Trump se muestra combativo y agraviado en la recta final de las elecciones

Maggie Haberman, Alexander Burns and Jonathan Martin
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El presidente Donald Trump durante un mitin de campaña en el Aeropuerto Regional Fayetteville, en Fayetteville, Carolina del Norte, el 2 de noviembre de 2020. (Doug Mills/The New York Times)
El presidente Donald Trump durante un mitin de campaña en el Aeropuerto Regional Fayetteville, en Fayetteville, Carolina del Norte, el 2 de noviembre de 2020. (Doug Mills/The New York Times)

En su trayecto hacia el día de las elecciones este 3 de noviembre, el presidente Donald Trump ha tenido despliegues alternados de confianza y exasperación, bravuconería y agravio, con una constante frustración por ir rezagado en las encuestas detrás de Joe Biden, a quien considera un rival indigno.

“Vaya, si pierdo con este tipo, va a ser de lo más vergonzoso”, les ha dicho Trump a sus asesores, un lamento que ha expresado también en público. Sin embargo, en la versión fuera de cámara, Trump por lo regular exclama: “¡Este tipo!”, haciendo referencia a Biden, con un adjetivo subido de tono entre esas dos palabras.

En vista de que aparecía rezagado en la mayoría de las encuestas, Trump se apresuró a realizar una serie maratónica de mítines la semana pasada con la intención de destrozar a Biden y animar a sus simpatizantes, pero también mostró tener una fijación con el tamaño de las multitudes y el propósito de atacar a quienes percibe como enemigos, por ejemplo los medios noticiosos y Anthony Fauci, el experto en enfermedades infecciosas del gobierno federal a quien, según dio a entender el domingo, planea despedir tras las elecciones.

En todo momento, el presidente ha despotricado en contra del sistema de votación por considerarlo amañado en su contra y ha amenazado con promover acción legal después de concluidas las elecciones, con la obvia intención de socavar un proceso electoral agobiado por la pandemia del coronavirus. No obstante, no se sabe con precisión qué instrumentos legales Trump cree que tendría disponibles.

El presidente, según comentan sus colaboradores, se sintió alentado por las audiencias de mayor talla y gracias a un flujo de información relativamente positiva sobre las encuestas que los asesores prepararon para él, de la que eliminaron en general las cifras más pesimistas.

En un viaje a Florida la semana pasada, varios asesores le dijeron al presidente que no había duda de que ganaría el Colegio Electoral, una prognosis que no se sustentaba en ninguna encuesta de los republicanos ni de los demócratas, según personas enteradas de la conversación. Y Mark Meadows, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, reaccionó con más entusiasmo cuando Trump mencionó la idea de realizar actividades de último minuto para ganarse estados de firme tendencia demócrata como Nuevo México, una opción que otros colaboradores le indicaron al presidente que no era realista.

La locura de esta carrera hacia la meta sintetiza sus cuatro tumultuosos años en la presidencia, una mezcla de animadversión, combatividad y cierta inclinación por analizar los sucesos a través de su propio prisma, además de su esperanza de que todo le resulte propicio a fin de cuentas, como ocurrió hace cuatro años cuando sus asesores, el mundo y él mismo quedaron sorprendidos cuando ganó la Casa Blanca.

Por desgracia, encerrarse en la delicada burbuja de su propia visión del mundo quizás haya separado todavía más a Trump de las realidades políticas de un país en crisis. Ese aislamiento, a su vez, contribuyó a que Trump realizara una campaña sin ningún tema central, sin planes claros para un segundo mandato y sin respuesta alguna para las calamidades de la pandemia.

La mayoría de las personas del círculo más allegado al presidente comparten su optimismo acerca del resultado de la contienda, a pesar del extenuante cansancio y el cambiante humor del presidente, según revelaron varias entrevistas con más de doce asesores y aliados. De cualquier forma, algunos asesores reconocen que sería necesario que se conjuntaran varios factores. Hablaron de conversaciones internas delicadas con la condición de mantenerse en el anonimato.

Los legisladores republicanos han hecho pronósticos menos optimistas sobre sus posibilidades, y en privado algunos asesores de Trump no las refutan. Un republicano de alto rango en el Congreso le dijo frustrado a Meadows el mes pasado que si Trump “pretende perder las elecciones, no le aconsejaría cambiar nada”, recordó el legislador, y recalcó que el asesor se limitó a asentir con la cabeza. “Piensan que no pueden hacer nada al respecto”.

Sin embargo, fuera de la capital, algunos republicanos insisten en que Trump puede darnos una sorpresa de nuevo, y que su dedicada base impulsará entre los electores un repunte que ya es tradicional para el Partido Republicano el día de las elecciones.

Joe Gruters, presidente del Partido Republicano en Florida, quien estuvo al lado de Trump en Tampa la semana pasada, afirmó que el presidente tenía todo “asegurado” en el estado.

“Puedes ir al banco a cobrar el cheque”, señaló Gruters, y añadió sobre los demócratas: “Los estamos aplastando. Eso va a marcar la diferencia”.

No obstante, Trump rara vez olvida que existe la posibilidad de que pierda y que lo echen de la Casa Blanca.

