¿Transparencia o propaganda?: la polémica por las fotos de migrantes transgénero recluidas en EEUU

Que una entidad gubernamental, sobre todo una dedicada a operaciones legal y humanamente punzantes y sumida en constante tensión y controversia, busque mostrar un rostro amable, cuidadoso de la ley y la dignidad de las personas es una medida que resulta en muchos sentidos obvia y previsible, y si es bien intencionada no carente de mérito.

Una migrante transgénero en el centro de detención migratoria de Cibola County, Nuevo México. ICE publicó esta y otras fotos en su página de Twitter para mostrar que trata de modo humano y adecuado a las migrantes transgénero bajo su custodia. Críticos consideran a esas fotos como mera propaganda que oculta los abusos que se padecen las instalaciones de ICE. (Twitter/@ICEgov)

Pero si se trata de una campaña que señala solo el lado conveniente de las cosas, el asunto puede convertirse no solo en propaganda equívoca sino en una operación premeditada de desinformación.

Así, en el caso de la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés), una campaña lanzada recientemente en Twitter resalta las condiciones de un ala del Centro Correccional del Condado de Cibola, Nuevo México, donde ICE mantiene detenidos a inmigrantes transgénero y muestra el buen trato que se da a las personas allí encerradas. Las fotos revelan situaciones auspiciosas para tratarse de un lugar de reclusión y algunas de las personas retratadas lucen sonrientes.

Pero ello tiene también un tono de irrealidad. Sobre todo cuando se ponen en la balanza los desgarradores testimonios de abusos y malas condiciones que con inquietante frecuencia padecen quienes están bajo custodia de las autoridades fronterizas y de inmigración.

Basta señalar el reciente caso de Johana Medina León, una mujer transgénero originaria de El Salvador que, mientras estaba en un centro de detención migratoria en el Condado de Otero, Nuevo México, enfermó, se quejó de dolores en el pecho y falleció días después en un hospital. Tras ello surgieron denuncias de que no se le proveyó cuidado médico oportuno y en general de que en ese sitio las mujeres transgénero detenidas no recibían atención médica adecuada, de acuerdo al The Washington Post.

Unos días antes, a finales de mayo, otra detenida transgénero, Roxsana Hernández Rodríguez, de origen hondureño, falleció en otro centro de detención en Nuevo México. Y aunque se informó que la causa de la muerte fue deshidratación y complicaciones del VIH/sida, la organización Transgender Law Center demandó a ICE al considerar que el “cuidado impropio” que esa agencia dio a la detenida contribuyó a su muerte.

Y desde marzo pasado la Unión Americana de Derechos Civiles había enviado a ICE y al Departamento de Seguridad Interior una queja formal por maltratos en el centro del Condado de Otero. “Las prácticas de ICE en Otero han creado un ambiente inseguro para las mujeres transgénero y los varones gay allí detenidos”, afirmó ACLU, a lo que de acuerdo al Post funcionarios de ICE respondieron diciendo que “estaban comprometidos a asegurar que quienes están bajo su custodia residen en ambientes seguros y humanos y en condiciones de confinamiento apropiadas”.

Las fotos del centro del Condado de Cibola serían una muestra de esas afirmaciones de ICE. Las críticas a ella no significan que las imágenes mostradas en Twitter no sean ciertas. Es plausible que lo sean (aunque hay quien sospeche que se trata de teatralizaciones), pero eso no mitiga la realidad de los otros problemas y abusos. La cara amable de esas fotos no elimina el lado oscuro y desfigurado que se revela, por ejemplo, en los casos de fallecimientos y las denuncias señaladas.

Y, al final, se apreciaría mejor la pertinencia de esas imágenes de amables centros de detención si ICE respondiera de modo amplio y directo sobre los numerosos casos de maltrato y detenciones en condiciones impropias y se pudiese comprobar que en todos ellos las condiciones son apropiadas y las denuncias y problemas que surgen son oportuna y cabalmente atendidos.

Además, convendría que las imágenes del centro de Cibola fueran complementadas, por ejemplo, con testimonios directos de las personas allí detenidas de modo que ellas puedan, más allá de lo que muestran imágenes tomadas en un instante y un contexto específicos, dar testimonio directo de cómo viven allí y de las condiciones en las que son mantenidas.

Esa sería la diferencia entre una mera campaña de propaganda y una acción amplia de transparencia y rendición de cuentas.

Ciertamente, esas críticas no nulifican o niegan los casos de oficiales que cumplen con su deber de modo respetuoso y que tratan a las personas bajo su custodia de modo digno y en instalaciones adecuadas. Pero sí son firmes en el alegato de que imágenes como las del centro en Cibola serían una excepción y, para los más incisivos, una fantasía construida para tratar de mitigar la mala imagen de ICE y desviar las críticas, y posiblemente las acciones legales, en su contra por situaciones de abuso y maltrato dentro de sus instalaciones. Aunque notorio, un solo “centro modelo” no basta y genera muchas suspicacias.

Al final, las imágenes mostradas por ICE se contradicen a sí mismas en un aspecto especialmente filoso y de trascendencia: dado que el sistema de inmigración en Estados Unidos está patentemente roto y es una máquina generadora de constantes injusticias, muchas veces motivadas por cuestiones político-ideológicas, como lo es el mero hecho de recluir migrantes que solicitan asilo, si la autoridades realmente desearan abatir la inhumanidad en la detención podrían simplemente dejar de practicarla y, a través de una reforma de inmigración integral y una estrategia clara para impulsar el desarrollo en los países expulsores, atender el fenómeno de la inmigración de modo auspicioso.

Pero eso, con frecuencia, parece en el contexto actual tan improbable como que las imágenes divulgadas en el Twitter de ICE sean un reflejo completo de la realidad en los numerosos centros de detención migratoria del país.