Un triunfo demócrata en Georgia es eclipsado por la violencia de derecha en Washington

Astead W. Herndon and Rick Rojas
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LaTosha Brown, una fundadora del movimiento Black Voters Matter, sale del autobús de la agrupación "The Blackest Bus in America", cerca de una casilla electoral en College Park, Georgia, el martes 5 de enero de 2021. (Audra Melton/The New York Times)
LaTosha Brown, una fundadora del movimiento Black Voters Matter, sale del autobús de la agrupación "The Blackest Bus in America", cerca de una casilla electoral en College Park, Georgia, el martes 5 de enero de 2021. (Audra Melton/The New York Times)
Partidarios del presidente Donald Trump asaltan el Capitolio en Washington, el miércoles 6 de enero de 2021. (Jason Andrew/The New York Times)
Partidarios del presidente Donald Trump asaltan el Capitolio en Washington, el miércoles 6 de enero de 2021. (Jason Andrew/The New York Times)

ATLANTA — Los demócratas recuperaron el control del Senado el miércoles tras ganar las dos segundas vueltas de las elecciones en Georgia, un rechazo electoral contra el presidente Donald Trump que le dará al gobierno demócrata entrante mayor libertad en cuanto a políticas públicas incluso cuando esta victoria se vio opacada momentáneamente por una turba violenta que asaltó el Capitolio de Estados Unidos en nombre del mandatario derrocado.

Las elecciones del reverendo Raphael Warnock y de Jon Ossoff fueron un triunfo político para el Partido Demócrata en un estado que lo ha obstaculizado durante décadas. Los sucesos simultáneos también fueron un epítome estremecedor de la política de progreso y reclamo que ha definido el gobierno de Trump y el país cambiante que juró servir.

El mismo día en que Georgia eligió a Ossoff, un director de documentales de 33 años, y a Warnock, un pastor de 51 años que se convertirá en el primer senador negro del estado, una multitud compuesta casi en su totalidad por partidarios blancos de Trump, algunos con banderas confederadas en la mano, llegó a Washington para desafiar la realidad política.

La propia cuenta de Twitter de Warnock demostró la rapidez con la que cambió el estado de ánimo entre los demócratas. A la 1:55 p. m. hora del este, celebró su victoria, agradeció a los votantes de Georgia y dijo que se sentía “inmensamente agradecido”. Apenas dos horas después, estaba citando a otro pastor de la Iglesia Bautista Ebenezer —Martin Luther King Jr.— con un mensaje de unidad frente al odio y la intolerancia.

“La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: solo la luz puede hacerlo”, escribió Warnock. “El odio no puede expulsar el odio: solo el amor puede hacerlo”. Agregó, en sus propias palabras: “Intentemos todos ser una luz para expulsar la oscuridad de nuestro país en estos momentos”.

Las elecciones al Senado en Georgia, que se celebraron un día antes de la certificación de la victoria del presidente electo Joe Biden en la Cámara Alta, fueron parte de una segunda vuelta tras la votación general de noviembre. Warnock derrotó a la senadora Kelly Loeffler , que ocupó el cargo durante un año después de ser designada por el gobernador de Georgia, Brian Kemp. Ossoff derrotó a David Perdue, quien fue electo para el Senado hace seis años y estaba tan seguro de su posición electoral que se rehusó a sostener un debate con Ossoff el mes pasado.

En la noche del miércoles, con el conteo del 98 por ciento de los votos, Warnock superó a Loeffler por unos 68.000 votos, y Ossoff obtuvo la delantera por alrededor de 33.000 votos.

Georgia no ha enviado a un demócrata al Senado desde hace dos décadas, y el partido tuvo éxito este año al enfocarse en gran medida en el registro y la participación electoral, en particular en los condados suburbanos y en Atlanta y Savannah. Fue una estrategia ideada en parte por Stacey Abrams, la exlíder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes del estado de Georgia y candidata a la gobernación, que se ha enfocado en combatir la supresión del voto en el estado.

