De la triple alianza regional a China: quiénes están detrás de los apoyos a Daniel Ortega en Nicaragua

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Daniel Ortega, junto con Nicolás Maduro, el iraní Mohsen Rezai y Miguel Díaz-Canel
Daniel Ortega, junto con Nicolás Maduro, el iraní Mohsen Rezai y Miguel Díaz-Canel

CÚCUTA, Colombia.- Como los tres mosqueteros, pero en el lado oscuro. El eje revolucionario se volvió a reunir en Managua para respaldar a Daniel Ortega en su toma de posesión en Nicaragua, tras la parodia electoral de noviembre y la sangrienta caza y captura de opositores y activistas. El reparto de abrazos entre Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y el caudillo sandinista evidenció una vez más que la triple alianza se mantiene muy firme.

Los tres líderes presidieron un acto de extremo boato revolucionario, con la sola presencia a su nivel de Rosario Murillo. La mujer de Ortega ya funge como “copresidenta” del país centroamericano, decidida a perpetuarse en el poder y fortalecer la dinastía familiar al frente del país.

Ya en un segundo plano, ausencias y presencias evidenciaron cómo se reparte el tablero geoestratégico actual, marcado por el poder de los “bad guys”. Los autócratas “que están ganando”, como los bautizó Anne Applebaum, rodeados de unos cuantos amigos también en la lista negra internacional: desde un presidente vinculado con el narcotráfico (el hondureño Juan Orlando Hernández, abucheado por los seguidores de la presidenta electa Xiomara Castro) y dos exmandatarios huidos de la Justicia de su país (los salvadoreños Salvador Sánchez Cerén y Mauricio Funes) hasta la escandalosa presencia del vicepresidente económico iraní Mohsen Rezai, que era el comandante de la Guardia Revolucionaria cuando una bomba hizo explotar la AMIA, el 18 de julio de 1994, y es buscado por Interpol, que tiene vigente una circular roja en su contra por el homicidio de 85 personas.

Daniel Ortega, junto con su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, y Nicolás Maduro. (Photo by Venezuelan Presidency / AFP)
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Daniel Ortega, junto con su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, y Nicolás Maduro. (Photo by Venezuelan Presidency / AFP) (-/)

“Aquí están tres dictadores latinoamericanos que han destruido a sus países y secuestrado a sus naciones, en connivencia con Rezai, representante del régimen iraní, acusado de diversos actos terroristas. Quizá no tenemos idea de la gravedad y maldad que encierra esta foto”, protestó Juan Pablo Guanipa, vicepresidente del Parlamento democrático venezolano.

Las polémicas suscitadas en la Argentina y México con el envío de delegaciones se resolvieron finalmente con la sola presencia como aval de sus representantes diplomáticos en Managua. Eso sí, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, justificó horas antes en que “nosotros tenemos buena relaciones con todos y no queremos ser imprudentes”.

“Nosotros no podemos hacer a un lado nuestra política de autodeterminación de los pueblos y de independencia”, añadió.

México mantiene su apoyo a las tres revoluciones, incluso varios de sus dirigentes participan en el Grupo de Puebla, el principal blanqueador continental de los desmanes de las autocracias regionales.

El enviado de China

Destacado en segundo plano se mantuvo el enviado de la presidencia de China, Cao Jianming, quien funge como vicepresidente del Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular. Las relaciones entre China y Nicaragua viven una luna de miel de pocas semanas, luego de la ruptura de Ortega con Taiwán. El gobierno sandinista expropió la antigua legación diplomática que Taiwán había donado a la Iglesia Católica para entregársela a los diplomáticos chinos. El sandinismo espera que los acuerdos económicos con China hagan de contrapeso a las sanciones internacionales.

En esta ocasión Rusia se conformó con la presencia de sus diplomáticos, al igual que Corea del Norte y Turquía. Ni siquiera asistieron los extravagantes satélites de Moscú, como el canciller abjaso, invitado de honor en el aniversario de la revolución del año pasado.

Una de las sorpresas de la noche fue la presencia del hondureño Hernández, acompañado de varios de sus ministros, en las antípodas políticas pero socio político de Ortega. “Ha tenido el coraje de estar presente hoy aquí, porque se requiere coraje para estar presente aquí en Nicaragua”, la felicitó Ortega. Hernández pretende refugiarse en el Parlamento Centroamericano (Parlacen) cuando acabe su mandato al final de mes para evitar una posible extradición a Estados Unidos.

“Terrible, la máxima expresión de la impunidad. Creo que es precisamente lo que intenta [transmitir fortaleza y apoyo internacional], pero al final es lo contrario, Ortega se vio más desacreditado y solo que nunca, puro corrupto y asesino en el show”, censuró la dirigente opositora Alexa Zamora a LA NACION.

Las sanciones coordinadas entre Estados Unidos y la Unión Europea (UE) para dar la “bienvenida” al nuevo mandato de Ortega gravitaron durante toda la autojuramentación. “Y dónde están los derechos humanos y dónde están los europeos. Ellos mismos (incluido Estados Unidos) son los criminales, no han perdido su esencia colonialista y esclavista. Los pueblos perdieron el miedo y luchan y resisten con dignidad”, pontificó Ortega, iracundo ante las medidas de las democracias occidentales y con el mismo guión que lleva repitiendo desde los años 80.

Ortega exigió al presidente norteamericano, Joe Biden, que indemnice al pueblo nicaragüense, también que cese el bloqueo en contra de Cuba y Venezuela, “un bloqueo brutal y criminal donde los persiguen y encausan, hasta les inventan crímenes simplemente porque buscan cómo garantizar los alimentos de las familias venezolanas”.

En un intento inconexo de justificar cómo las cárceles de los tres países están llenas de presos políticos (842 en Cuba, 244 en Venezuela y 167 en Nicaragua), Ortega comparó estos casos con los supuestos “700 presos políticos” (seguidores de Donald Trump que asaltaron al Congreso) que habría en Estados Unidos. “Mucho se habla de los derechos humanos. [Nosotros] somos defensores de los derechos humanos”, concluyó con poca convicción.

“Borrón y cuenta nueva y vamos adelante, con dignidad y defendiendo la patria”, sentenció Ortega. Una petición imposible para la Nicaragua herida de hoy y para las democracias occidentales, que no aceptaron el acto ilegítimo del lunes.

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