Trapicheo de 'rebujito' desde la habitación del hospital

Parece una historia más propia de la Baltimore retratada por David Simon en la serie The Wire, pero está ocurriendo en el hospital de Puerta del Mar, en Cádiz. Más concretamente en la novena planta, donde se encuentra ingresada una vieja conocida de la Policía que se gana la vida vendiendo droga y que se ha llevado el negocio con ella pese a su estado para preocupación de pacientes y trabajadores del centro hospitalario.

La paciente, muy conocida por los agentes de Cádiz, se ha llevado el negocio al hospital y continua con el trapicheo desde allí. (Foto: Getty Images)

Según informa El Diario de Cádiz, la dirección del Puerta del Mar ha puesto en conocimiento de las autoridades competentes la situación que están viviendo desde hace un tiempo. Sin embargo, el juez ha determinado no establecer ningún tipo de medida para paliarla y la respuesta es que es el propio hospital quien debe encargarse de la seguridad dentro del mismo.

El ambiente en el interior es de preocupación. Tanto para el personal como para el resto de pacientes y sus familiares, que ven como cada día -en especial por la noche- los toxicómanos deambulan por los pasillos en busca de la habitación donde se encuentra quien les proporciona su dosis. Fuentes internas aseguran al diario local que no hay que olvidar que se trata de personas que llegan con el mono y el riesgo que eso supone ya que su comportamiento es impredecible y puede derivar en episodios violentos.

Buscan a la que desde el Diario de Cádiz definen como “una de las históricas del menudeo en la ciudad”. A sus 50 años es de sobra conocida por la Policía, está ingresada por una enfermedad pulmonar y desde la habitación del hospital sigue llevando su negocio de tráfico de rebujito, una combinación de heroína con cocaína que le llega desde fuera para que el suministro a sus clientes no cese.

Esas mismas fuentes cuentan que al principio operaba desde la propia habitación, pero que ahora cuando recibe a un comprador se desplaza con él a los baños de la planta novena para realizar el intercambio. El hospital avisó a la Policía Nacional y el caso llegó hasta el juzgado.

Se ha descartado colocar a un agente en la puerta como medida de control y disuasoria para los toxicómanos. Otra de las posibilidades, la de trasladarla a la zona destinada a presos ingresados del Clínico de Puerto Real, tampoco es posible porque no se ha decretado su ingreso en prisión, sino que se encuentra en libertad con cargos.

En cuanto a los incidentes registrados, además de la sensación de inseguridad generalizada, ha trascendido que la paciente en cuestión tuvo que ser trasladada de habitación tras producirse un atasco en el baño inusual. Aunque el más grave fue el sufrido por un hombre ingresado en cuya habitación se coló uno de los toxicómanos.

Era, cuentan, “un señor al que le habían realizado una traqueotomía, el pobre estaba solo, no podía hablar y lo pasó mal. Empezó a pulsar el llamador y las compañeras fueron corriendo, pero el tío se había escondido en el baño y cuando ellas entraron aprovechó para escaparse. Le dio un subidón de tensión tremendo”.