Warnock y Ossoff se ganaron el apoyo de un electorado multicultural, impulsado por votantes negros, y basado en años de labor organizada principalmente por mujeres negras en el estado. Además, el miércoles, Gabriel Sterling , un funcionario electoral republicano, declaró abiertamente lo que muchos miembros de su partido temían que sucediera: que Trump era el culpable de las pérdidas de su partido por haber sembrado desconfianza en el proceso electoral.

Las victorias demócratas, y sobre todo el ascenso al poder de Warnock, fueron otra muestra de que Biden les debe su victoria presidencial —y ahora la ampliación de su poder en el Senado— a los votantes negros que desde hace mucho han sido la columna vertebral del Partido Demócrata.

Como reconocimiento de cuán crucial había sido el apoyo del electorado negro para sus victorias en las elecciones primarias, Biden escogió a la senadora Kamala Harris como su compañera de fórmula. Ella es la primera mujer negra y de ascendencia surasiática en llegar a la vicepresidencia, un hito que se logró tras años de representación racial creciente en el Congreso y un extenso movimiento de Black Lives Matter que envolvió al país en el verano.

WLo que han hecho los votantes negros es derrocar el pensamiento convencional sobre cómo deben hacer campaña los demócratas en los estados del sur, antes confederados, y qué poblaciones pueden aunar esfuerzos para formar una coalición política victoriosa.

Solo han pasado unos 55 años desde la caída de Jim Crow en Georgia, la cual terminó con un sistema político y económico que privó de sus derechos a los residentes negros durante casi un siglo después de la guerra de Secesión. Para muchos residentes, los recuerdos de esa época siguen frescos, y esa historia, dicen, informa el enorme significado de la victoria de Warnock para el Senado.

El obispo Reginald T. Jackson, el prelado titular de la Iglesia Metodista Episcopal Africana en Georgia, dijo que se sentía muy entusiasmado de que los georgianos fueran a enviar a un hombre de color y a un hombre judío a representarlos en Washington.

“Recorrí todos los rincones de este estado”, relató Jackson, de 66 años, líder de la congregación negra más antigua del país. “Los votantes negros no podían esperar para ir a votar”.

Al mismo tiempo, una figura central del Estados Unidos de Trump ha sido la reacción negativa ante estas expresiones de poder político. Desde Charlottesville, Virginia, hasta los mítines de Trump, esta época se ha distinguido por las expresiones descaradas de intolerancia racial, una tasa cada vez mayor de crímenes de odio en contra de minorías raciales y religiosas, y una negativa por parte del presidente de denunciar con claridad a los grupos discriminatorios.

El miércoles en Georgia, donde los residentes negros de mayor edad recuerdan una democracia que de manera explícita no reconocía la humanidad negra, algunos votantes y líderes políticos vieron las imágenes de lo sucedido en Washington como algo familiar, no sorprendente. No preguntaron: “¿Qué le pasó a nuestro país?”, ni señalaron ejemplos internacionales de Estados fallidos, sino que recordaron la historia de sedición y supresión del voto en su estado.

Donald White , un votante de 53 años de Atlanta que se quedó despierto hasta las primeras horas de la madrugada para ver el anuncio de la victoria de Warnock, dijo que la fe y las experiencias de vida del senador lo hacían ideal para este momento.

“Es un hombre de Dios”, afirmó White. “Ha superado muchas vicisitudes”.

Jackson declaró que se sintió consternado al ver la violencia que tuvo lugar en Washington. Sin embargo, hizo lo que muchos estadounidenses negros hicieron antes que él: eligió concentrarse en la resiliencia de aquellos que habían sobrevivido a sucesos peores. Vio las escenas como el último aliento de un Estados Unidos obsoleto.

“Creo que es muy revelador, y creo que, a pesar de lo que se ve en televisión sobre esto, aún hay una parte de este país que se está unificando”, afirmó Jackson. “Ese es el grupo que responde a Trump”, agregó, en referencia a la turba en el Capitolio, “pero es una porción menguante del país”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company