Depresión posparto y ‘baby blues’: la diferencia de los trastornos mentales asociados a la maternidad

  • Disculpa el inconveniente.
    Algo salió mal.
    Inténtalo de nuevo más tarde.
·Colaboradora
·7  min de lectura
En este artículo:
  • Disculpa el inconveniente.
    Algo salió mal.
    Inténtalo de nuevo más tarde.

El embarazo y parto son experiencias potentes de la vida sexual femenina, asociadas a una condición de vulnerabilidad, que al ser mal acompañadas o interferidas pueden devenir en trastornos mentales. 

El choque con la nueva realidad tras el parto, los miedos frente a la nueva responsabilidad que supone tornar madre o traer un nuevo hijo o hija al mundo, los antecedentes de los propios cuidados maternales recibidos durante la infancia, las experiencias traumáticas infantiles o recientes no tratadas o resueltas, el cansancio, el estrés, la falta de apoyo práctico y emocional, la soledad y sobrecarga de las madres recientes, las experiencias de partos traumáticos, la presión para satisfacer expectativas sociales ajenas a las funciones biológicas propias de la maternidad como por ejemplo separar al bebé de la madre o las exigencia de retorno precoz a las condiciones de productividad anterior al parto o nacimiento… son algunos de tantos factores presentes en la maternidad reciente que predisponen el desarrollo de problemas de salud mental.

(Getty Creative)
(Getty Creative)

Depresión posparto, trastornos de ansiedad, psicosis puerperal, son algunos de los problemas de salud mental que pueden desencadenarse durante el período perinatal (embarazo o parto ). No hay que olvidar que durante este período madre y bebé deben entenderse y tratarse como una díada que funciona en simbiosis. Nada que acontezca emocional, física, psicológica o espiritualmente a la madre resulta ajeno al bebé y viceversa. 

Los cuidados maternantes además de garantizar la sobrevivencia de las crías, son moduladores de su desarrollo físico, cerebral, emocional. Por tanto el bienestar del bebé pasa por el bienestar de la madre. Razón de más por la que debe vigilarse el estado mental de la madre para detectar tempranamente y desplegar oportunamente los recursos y cuidados necesarios ante los casos de trastornos durante el período perinatal.

El embarazo y parto conduce a cambios duraderos en la estructura del cerebro de la mujer

(Getty Creative)
(Getty Creative)

Los cambios del cerebro, el sistema endocrino y psicológico de la madre reciente vienen prederteminados por un patrón biológico que busca garantizar la sobrevivencia de los bebés muy vulnerables y dependientes. 

Las hormonas como la oxitocina y prolactina alcanzan un pico máximo en la vida de la mujer durante el parto y posparto como motor de arranque para facilitar el vínculo. Orquestan las modificaciones del cerebro y del cuerpo de la madre en coordinación con la neurobiológica de su bebé. Es así como la madre reciente se vuelve capaz de interpretar minuciosamente y satisfacer a su cría. Todos estos cambios en el posparto o periparto inducen a la madre a sentirse atraída por su bebé, a desearlo a necesitar irremisiblemente tenerlo siempre cerca para amamantarlo, alimentarlo, olerlo, mirarlo, acicalarlo, abrigarlo, protegerlo, acariciarlo. 

Las hormonas activan circuitos en el cerebro y el cuerpo de la madre que despliegan este repertorio de conductas maternales. Hallazgos de las neurociencias demuestran los cambios duraderos entre el cerebro de una mujer que ha parido respecto a la que no ha estado embarazada o no ha sido madre. La especialización del cerebro de la mujer que deviene madre es un hecho demostrado por los estudios de neuroimagen. 

Pero esto en sí mismo no supone un trastorno, sino un fenómeno neurobiológico previsto por la naturaleza para preservar la especie humana. Cuando el embarazo y el parto suceden de forma normal, cuando se respetan los procesos naturales, cuando se acompaña a la madre con el apoyo adecuado emocional y práctico, no tiene por qué convertirse en un problema de salud mental, aunque suponga un momento de mayor vulnerabilidad, salvo que existan precedentes.

Algunos factores que desencadenan los trastornos de salud mental en la madre reciente

(Getty Creative)
(Getty Creative)

Como explicaba antes, esta especialización del cerebro de la madre reciente permite a la mujer estar muy receptiva a los estímulos de su bebé (llantos, gestos, movimiento, temperatura, olor) y del entorno que lo rodea para percibir las amenazas y protegerlo. Tal condición también la hace más receptiva a los estímulos del entorno en general, positivos o negativos. 

