Trampa para un soñador, la novela de los besos ardientes que ganó el mercado latino

Liliana Podestá
·9  min de lectura

Trampa para un soñador nació como una remake de Amar al ladrón, un teleteatro de Luis Gayo Paz que tenía a Claudio Levrino y Cristina del Valle como pareja protagónica, en el '74. Por entonces, Cristina Alberó era parte del elenco y por eso, cuando la convocaron para protagonizar la nueva versión dijo que sí casi sin pensarlo. Esta vez, el galán fue Antonio Grimau aunque, según sus propias palabras, "la producción no tenía demasiada confianza" en él como protagonista". La telenovela fue un éxito y consagró definitivamente a ambos actores, y les abrió las puertas del mercado hispano de los Estados Unidos. Tan fuerte pegó la pareja que al año siguiente hicieron otra novela juntos, Quiero gritar tu nombre.

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Trampa para un soñador tuvo 315 capítulos que emitió Canal 9, de lunes a viernes a las 16, y con un rating que nunca bajó de los 18 puntos. Comenzó en blanco y negro y a los tres meses se mudaron a los estudios Sonotex, en Martínez, para grabar a color. Entonces, para poder venderla al mercado latino de los Estados Unidos, debieron regrabar esos episodios previos, que fueron sintetizados en diez capítulos. Con la dirección de Oscar Berotto y la producción de Celso Durán, la novela contaba la historia de un obrero que se enamora de la hija del dueño de la fábrica donde trabaja. La trama puede parecer trillada pero los matices de Gayo Paz y el abultado elenco le dieron pinceladas que la transformaron rápidamente en un éxito.

Alberó y Grimau estaban acompañados por Luis Dávila, Cristina Murta, Eva Dongé -que se enfermó gravemente durante los primeros meses, y fue reemplazada por Dora Prince-, Alba Castellanos, Liria Marín, Jorge Morales, Héctor Pellegrino, Lita Soriano, Josefina Ríos, Ana Casares, Adriana Alcock, Norberto Díaz, Ricardo Dupont, Horacio Ranieri, Olga Berg, Miguel Ferrando, Cecilia Maresca, Mónica Vehíl, Olga Hidalgo, Alejandra Abreu, Marzenka Novak, Elena Cánepa, Raúl Florido y Raúl Valentini, entre otros. El leitmotiv musical era un tema de Toto Cutugno, "Solo tú, solo yo", que hacía suspirar a las mujeres a la hora de la siesta. Pero esa fue la segunda apertura: la primera era un tema interpretado en piano por Richard Clayderman, "Impulso de amor".

Fórmula de éxito

"Sobre fines del '79 Canal 9 tenía al aire una novela a las 4 de la tarde, con Selva Alemán y Jorge Mayorano, Una escalera al cielo. Cuando terminó, me convocaron para cubrir ese horario y al principio iba a acompañarme Mayorano, pero decidió ir de temporada en Mar del Plata y contrataron a Antonio. Acepté hacer la novela porque sabía de la calidad del producto", rememora Cristina Alberó que durante la emisión de la novela también hizo temporada teatral. "Yo había trabajado mucho con Darío Vittori y también estaba haciendo temporada con él, pero viajaba a Buenos Aires dos veces a la semana para grabar. (...) Me acuerdo que a Vittori le llamó la atención y no estaba muy de acuerdo, pero lo tranquilicé diciendo que estaba todo arreglado. Y nunca hubo ningún problema".

En diálogo con LA NACION, Alberó continuó: "La cuestión es que empezamos con muy buena suerte, grabando en blanco y negro, en el viejo Canal 9 de la calle Gelly. La novela picó inmediatamente. A los tres meses tuvimos que mudarnos a Sonotex porque empezábamos a grabar en color. Yo justo me intoxiqué y estaba con 40 grados de fiebre y Gerardo González estaba desesperado porque ya habían mudado todos los decorados a Martínez y había que arrancar con urgencia. La novela rápidamente se vendió a los Estados Unidos". La actriz recuerda que "eran muchas horas de trabajo", y que en esa época los protagonistas solían tener largos parlamentos. "Grabábamos desde muy temprano hasta las 6 de la tarde, llegaba a casa y me ponía a estudiar para el día siguiente, que me levantaba a las 7 de la mañana. Se grababa de lunes a jueves, con un día de exteriores", recuerda.

Antonio Grimau guarda muy buenos recuerdos de esos tiempos: "Teníamos un estupendo elenco. No había trabajado nunca con Cristina y nos reunieron para esta producción que fue un éxito y por eso hicimos otra novela juntos, al año siguiente. Un detalle significativo es que en mi primera reunión con el productor ejecutivo, sentí que no había la menor confianza en mí como protagonista. Era mi segundo protagónico, pero de mayor importancia que el anterior. Y en diálogo con él casi sentí que me decía: 'Mirá, no vas a funcionar pero el canal te quiere a vos y habrá que hacerlo con vos'. O sea, cero confianza y total negatividad con respecto a lo que yo podía rendir". Sin embargo, la fórmula funcionó y hoy todos recuerdan a esa pareja que hechizaba a través de la pantalla.

"Era un elenco numeroso y de gran camaradería y con un autor como Gayo Paz, que me escribió un personaje hermoso que prendió mucho en la gente, a tal punto que la repercusión de la novela me valió mi primer trabajo en Mar del Plata", dice Grimau. "Sabíamos que la novela andaba muy bien, recibíamos cartas de todo el país y también muchas de Uruguay. Cuando llegué a Mar del Plata, sin advertir la popularidad que la novela había alcanzado, fui a caminar por la rambla despreocupadamente como lo hacía cuando era un anónimo, y de golpe era Gardel, con la gente que se agolpaba y me pedía autógrafos. No entendía nada, fue una enorme sorpresa esa temporada".

