La trastienda de la jugada de Cristina Kirchner: una división que genera sospechas de un fractura a futuro

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Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández
Fabian Marelli

Los tiempos, tanto los legales como los políticos, apremiaban cuando Cristina Kirchner decidió ejecutar la decisión de dividir el bloque para quedarse con la poltrona en el Consejo de la Magistratura que reclamaba la oposición, algo que la vicepresidenta no estaba dispuesta a aceptar.

Así, en la tarde-noche del lunes, con los pasillos del Senado ya vacíos, Cristina Kirchner bajó la orden a sus lugartenientes, José Mayans (Formosa) y Juliana Di Tullio (Buenos Aires), para que pusieran en marcha la jugada.

La idea venía barajándose desde hacía dos semanas, cuando todavía no había vencido el plazo impuesto por la Corte en su fallo de diciembre, cuando declaró inconstitucional la composición del Consejo de la Magistratura dispuesto por la ley sancionada en 2006, que había redactado de puño y letra la entonces senadora por Santa Cruz y primera dama.

Sin embargo, como suele ocurrir desde que volvió al poder y se instaló en la presidencia de la Cámara alta, la decisión se mantuvo en el más estricto de los secretos. Sólo unos pocos la conocieron antes de que se cristalizara, aquellos que suelen frecuentar su despacho. El resto del bloque se enteró por los medios o por el aviso de los periodistas que llamaban para confirmar la noticia.

Los senadores Mayans y Recalde
Fabián Marelli


La sesión en el Senado por el acuerdo con el FMI (Fabián Marelli/)

Fue el caso de un legislador que hace poco llegó a la Cámara alta, al que la información lo encontró en la sobremesa de lo que había sido una placentera cena y que, una vez enterado, empezó a fatigar los celulares de sus compañeros de bancada para saber si era cierto lo que se acababa de enterar.

La jugada no afectará, por lo pronto, el reparto de poder en el Senado. Todo seguirá igual, ya que las dos nuevas criaturas políticas alumbradas por la vicepresidenta -los bloques Nacional y Popular y Unidad Ciudadana-, le darán vida a un interbloque que mantendrá el nombre del Frente de Todos.

SOSPECHAS

Sin embargo, en varios despachos no pasó desapercibido el reacomodamiento de piezas que definió la vicepresidenta.

Salvo algunas excepciones, propias de la necesidad de dividir el bloque para convertir a las dos nuevas bancadas en primer y tercera minoría, en Unidad Ciudadana se encuentran todos los senadores que votaron en contra o se abstuvieron al momento de votar el acuerdo con el FMI.

En otras palabras, hay quienes sospechan que esta partición sería funcional a una eventual futura ruptura de Cristina Kirchner de su sociedad con Alberto Fernández ante un panorama adverso en las elecciones presidenciales del año próximo.

De alguna manera, el escenario sería similar al que se registró en 2016, cuando Cristina Kirchner creó el bloque de Unidad Ciudadana junto a otros ocho legisladores que abandonaron la bancada del Frente para la Victoria. El panorama no es el mismo, ya que en aquel entonces los seguidores de la entonces senadora por Buenos Aires fueron poco menos que echados por un Miguel Pichetto harto del kirchnerismo.

Más allá de las elucubraciones, la creación de dos nuevos bloques es una jugada de largo aliento, ya que le servirá a Cristina Kirchner para volver a nombrar tres consejeros por el Senado-dos por la primera minoría y uno por la tercera-, cuando en noviembre se deba renovar por completo el Consejo de la Magistratura. En ese momento, otra vez los bloques Nacional y Popular y Unidad Ciudadana podrían volver a ser la primera y la segunda minoría.

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