Los trabajadores de hospitales se vuelven unos contra otros para obtener la vacuna

Joseph Goldstein
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Un hombre de más de 70 años en tratamiento por COVID-19 descansa boca abajo en la unidad de terapia intensiva en el Centro Médico Providence St. Mary en Apple Valley, California, el 17 de diciembre de 2020. (Ariana Drehsler/The New York Times).
Un hombre de más de 70 años en tratamiento por COVID-19 descansa boca abajo en la unidad de terapia intensiva en el Centro Médico Providence St. Mary en Apple Valley, California, el 17 de diciembre de 2020. (Ariana Drehsler/The New York Times).
Una caja de materiales para administrar la vacuna conra la COVID-19 de Pfizer-BioNTech enviada por Pfizer a National Jewish Health en Denver, el 15 de diciembre de 2020. (Benjamin Rasmussen/The New York Times).
Una caja de materiales para administrar la vacuna conra la COVID-19 de Pfizer-BioNTech enviada por Pfizer a National Jewish Health en Denver, el 15 de diciembre de 2020. (Benjamin Rasmussen/The New York Times).

NUEVA YORK — En el Hospital Infantil Presbiteriano Morgan Stanley de Nueva York, uno de los hospitales más respetados de la ciudad de Nueva York, un rumor se difundió la semana pasada sobre que la fila para la vacuna contra la COVID-19 en el noveno piso no estaba vigilada y que cualquiera podía discretamente formarse y recibir la inyección.

Según las reglas, los trabajadores de salud más expuestos debían ir primero, pero al poco tiempo, empleados de departamentos de bajo riesgo, incluyendo algunos que han trabajado desde casa durante gran parte de la pandemia, ya estaban siendo vacunados.

El lapso, que ocurrió dentro de las 48 horas posteriores a la llegada de las primeras dosis a la ciudad, generó molestia entre miembros del personal (y una disculpa de parte del hospital).

“Me decepciona y entristece que esto haya ocurrido”, escribió un alto ejecutivo del Hospital Infantil Presbiteriano Morgan Stanley de Nueva York, Craig Albanese, en un correo electrónico al personal, el cual fue obtenido por The New York Times.

La llegada de miles de dosis de vacunas a los hospitales de la ciudad de Nueva York la semana pasada fue recibida con un torrente de esperanza de parte de médicos y enfermeras que trabajaron durante la devastadora primera ola en marzo y abril. Sin embargo, por ahora, la vacuna está muy escasa y algunos hospitales parecen haber dado tropiezos en su aplicación.

En entrevistas para este artículo, más de media docena de médicos y enfermeras en hospitales del área de Nueva York dijeron que estaban molestos sobre cómo se estaba distribuyendo la vacuna en sus instituciones. Describieron lo que había ocurrido al Times, pero la mayoría solicitó que sus nombres no fueran usados porque los hospitales han mostrado una disposición a despedir o sancionar a empleados por hablar con los medios informativos durante la pandemia.

En algunos de los principales hospitales en Manhattan, médicos y enfermeras recordaron haber revisado las redes sociales y detenerse para hacer un juicio apresurado cada vez que veían una selfi publicada por alguno de sus colegas tras haber recibido la vacuna: ¿esa persona merece ser vacunada antes que ellos?

“Sentimos que nos menosprecian y nos faltan al respeto debido a nuesta prioridad de segundo nivel para la vacunación”, escribió en una carta un grupo de anestesiólogos del Hospital Monte Sinaí a los administradores durante el fin de semana.

Los trabajadores de la salud dijeron que los rumores se difundieron a través de grupos de WhatsApp y en conversaciones en el quirófano. Han comenzado a circular historias sobre un cirujano plástico que logró que lo vacunaran antes de tiempo, con dosis que un hospital en Manhattan quería desechar debido a una mala planeación. En chats grupales, médicos debaten ahora sobre cómo (y si deberían) intentar ser vacunados antes de tiempo.

En el Hospital Monte Sinaí, algunos médicos les dijeron a otros que podían lograr recibir una vacuna tan solo al formarse en la línea y repetir que hacen “procedimientos relacionados con la COVID”, recordó un médico de esa institución, quien solicitó anonimidad por temor a represalias.

Un médico en el Hospital Infantil Morgan Stanley dijo: “Claramente, estamos decididos a pasar por encima del otro por ella”.

Muchos de los rumores no han resultado ciertos. Aun así, ilustran una creciente desconfianza y una actitud de “sálvese quien pueda”, dijo otro médico de Monte Sinaí.

Trabajadores de la salud, así como residentes y empleados de asilos forman la que se llama Fase 1 del plan de distribución de la vacuna del estado de Nueva York. Alrededor de dos millones de personas están en ese grupo y la asignación inicial de la vacuna en el estado muy probablemente significa que la Fase 2, que incluye a los trabajadores esenciales, no comenzará sino hasta finales de enero. (La distribución general quizá comience hasta el verano, según han dicho funcionarios).

