Trabajadoras sexuales peruanas organizan olla común para sobrevivir bajo pandemia

Carlos MANDUJANO
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La peruana Lidia Portales, presidente de "Miluska Vida y Dignidad", una asociación local de protección de las trabajadores sexuales, y su colega Susi, preparan comida en una cocina comunal para trabajadoras sexuales en el centro de Lima, el 28 de mayo de 2020

La peruana Lidia Portales, presidente de "Miluska Vida y Dignidad", una asociación local de protección de las trabajadores sexuales, y su colega Susi, preparan comida en una cocina comunal para trabajadoras sexuales en el centro de Lima, el 28 de mayo de 2020 (AFP | Sergi Rugrand)

Sin posibilidad de ganarse la vida durante los casi tres meses de confinamiento ordenado por la pandemia del coronavirus, trabajadoras sexuales peruanas han organizado una olla común para poder sobrevivir con sus hijos.

"Tenemos 70 platos que vamos a hacer martes, jueves y sábado, porque la mayoría de las chicas trabajan en la calle y no tienen ahorita" trabajo y "no hay" dinero, dice a la AFP Lidia, coordinadora de trabajadoras sexuales en el centro de Lima.

Si los hijos pequeños de estas mujeres no comen "la mamá se desespera, y tengo tres chicas que han dado a luz ahorita en esta cuarentena", agrega esta mujer de 61 años que integra la red peruana de trabajadores sexuales Miluska Vida y Dignidad.

En una centenaria casona del centro histórico de Lima, un puñado de prostitutas preparan en enormes ollas decenas de raciones de comida para sus colegas y sus familias, que enfrentan una angustiante situación económica por el confinamiento nacional obligatorio, en vigor desde el 16 de marzo.

Con mascarillas rojas las mujeres llegan cargando en brazos a sus hijos. Algunas sobre zapatos con tacos altos.

"Mi organización, nuestra organización, la organización de todas, es Miluska Vida y Dignidad", dice a la AFP Leida Portal, de 53 años, presidenta de esta agrupación que lucha contra la criminalización y la violencia contra los trabajadores sexuales en Perú y defiende su acceso a la salud.

"Tenemos casos extremos de mujeres que trabajaban en los burdeles y prostíbulos. Ahora están cerrados, ¿qué hacen ellas? ¿cómo pueden mantener a su familia?", agrega.

"Hay compañeras que tienen sus cuartitos y viven con sus pequeños, ellas vendrán para llevar comida para sus niños y para ellas. Después hay otras compañeras de otros sitios que vienen a trabajar a las calles que también van a venir a llevar su comida", añade Leida.

Perú, con 33 millones de habitantes, es el segundo país con más casos de coronavirus (más de 183.000) en América Latina, detrás de Brasil. En decesos (más de 5.000) es tercero, después del gigante sudamericano y México.

- "Un poquito de comida" -

Además de la olla común, la agrupación ha estado repartiendo víveres en varios distritos de la capital peruana, con fondos provenientes de donaciones y de la venta de mascarillas y jarabes elaborados por las mismas socias.

Miluska Vida y Dignidad, fundada en 2004, presta ayuda a cerca de un millar de trabajadoras sexuales de Lima. Está afiliada a una Plataforma Latinoamericana de Trabajadoras Sexuales y el Fondo Paraguas Rojo.

La prostitución es legal en Perú, siempre que la ejerza una persona adulta, pero la ley castiga la explotación de personas con fines sexuales o proxenetismo, así como la trata de personas, un delito que afecta principalmente a mujeres pobres de las zonas andinas y amazónicas del país.

Aunque su trabajo es legal, las trabajadoras sexuales no escapan al estigma social en un país considerado conservador.

Leida Portal explica que sus compañeras se arriesgan a contraer el coronavirus o a ser detenidas por infringir el confinamiento si salen a trabajar en medio de la pandemia.

"La policía nos está llevando presas, cuando trabajamos nos ponen infracciones [por infringir la cuarentena] y nos piden pruebas covid", se queja.

Pero con familias que alimentar, muchas no tienen alternativa.

"Si salen a trabajar se van a exponer y van a exponer a su familia también. Entonces hay decretos que ha puesto el Gobierno, los estamos respetando los decretos, pero ¿quién respeta los estómagos de nuestros hijos?", dice Leida.

Cuenta que una de sus colegas, que estaba embarazada, murió por coronavirus. Leida no pudo retirar el cuerpo, para darle sepultura, porque las autoridades exigían que esa gestión la cumpliera un familiar.

"Tengo compañeras con tuberculosis, tengo compañeras con VIH ¿Qué hago con ellas? ¿Qué les puedo decir a ellas? '¿No tengan hambre?' '¿Que no salgan?' No les puedo decir eso, no les puedo decir nada. Solamente de alguna manera tapar eso con un poquito de comida", dice la mujer.