Una traducción horrible, una melodía irresistible y la canción más escuchada en Gran Bretaña en los últimos 70 años

Procol Harum: Dave Knights, Matthew Fisher, Robin Trower, BJ Wilson y Gary Brooker.
Sylvia Pitcher

El clientelismo no es solo un recurso de la política pura y dura. El ciclo Únicos que promueve el acceso de artistas populares, sin vínculo alguno con lo que llamamos música clásica, al Teatro Colón opera con la misma lógica. En lugar de facilitar el acceso de audiencias postergadas a la posibilidad de escuchar partituras universales, lo que hace es darle el centro de la escena a números de estadio suponiendo que así se democratiza el espacio de la Opera porteña. Pero las adaptaciones sinfónicas de géneros populares tienden a ser, con suerte, inadecuadas si en su raíz no hay una conexión genuina. Lo mismo se verifica en sentido contrario: desde los tópicos más tediosos del rock sinfónico a la decodificación de Beethoven en el auge disco (“Una Quinta de Beethoven”, Walter Murphy). Tampoco contribuyeron en el maridaje los numerosos LP de versiones sinfónicas de íconos pop (Beatles, Stones) editados entre los 60 y los 90.

La música pop nunca necesitó prestigiarse en el rigor académico para ser más o menos conmovedora. Pero sí es cierto que el cruce de la psicodelia con el estilo de composición de los siglos XVIII y XIX derivó en discos simples que se han vuelto puras epifanías sonoras y dieron forma al breve baroque pop o pop barroco. Ese subgénero que entrelaza la canción pop (pos Beatles), la ensoñación neo romántica de la psicodelia y el uso central de arreglos e instrumentos clásicos tuvo su Everest el 12 de mayo de 1967 cuando “A Whiter Shade of Pale” puso a Johann Sebastian Bach, vía Procol Harum, en el centro de la cultura pop.

Gary Brooker, vocalista de Procol Harum, murió en febrero a los 76 años
Gary Brooker, vocalista de Procol Harum, murió en febrero a los 76 años


Gary Brooker, vocalista de Procol Harum, murió en febrero a los 76 años

Conocida en Argentina como “Con su blanca palidez” (una traducción bastante libre, tal como se acostumbraba), el simple que marcó la irrupción de Procol Harum en el año del Summer of Love fue punto de partida y llegada, pues el grupo nunca pudo superar el efecto de una canción que vendió 10 millones de copias en todo el mundo, tiene más de mil versiones registradas y llegó a ser considerada en 2004 como la canción más radiada de los últimos setenta años en todo el Reino Unido.

Decir que Procol Harum tuvo con este simple sus cinco minutos de gloria es más que una metáfora. “Con su blanca palidez” dura cinco minutos con cincuenta y cuatro segundos. El nombre del grupo venía escrito en latín (la expresión quiere decir “más allá de las cosas”) y el éxtasis inmediato que transmite es puro efecto del aire a Bach sostenido por la melodía ejecutada en un órgano Hammond M102. Es la traslación del imaginario sacro (Bach, el latín, el órgano) a las visiones del LSD y no es casual que profetas del ácido en Estados Unidos e Inglaterra hayan querido convertir el sentir psicodélico en un ritual religioso. “Con su blanca palidez” que no hace panegírico alguno de las drogas alucinógenas sintetiza, sin embargo, ese feeling de comunión que se resquebrajaría al año siguiente para desembocar en el ocaso de los 60 cuando Lennon proclamó que el sueño había terminado.

Aún así, la voz soul de Gary Brooker (fallecido el último miércoles de febrero) y el característico órgano de Matthew Fisher conjuraron algo que fue más allá de la época y que los supera en todas sus intenciones. Ese contagio de lo clásico-sacro con lo pop-pagano expresado de una manera tan natural e inmediata transmite un efecto atávico en quien lo escucha, la sensibilidad de una civilización. Cómo sería que al escucharla en la radio por primera vez nada menos que Brian Wilson sintió que era la música de su propio funeral, algo que ni él mismo hubiera podido escribir. Como lo puso el crítico Simon Frith en su texto “1967: the yeat it all come together”: “Fue la canción más significativa del año a partir de la combinación de una parte vocal de soul blanco con un ejercicio de Bach y una letra enigmática que insinuaba un secreto vital abierto solo para personas en un estado mental adecuado por las drogas”.