No obstante, el estado prácticamente ha dejado que cada institución de salud cree su propio plan de vacunación durante la primera fase. La primera semana de vacunaciones, muchos hospitales eligieron a una amplia variedad de trabajadores de la salud (enfermeras, médicos, empleados de limpieza) de las salas de urgencias y unidades de terapia intensiva para ser los primeros en sus instituciones en recibir la vacuna. Sin embargo, durante los días posteriores a las celebraciones que acompañaron a las primeras inyecciones, los ánimos en los hospitales han cambiado.

Cuando se le preguntó sobre los trabajadores que se infiltran en la fila de la vacuna en el Hospital Infantil Morgan Stanley, la institución dijo en un comunicado: “Estamos orgullosos de haber vacunado a miles de empleados que están en contacto con pacientes en poco más de una semana y continuaremos haciéndolo hasta que todos reciban una vacuna. Estamos siguiendo todos los lineamientos del Departamento de Salud del estado de Nueva York sobre la prioridad de la vacuna, con nuestro enfoque inicial en el personal de la unidad de terapia intensiva y el departamento de urgencias y un acceso equitativo para todos”.

Aun así, el Times entrevistó a cuatro trabajadores de salud en el Hospital Infantil Morgan Stanley, los cuales expresaron resentimiento contra colegas y consternación de que los administradores del hospital hayan permitido que el sistema de distribución de vacunas tuviera este retroceso.

En algunos lugares, médicos y enfermeras que trabajan en unidades dedicadas a la COVID-19 no fueron incluidos en el grupo prioritario.

Ivy Vega, una terapeuta ocupacional que ha estado tratando a pacientes con COVID-19 en otro hospital presbiteriano de Nueva York, el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, dijo que se sentía cada vez más frustrada al esperar a ser vacunada mientras otros recibían la inyección. Recibió su primera dosis el miércoles.

“Ha habido un sentido de compañerismo, que es lo que nos ha ayudado a continuar durante la pandemia”, dijo. “Y ahora esto que deberíamos estar celebrando, la llegada de esta vacuna tan anticipada, se está convirtiendo en una rivalidad. Existe competitividad, escepticismo y desconfianza”.

En el Hospital Infantil Morgan Stanley, algunas enfermeras dijeron que todavía no habían sido vacunadas una semana después de que la vacunación comenzó.

“Pienso que lo triste es que las personas están comenzando a volverse unas contra otras”, dijo un médico que trabaja en el hospital. “¿Honestamente puedes decir que este asistente la merece antes que yo? No, pero nadie la merece antes que otra persona”.

Otro médico que trabaja en una unidad de terapia intensiva en el hospital infantil recordó una escena de la semana pasada: un grupo de miembros del personal caminaban con largos y energéticos pasos hacia los elevadores, donde se encontraba una estación de vacunación. Uno de ellos incluso explicó al pasar que estaban en camino a obtener la vacuna.

“Era una ‘ley de la selva’”, dijo el doctor, quien pidió conservar su anonimato por temor a represalias del hospital.

Albanese, el director de operaciones del hospital infantil, habló sobre esta “ley de la selva” en el correo electrónico, al culpar al equipo de vacunación por no limitar las vacunas a las personas en su lista.

“Necesitamos dar prioridad a los equipos con el mayor riesgo”, escribió.

En el Hospital Monte Sinaí en Manhattan, la distribución de la vacuna se ha desarrollado a vista de todos en el atrio del hospital, que los miembros del personal cruzan durante la jornada laboral o visitan para comer un refrigerio o tomar un café. Muchos médicos y enfermeras dicen que se asomaban para ver qué personas estaban formadas en la fila y si estas encajaban con las recomendaciones del gobierno sobre quiénes debían tener la prioridad.

“A pesar de nuestras estrictas políticas y procedimientos de vacunación, estamos conscientes de un puñado de acusaciones de casos inapropiados”, dijo el Monte Sinaí en un comunicado. “Debido a la confidencialidad, no podemos hablar sobre ningún tema específico; sin embargo, cualquier acusación de algún paso en falso será investigada de manera apropiada y exhaustiva”.

El fin de semana pasado, anestesiólogos, que han desempeñado un papel crucial en la atención a los pacientes más enfermos durante el brote en Nueva York, se quejaron de que habían observado a otros ser vacunados antes que ellos.

Eso llevo a la carta anónima enviada a los administradores del hospital.

“El límite se rebasó cuando atestiguamos que se administraban vacunas, al parecer de manera aleatoria, a empleados que no eran parte de la cohorte originalmente planeada”, se leía en la carta, la cual fue enviada en nombre de “miembros preocupados del personal” del departamento de Anestesiología, Perioperatorio y Medicina del Dolor. Politico fue el primer medio en informar sobre la carta.

En entrevistas, varios anestesiólogos en el Monte Sinaí señalaron que sus colegas en otros hospitales ya habían sido vacunados.

Los anestesiólogos dijeron que esperaban desempeñar un papel importante en la segunda ola si las hospitalizaciones seguían aumentando y en días recientes algunos en el departamento han sido vacunados.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company