Una tribu soberana condena la 'profanación' de la construcción del muro fronterizo

Simon Romero
Un manantial en Quitobaquito, una naciente natural de agua dulce, donde se han encontrado artefactos humanos que datan de hace 16.000 años, en el Monumento Nacional Organ Pipe Cactus, donde se está construyendo un muro a lo largo de la frontera entre Arizona y México cerca de Lukeville, Arizona, el 19 de febrero de 2020. (Adriana Zehbrauskas/The New York Times)

LUKEVILLE, Arizona — Si cortas un cactus saguaro en Arizona, puedes terminar en prisión por varios años. Pero durante las últimas semanas, equipos de trabajadores han estado destruyendo docenas de esos cactus protegidos, que pueden llegar a vivir 200 años, para construir un nuevo muro en la frontera suroeste.

Los restos de los saguaros troceados se pueden ver a lo largo de una franja del desierto de Sonora en el sur de Arizona, y forma parte de lo que los líderes nativos estadounidenses advierten como una serie de amenazas ambientales y arqueológicas causadas por los esfuerzos del gobierno de Trump para construir el muro.

De acuerdo con los líderes del pueblo tohono o’odham, quienes viven en ambos lados de la frontera, los trabajos en la zona están destruyendo cementerios antiguos y acabando con un acuífero que alimenta un oasis del desierto donde los humanos han saciado su sed desde hace 16.000 años.

La protesta de los ciudadanos de la tribu refleja la fase más reciente en la disputa por el muro fronterizo, luego de que los tribunales federales permitieron que el gobierno de Trump acelerara la construcción al prescindir de docenas de leyes, incluyendo medidas para proteger especies amenazadas y cementerios nativos estadounidenses. Los funcionarios federales se han valido de la declaración de emergencia nacional que realizó el presidente Donald Trump, diseñada para reducir la inmigración ilegal, como justificación de esas derogaciones.

Las explosiones con dinamita ahora retumban en las tierras que tienen el máximo nivel de protección permanente que puede asignar el Congreso, mientras los trabajadores ponen los cimientos del muro. Para mezclar el concreto, las cuadrillas están extrayendo agua de un manantial ubicado cerca del lugar donde se descubrieron antiguos fragmentos óseos el año pasado.

Los trabajos se están realizando en sectores dentro del Monumento Nacional Organ Pipe Cactus, establecido por decreto del presidente Franklin D. Roosevelt en 1937. El área ha sido designada por la UNESCO, la organización cultural de las Naciones Unidas, como una reserva de la biósfera protegida por la comunidad internacional.

“Para que quede claro, estamos sufriendo crímenes de lesa humanidad”, afirmó Verlon M. José, gobernador de los tohono o’odham en el norte de México y exvicepresidente de la tribu en el lado estadounidense de la frontera.

“Dime dónde están enterrados tus abuelos y déjame dinamitar sus tumbas”, dijo José, enfatizando cuán visceral es el tema de las explosiones para el pueblo o’odham. “Este muro ya nos está dejando una cicatriz en el corazón”.

La Patrulla Fronteriza, que está supervisando la construcción del muro dentro del monumento nacional, se está defendiendo de estas valoraciones. John Mennell, un portavoz de la Patrulla Fronteriza, rechazó las acusaciones de los líderes o’odham y afirmó que “no se han identificado sitios históricos, culturales o biológicos dentro del área del proyecto”.

En un comunicado, Mennell añadió que la agencia tiene “un historial de cumplimiento voluntario cuando es necesario minimizar los impactos” y que los trabajadores solo destruyeron cactus “que no estaban lo suficientemente sanos para ser reubicados”.

Este 26 de febrero, en una audiencia en el Congreso sobre estas actividades, el representante demócrata de Arizona Ruben Gallego comparó las explosiones en los lugares considerados sagrados para los nativos estadounidenses con el crimen de guerra de destruir sitios culturales sagrados durante conflictos internacionales.

También acusó a las autoridades federales de “hacer luz de gas” (una forma de control psicológico que tiene como propósito lograr que una persona ponga en duda su propia cordura), por haber alegado que los trabajos de construcción tenían la intención de preservar las tierras cerca de la frontera. El gobierno ha sugerido que la construcción del muro evitaría que los inmigrantes “pisoteen” el desierto tanto con vehículos como a pie.

La Casa Blanca y el Departamento de Seguridad Nacional no enviaron representantes a la audiencia. Ese mismo día, la Patrulla Fronteriza y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército invitaron a periodistas a presenciar una detonación controlada durante la construcción del muro fronterizo.

Las objeciones al muro fronterizo se están multiplicando gracias a los cerca de 28.000 miembros inscritos de la nación tohono o’odham. Muchos viven en la reserva de la tribu en Arizona, la cual está cerca de Organ Pipe, mientras que otros 2000 viven cerca en el norte de México.

