que surjan acontecimientos adversos (como esta trombosis específica, cuya incidencia es en torno a 1 o 1,3 casos por cada 100.000 personas/año) que en realidad pueden aparecer sin relación alguna con la vacuna. Simplemente, los médicos están ahora más “ojo a vizor” ante cualquier reacción que se salga de lo habitual.

La ciencia se basa no obstante en la perpetua duda y comprobación de los datos. Tal y como comentó hoy mismo la directora de la Agencia Europea del Medicamento (EMA), la irlandesa Emer Cooke, hasta el 10 de marzo los casos notificados de episodios tromboembólicos en la UE entre personas que habían recibido la vacuna de AstraZeneca (por aquel entonces 5 millones), fueron de solo 30. Estas cifras estarían dentro de lo esperado.

¿Por qué han parado entonces? Porque como decía, la ciencia no descarta nunca ninguna hipótesis, y las cifras de incidencia del antes referido tipo de trombosis (que es muy específico y muy proco frecuente en la población general) vistas el pasado fin de semana han llamado la atención. Entre ellos se encontraba un caso detectado el sábado en nuestro país, además de otros 3 en Noruega y 4 más en Alemania.

¿Podemos dar rienda suelta entonces al alarmismo? En absoluto, de hecho conviene poner en su contexto estas cifras. Hablamos de 11 casos detectados en toda la UE, entre personas inmunizadas con la vacuna de AstraZeneca, un grupo que en estos momentos engloba a 17 millones de personas.

Volviendo sobre la trombosis en los senos venosos del cerebro, conviene recordar que además de ser muy rara (apenas supone el 0,5% del total de incidentes tromboembólicos) en España cuenta con una tasa de recuperación del 80%, muy por encima de lo visto en otras enfermedades cerebrovasculares. De hecho, lo poco que sabemos del caso detectado en nuestro país es que se está recuperando bien.

No obstante debemos confiar en el trabajo de nuestros técnicos, y darles un tiempo prudencial para estudiar todas las posibilidades. La idea ahora es investigar si la relación causa-efecto existe. Si este es el caso, cabría preguntarse si estamos ante un raro efecto secundario que no se detectó en los ensayos realizados por Oxford/AstraZeneca, o si por el contrario nos enfrentamos a un defecto indeseable asociado a algunos lotes concretos o a ciertas plantas de fabricación.

Con suerte, finalmente se determinará que merece la pena asumir el riesgo (salvo claro está, en personas que tengan historial de accidentes tromboembólicos) y se continúe vacunando a la población con los viales de AstraZeneca. No tendremos que esperar demasiado, ya que la EMA pretende publicar sus conclusiones finales este próximo jueves, pero visto lo visto, parece que AstraZeneca sigue estando en el ojo de la controversia, muy a su pesar.

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