En algunos momentos de espontaneidad, desde hace semanas Trump les ha dicho a sus asesores que cree que enfrentará un escrutinio más severo por parte de los fiscales si pierde. No solo le preocupan las investigaciones que ya se realizan en Nueva York, sino la posibilidad de revisiones federales nuevas, según personas que han hablado con él.

Un anuncio de apoyo al presidente Donald Trump en Palm Harbor, Florida, el 31 de octubre de 2020. (Eve Edelheit/The New York Times)
Un anuncio de apoyo al presidente Donald Trump en Palm Harbor, Florida, el 31 de octubre de 2020. (Eve Edelheit/The New York Times)

Aunque Trump no ha expresado esas preocupaciones de manera abierta, sí se ha quejado del proceso demócrata y ha generado dudas infundadas acerca de la integridad del voto.

También ha considerado la opción de declarar una victoria prematura el 3 de noviembre por la noche, pero si hay algún plan organizado para hacerlo, sus principales lugartenientes no se lo han comentado a sus aliados. Un estratega del Congreso mencionó haber hablado el 1.° de noviembre con Jared Kushner, el yerno de Trump, y que Kushner no solo no pidió el apoyo de los republicanos de Capitol Hill para ese plan, sino que tampoco mencionó la posibilidad en absoluto.

El mismo presidente hizo poco para mejorar sus probabilidades en los últimos días de la campaña. El 30 de octubre, Trump aprovechó un mitin realizado en Míchigan para hacer correr la teoría sin fundamento de que los médicos han clasificado como relacionadas con el coronavirus las muertes de sus pacientes con el propósito de ganar más dinero, afirmaciones que provocaron intensas condenas por parte de grupos médicos, así como de Biden y Obama.

Encima, el 31 de octubre en Pensilvania, en el lugar donde George Washington planeó el cruce del río Delaware durante la guerra de Independencia de Estados Unidos, sus colaboradores escribieron un discurso sobrio para el presidente. Pero a la mitad de ese discurso, pareció aburrirse y comenzó a hacer comentarios espontáneos sobre el tamaño de las gafas de sol de Biden.

En varias ocasiones ha dedicado buena parte de sus discursos a atacar verbalmente a Biden y su hijo, Hunter Biden, aunque algunos de los asesores de Trump creen que ese tema no tiene importancia en medio de un desastre de salud pública. No obstante, los colaboradores de Trump afirman que lo hace solo porque le gusta atacar a la familia Biden.

El aspecto que les causa confusión a algunos republicanos es que casi no ha mencionado la confirmación de la juez Amy Coney Barrett a la Corte Suprema el mes pasado; algunos senadores del Partido Republicano, en cambio, proclamaron ese logro como tema central de sus campañas.

Este fin de semana en Kentucky, como parte de las actividades de campaña para conquistar su séptimo periodo, el senador Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado, alardeó en varias ocasiones sobre Barrett y los otros dos jueces nominados por Trump al tribunal supremo y no mencionó el nombre de Biden ni una sola vez.

Algunos republicanos parecen tener la mira puesta más allá de la era de Trump, ya sea que llegue a su conclusión el 3 de noviembre por la noche o en unos cuantos años más.

Muchos republicanos jóvenes ambiciosos, como el senador Tom Cotton de Arkansas, el senador Ted Cruz de Texas y la gobernadora Kristi Noem de Dakota del Sur, visitaron hace poco los estados de Iowa y Nueva Hampshire, donde arrancan las elecciones primarias. Noem también le hizo una visita discreta a Trump en Mar-a-Lago, que tal vez se convierta en otra parada del circuito del Partido Republicano para las primarias si Trump pierde. Uno más, el senador Rick Scott de Florida, ha hecho todo lo posible para quedar al frente del Comité Nacional Republicano de Senadores, una maniobra que otros republicanos consideran parte de sus preparativos para postularse a la presidencia.

Incluso se realizan actividades discretas de cabildeo para la presidencia del Comité Nacional Republicano, organismo que ha sido liderado durante cuatro años por Ronna McDaniel.

Varios miembros leales a Trump se consideran posibles sucesores para ese cargo, entre ellos David Bossie, miembro del organismo que representa a Maryland, así como la presidenta del Partido Republicano en Ohio, Jane Timken, a quien el presidente de hecho instaló en ese cargo. Se han mencionado los nombres del hijo de Trump, Donald Trump Jr., y de su novia, la conductora de televisión conservadora Kimberly Guilfoyle, como posibles presidentes, aunque sus colaboradores señalaron que no les interesa.

Gruters indicó que no estaba al tanto de que el hijo del presidente hubiera hecho algo para obtener el puesto en el Comité Nacional Republicano, y elogió a McDaniel. De cualquier forma, Gruters dijo que uno de los vástagos de Trump podría ocupar el cargo si ella se retirara.

“Ronna ha tenido un excelente desempeño y de verdad se merece apoyo si decide permanecer en el cargo”, opinó Gruters. “Claro que Don Jr. sería creíble para cualquier designación que le interese. Tiene un gran dominio entre la base. Es capaz de recaudar mucho dinero y sería otra superestrella para el partido”.

This article originally appeared in The New York Times.

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