Antes de la conquista estadounidense de Arizona en la década de 1840, la patria de los o’odham abarcaba Organ Pipe así como gran parte del sur de Arizona. La frontera dividió estas tierras, al principio como resultado de la guerra mexicano-estadounidense y luego debido a la Venta de La Mesilla en 1854.

En la actualidad, el tramo de la frontera donde los trabajadores están detonando rocas y construyendo el muro está creando una brecha en medio de este venerado tramo del desierto. Hace pocos días, ya era posible ver los restos arrancados de cactus stenocereus thurberi o “tubo de órgano”, la rara especie protegida que se asemeja a ese instrumento musical.

La Patrulla Fronteriza afirmó que los trabajadores han reubicado cientos de cactus dentro del parque, pero los líderes de la tribu y activistas ambientales han documentado múltiples ejemplos de cactus arrancados y abandonados a su suerte bajo el sol del desierto.

“Toda la profanación para construir este muro es un ataque muy personal hacia nosotros”, afirmó Amber Ortega, una estudiante o’odham de 33 años que vive cerca del monumento. “¿Para qué tenemos leyes si nadie va a rendir cuentas por estos abusos?”.

Para avanzar el proyecto del muro fronterizo, el gobierno de Trump ha usado una sección poco conocida de la Ley de Real ID, que permite que el Departamento de Seguridad Nacional derogue el cumplimento de leyes federales, a fin de agilizar la construcción de barreras a lo largo de la frontera.

Entre las leyes que no se están aplicando se encuentra la Ley de Especies Amenazadas. Laiken Jordahl, un exempleado del Servicio de Parques Nacionales que estudió la vida silvestre de Organ Pipe, afirmó que entre los animales en riesgo del parque está el murciélago magueyero menor y el berrendo de Sonora, una de las especies silvestres en mayor peligro de extinción en Estados Unidos.

“Este proyecto cambiará la historia evolutiva de este territorio, e impactará en las migraciones de las especies, la dispersión de semillas y el flujo del agua”, afirmó Jordahl, quien en la actualidad trabaja en el Centro para la Diversidad Biológica, una organización enfocada en salvar especies en peligro de extinción. “Es dolorosamente evidente que estamos destruyendo lo que se supone que iba a quedar protegido en este lugar”, afirmó.

Los esfuerzos para construir el muro contrastan con proyectos anteriores de infraestructura realizados en la frontera.

Durante la construcción de un sector del muro fronterizo en 2008, el gobierno de Bush transportó agua en camiones para la construcción, en vez de extraerla del acuífero que alimenta el manantial Quitobaquito.

Actualmente, los trabajadores en el lugar están bombeando agua del acuífero que yace bajo el Quitobaquito para mezclar cemento y regar los caminos de tierra alrededor de la construcción. De acuerdo con el Servicio de Parques Nacionales, eso podría poner en peligro no solo la existencia del manantial sino de las especies que habitan sus aguas como el “pupo de Quitobaquito” (Cyprinodon eremus) y la tortuga de pantano de Sonora.

Mennell, el portavoz de la Patrulla Fronteriza, afirmó que los funcionarios del parque han estado monitoreando el manantial para “identificar cualquier cambio significativo en los niveles del agua”. Afirmó que no se usaría nada de agua subterránea en un radio de 8 kilómetros de Quitobaquito.

“La gente estaría enfurecida si esto estuviera pasando en otro sitio”, dijo Vana Lewis, una maestra tohono o’odham de 35 años. “Esto encaja con el patrón de pisotear nuestros derechos en una tierra que nos arrebataron y que era nuestra desde tiempos inmemoriales”.

Los líderes o’odham han estado buscando desesperadamente maneras de obstaculizar el proyecto. Ned Norris Jr., presidente de la nación tohono o’odham, solicitó este mes que el Departamento de Defensa detuviera el desvío de alrededor de 3800 millones de dólares en fondos militares que el gobierno espera utilizar para pagar el muro.

Mientras las explosiones continúan, se está acumulando la indignación de algunos miembros del Congreso y sus electores por todo el país. Tammy Gitter, instructora de yoga en Los Ángeles, manejó hasta Organ Pipe para ser testigo de lo que ella denomina un evento catastrófico.

“No fui a Nueva York por el 11 de septiembre ni a Nueva Orleans por el huracán Katrina, así que sentí que tenía que venir aquí”, dijo Gitter, de 45 años.

“Esta tragedia está siendo perpetrada en nuestro nombre”, dijo Gitter, mientras las lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos al observar las aguas del Quitobaquito. “Todo esto simplemente me enfurece”.

This article originally appeared in The New York Times.

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