La doctora Gracia Lasheras miembro de la junta directiva de la Sociedad Marcé Española para la Salud Mental Perinatal (MARES), explica en una entrevista para el podcast Maternidades Imperfectas, que situaciones como partos medicalizados o muy intervenidos que suscitan vivencias de miedo y estrés en la madre, aumenta el riesgo de complicaciones de la salud mental perinatal. 

También un factor de riesgo puede ser la mala salud mental previa al embarazo o al parto de la madre. Las madres cuyos pospartos coiciden con síntomas de menopausia presentan en la casuística doble vulnerabilidad a la psicopatología, indica Lasheras. 

La mujer que ha tenido dificultades médicas con un embarazo complicado, amenazas de aborto, exceso de tiempo de reposo, así como pérdidas perinatales, también es más vulnerable, agrega la past-presidenta de MARES. Por otra parte el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal señala como factores desencadenantes de trastornos posparto, los conflictos familiares, las dificultades económicas, el seguimiento de embarazos que ponen el acento en que todo puede ir mal, la presión de sistemas laborales que inducen a la falta de descanso en la mujer gestante.

Diferencias entre maternity blues y la depresión posparto

(Getty Creative)
(Getty Creative)

La doctora Lasheras matiza que el maternity blues no es un trastorno mental. Se trata de una respuesta de choque frente al cambio que viene con el nacimiento del bebé y que se traduce en cansancio, falta de horas de sueño, estrés por el cambio de rutinas. “Son esos días de estar un poco mas desanimada pero que no llegan a alterar el disfrute del vínculo con el bebé a diferencia de la depresión posparto donde la falta de disfrute, la abulia, la falta de interés son algunos de los síntomas”, agrega. 

En la depresión posparto la madre nunca puede dormir aunque tenga oportunidad. En el baby blues hay cansancio pero cuando el bebé duerme la mamá duerme, describe la psiquiatra fundadora del instituto MARES. Otra diferencia es que en el baby blues puede haber cierta incomodidad y tensión pero en la depresión posparto hay ansiedad, el cuerpo y la mente siguen motorizados, aunque cansados, pero sin que la madre los pueda parar. En la depresión posparto también se presenta un sentimiento de culpa muy marcado.

Prevención de complicaciones en la salud mental perinatal

Obviamente siempre es mucho más eficiente prevenir que reparar daños. En este sentido Gracia Lasheras recomienda favorecer los ambientes de partos no traumáticos o amenazantes. Propiciar la no separación madre-bebé tras el parto, el contacto piel con piel, la lactancia natural que son protectores de la salud mental materno infantil.  

El instituto Europeo de Salud Mental Perinatal, por su parte, recomienda evitar la soledad y la sobrecarga de las madres en la crianza puesto que en ningún caso es el mejor contexto para la salud mental perinatal. Recuerda que nuestra especie está diseñada para sostener la maternidad en redes de apoyo. Por tanto recomienda enfáticamente un mayor conocimiento de las necesidades de las madres, bebés y familias en toda la etapa perinatal, de qué forma se satisfacen estas necesidades en nuestra sociedad moderna y cómo repercute esta realidad en la salud mental materna.

Lasheras recuerda la importancia de una detección y tratamiento temprano para evitar que alguna situación de riesgo escale a trastorno mental o un trastorno mental empeore por falta de intervención oportuna. Durante la intervención psiquiátrica de un trastorno es importante intentar mantener el vínculo entre la madre afectada y su bebé siempre que sea posible. El comienzo de una mejoría en los síntomas puede tardar entre dos a tres semanas que resultan vitales para preservar la sana díada madre-bebé. La idea es respetar un equilibrio entre lo que la madre puede dar o su disponibilidad en la crisis sin llegar a agobiarla. Intentar dejarla a ratos con su bebé y luego que la abuela o alguna figura sustituta se encargue. “En los trastornos muy agravados no tiene sentido forzar el contacto”, advierte Lashera.

Siempre es recomendable ser cautelosos frente al riesgo de sobre diagnósticos o sobre tratamientos de cara a los posibles trastornos de salud mental en general y perinatal en particular. Como explica la ginecóloga Mirian Al Adib en su libro, Hablemos de Vaginas, la alta tecnificación y supraespecialización de la medicina actual tiende a medicalizar la vida, patologizar eventos vitales como si fueran problemas de salud, tales como el parto, la menopausia, la vejez y yo agregaría que también la infancia.

MÁS HISTORIAS QUE TE PUEDEN INTERESAR:

EN VIDEO: Estos son los malos hábitos que más ven los terapeutas en las relaciones

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.