Tributo a mamá

Un abrazo a las madres en su día
LA NACION

¡Jacky, pasame el destornillador...! Pero mamá... Ahora dale arranque. RRR ¡Viva! ¡Hurra!..

No te preocupes, debe ser apendicitis, en el hospital te lo sacarán en un periquete, no tengas miedo yo estaré a tu lado...

Si llama alguien, estoy regando la huerta...

¿Quién anda por ahí? A mí no me asustan... Fregando, barriendo, cantando, zurciendo, estudiando, cocinando, en la oficina, llorando, riendo; en las buenas y en las malas, diciendo “Presente”.

¡Vamos todos a la mesa, la comida está servida!

Se van al cine, estás hecha una Diosa.

¡Sos la mejor mamá del mundo! Ves aquella que está sonriendo, cantando y bailando..., sí la de pantalones negros, esa es mi mamá, la más linda y divertida de todas.

Son mundialistas; no hay buenas ni malas, todas son mamás. Con vocación de madres; en cualquier idioma, desde Oriente hasta Occidente, todas llevan el mismo espíritu materno, son madres.

Antes de lastimarlos a ellos, pasarán por sobre mi cadáver. Jamás me abrazaron igual, con tanto amor, calidez, ternura, solo tiene un nombre: “Mamá”.

Mi mamá, tu mamá, todas las mamás, moldeadas con el mismo molde, mismo sentimiento mamario.

Somos siete hijos, con papá ocho, todos la llamamos “Mamita”. Paladín, multifacética, multi inmediatez, multi consejo, multi sabiduría, multi mamá.

Por eso hay una sola y tiene su sello particular, irremplazable e inimitable. Afortunado de aquel, que de una forma u otra, lleva sus genes, gozándola en vida. Para el que no, le queda su retrato, que lo cubre todo. Cuando sea grande, quiero ser como “mamá”, decía mi hermanita. Tener sus dones, sus talentos. Me quiero llamar “mamá”.

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