La novela tuvo tal impacto que le valió a Grimau y Alberó una segunda vuelta en pantalla. "Terminamos de grabar Trampa para un soñador con un final a todo trapo, con una boda y luego de la última escena fuimos a leer el primer capítulo de Quiero gritar tu nombre, yo de smoking y Cristina de vestido blanco", cuenta Grimau entre risas.

De Buenos Aires a los Estados Unidos, sin escalas

"La novela fue un éxito también en el mercado latino de los Estados Unidos. Un verano, mientras estaba haciendo temporada en Carlos Paz, me llegó una invitación para ir al carnaval latino de Miami pero no pude aceptar porque tuvimos un problema con el empresario que no me dejaba ir. Pero a los tres o cuatro meses me invitaron a una telemaratón, también en Miami, y ahí me enteré de la popularidad que tenía a raíz de la novela. No podía creer que la gente me saludara por la calle", asegura Alberó. "Fue un puntapié importante para entrar a ese mercado, al que seguí yendo por varios años. Sin embargo, no fue un buen momento personal para mí porque cuando recién comenzaba la novela me separé de mi marido, así que fueron meses muy duros, sobre todo el primer año".

Grimau también recuerda su experiencia en otros países, gracias a la popularidad que ganó en la piel de "Lito" García Suárez. "La repercusión fue tan grande que iniciamos una miniserie en Paragua que nunca se terminó por otras razones: el director se peleó con el canal y nunca la completamos, pero nos valió dos meses de trabajo. También hicimos una gran gira en los Estados Unidos para el público de habla hispana. Allí Trampa para un soñador se daba a modo de unitario, una vez por semana. ¡Imaginate lo que duró la novela en horario central, con más de 300 capítulos!", dice asombrado. "En Miami la gente nos paraba como si estuviéramos caminando por la Avenida Santa Fe. Fue una aventura interesante porque recorrimos gran parte de los Estados Unidos, siempre para el público latino".

"En una oportunidad, el productor de la gira nos llevó a un canal y nos entrevistó el mismo periodista que hacía unas semanas yo había visto con Al Pacino. Y de pronto yo estaba sentado en el mismo sillón que Pacino, entrevistado por el mismo periodista. Fue impactante", rememora Grimau.

Cecilia Maresca también ganó popularidad internacional con la novela: "En ese momento teníamos un gran mercado audiovisual en el exterior que después perdimos, lamentablemente. Yo viajo y todavía me conocen; tengo club de admiradores en Rusia, por ejemplo".

Esos besos apasionados

Por entonces, todos hablaban de los ardientes besos entre Alberó y Grimau. Hasta se especuló con un romance que de la ficción pasó a la realidad, pero ellos siempre aseguraron que solamente actuaban esa pasión. De esos momentos, la actriz recuerda: "Era época de militares y en la trama no podía haber ningún tipo de conflicto así que los besos eran muy importantes. Era casi lo único que podíamos hacer. Además, cuando Grimau se olvidaba alguna palabra, me encajaba un beso", dice entre risas.

El actor también hace su aporte: "Rápidamente se dio con Cristina un feeling muy particular. En realidad, desde el punto de vista de caracteres no teníamos nada que ver, pero en la ficción nos entendíamos muy bien. En esa época eran largas las escenas y a veces teníamos dos bloques seguidos hablando solamente nosotros. Y más de una vez, de perfil a cámara para que no se notara, ella me abrazaba y al oído me decía mi texto, que yo me había olvidado. Muchas veces me sacaba del paso. Tenía una memoria de elefante y yo también, pero a veces era demasiado el texto".

Maresca era la villana de la historia. "Estaba trabajando en Canal 13 cuando me llamaron del 9 para hacer El coraje de querer y luego Trampa para un soñador, en la que yo era la contrafigura, que era malísima. Se me ocurrió hacerla muy dulce y por eso resultaba más mala, porque la tipa era amorosa y te destrozaba por atrás. Fue la única vez en mi vida que caminaba por la calle y los camioneros me insultaban. La veía todo el mundo. Y recibía más cartas que la protagonista, pero para insultarme", recuerda.

"Gayo Paz escribía muy bien y era muy detallista pero estaban acostumbrados a otro tipo de malas, y el autor no estaba convencido y pensaba que yo quería hacer una buena. Un día vino al estudio, le pedí que me acompañara a dar una vueltita por la calle Salguero y no terminamos de salir que pasó un camión y cuando me vio, paró para putearme. Entonces me dijo que siguiera con lo que estaba haciendo. Parecía contratado el tipo", ríe divertida.

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"Nos llevábamos muy bien todos y con Antonio seguimos siendo amigos, nos queremos mucho. Y con Cristina, también. En ese entonces la gente convivía sin la grieta, aunque había distintas corrientes políticas, claro. Recuerdo que hacíamos fiestas en Actores, bailábamos, tomábamos. Cuidábamos que la relación fuera buena porque eso se ve en la pantalla", sostiene Maresca. "Yo empecé cuando ya estaba avanzada trama. Antes a mi personaje lo hizo Mónica Vehíl, durante tres meses. Ella terminó un viernes y yo entré un lunes; la verdad es que no sé qué pasó. Imagino que como era para el mismo personaje, buscaron a otra morocha con ojos claros. Y la gente se enganchó volando".