Las asociaciones con la cultura clásica no estaban solo en la parte de órgano sino que ciertos pasajes de la letra fueron asociados a la escritura de Geoffrey Chaucer (1343-1400), autor de Los Cuentos de Canterbury. Sobre todo en el puente-estribillo donde Brooker se acerca al estilo de Stevie Windwood (Traffic) y canta: “And so it was that later/As the miller told his tale/that her face, at first just ghostly/turned a whiter shade of pale” (Y así fue como después/mientras el molinero contaba su historia/que su rostro, al principio sólo fantasmal/se volvió de un tono más blanco que pálido”). Ese “miller” (molinero) no podía ser otro que aquel sobre el que Chaucer había escrito en el segundo de sus cuentos de Canterbury (“The Miller’s tale”), aunque Keith Reid, el poeta a cargo de todas las letras de Procol Harum, siempre lo negara. “Jamás leí The Miller’s Tale en mi vida. Quizás fuera algo que conocía de forma inconsciente pero de ninguna manera fue un propósito citar a Chaucer, para nada”. La letra entera le surgió a Reid tras un diálogo escuchado en una fiesta según cita el libro Procol Harum: Beyond The Pale, de Claes Johansen.

Lo que Reid escuchó fue el comentario pasado de volumen de un hombre que le decía a una mujer algo así como “You’ve turned a whiter shade of pale”. Quien fuera es al fin el responsable del nombre de una de las mayores contribuciones de la psicodelia a la cultura popular al punto de que la frase (” a whiter shade of pale”) se volvió de uso común sin referencia alguna a la canción tal como lo registra el Oxford Dictionary of Modern Quotations. La literatura medieval, la música barroca de Bach y una frase suelta en una noche cualquiera del Swingin’ London, tal la profundidad que se abisma en ese comienzo modélico de órgano y una batería que más que soltarse se despereza. Porque si bien “Con su blanca palidez” no tiene la ingravidez del Pink Floyd de Syd Barrett o el John Lennon de “Tomorrow Never Knows”, irrumpe siempre con la cualidad de lo onírico, una canción soñada antes que escuchada.

Una imagen del video de "A Whiter Shade of Pale", de Procol Harum
Captura


Una imagen del video de "A Whiter Shade of Pale", de Procol Harum (Captura/)

Lanzada por el sello Deram (que profundizó la línea pop barroca con el “Nights in White Satin” de The Moody Blues) con “Lime Street Blues” en el lado B, “Con su blanca palidez” se editó como adelanto del álbum debut de Procol Harum que, valga la redundancia, es una pálida extensión del simple con la excepción de “Kaleidoscope”. La grabaron Brooker en voz, Matthew Fisher en órgano Hammond, Ray Royer en guitarra, David Knights en bajo y el sesionista Bill Eyden en batería. Eyden venía del jazz y su paso por el pop no pudo ser tan fugaz como trascendental. Para cuando el sello pagó para que el grupo filmara un corto promocional en Worcestershire ya había ocupado su lugar otro baterista que hace playback sobre su groove. Sin embargo esa síncopa morosa es tan característica de “Con su blanca palidez” como el órgano de Fisher y la voz de Brooker. En 2009, la canción que había sido originalmente firmada por Brooker y Reid quedó registrada también a nombre de Fisher tras un juicio de cuatro años donde se le reconoció su aporte en la estructura de la música.

El efecto de Procol Harum no solo se reflejó en sus contemporáneos (de los primeros Bee Gees a The Zombies; de The Moody Blues a Left Banke) sino que está por detrás de intentos posteriores por conjurar esa sensibilidad como pudieron ser la “Rapsodia Bohemia” de Queen en los 70 o la “Bitersweet Symphony” de The Verve en los 90.

Gary Brooker en 1967
Chris Walter


Gary Brooker en 1967 (Chris Walter/)

En la Argentina el álbum debut de Procol Harum se editó vía Phonogram, en 1972, con el título del simple (Con su blanca palidez) y la canción agregada al track-listing original en el comienzo del lado 1. Ese mismo año, Sergio Denis grabó la primera versión en español en su tercer álbum llamado Sergio Denis. Decía así: “Al paraíso perdido que se vive una vez y se hunde en el olvido con su blanca palidez”. Está hecha de la misma textura que las películas de Leonardo Favio: prueben a escucharla.