El trágico final de 19 minutos del buque que sacudió al Río de la Plata y dejó decenas de muertos

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El Ciudad de Buenos Aires podía trasladar a 720 pasajeros
El Ciudad de Buenos Aires podía trasladar a 720 pasajeros

19 minutos. Eso le llevó al buque Ciudad de Buenos Aires hundirse en el mal llamado “mar dulce”, mejor conocido por estos tiempos como Río de la Plata. Moderno para la época, podía trasladar hasta 720 pasajeros. El 27 de agosto de 1957 el barco cubría la ruta entre el Puerto de Buenos Aires y Colón, en Entre Ríos. En el medio, una parada en Concepción del Uruguay.

El gigante del agua medía 110 metros y había zarpado a las 17 horas de la Dársena porteña Sur y se dirigía a la primera posta entrerriana, Concepción, a la que debía llegar a las 8 AM del 28 de agosto , la mañana del día siguiente.

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A bordo iban 78 pasajeros de primera clase, 63 de tercera y un total de 89 tripulantes. Todo parecía transcurrir con total normalidad, dado que el mando del buque lo tenía el prestigioso capitán salteño Silverio Leovigildo Brizuela, quien había recorrido durante más de 36 años las corrientes del Río de la Plata y del Uruguay.

Pasajeros embarcando en Buenos Aires
Pasajeros embarcando en Buenos Aires


Pasajeros embarcando en Buenos Aires

A su vez, el Ciudad de Buenos Aires había sido inicialmente un barco nocturno que cubría la ruta Buenos Aires-Montevideo, por lo que estaba acostumbrado a recorrer senderos fluviales en la oscuridad de las aguas.

Pero, según especifican los documentos históricos sobre el hecho, aquella noche se empezó a cerrar por la niebla y la visibilidad se redujo a cero. Mientras algunos pasajeros caminaban por los rincones de la nave después de cenar y otros se acostaban para dormir durante el resto del recorrido, el buque se enmarañaba en una enorme complicación que acabó en un dramático final.

Mormacsurf, el carguero que se convirtió en pesadilla

Pasadas las 22:00, el buque argentino se acercaba al canal principal del Río de la Plata y superaba la desembocadura del Paraná Guazú, cerca de la Isla uruguaya Juncal, mientras que el carguero estadounidense Mormacsurf se movía desde Rosario en dirección hacia Buenos Aires para completar su carga y dirigirse luego a Estados Unidos.

Este último ostentaba unos 152 metros de eslora (de proa a popa) y pertenecía a Moore McCormack Lines, una naviera que había sido fundada en 1913 en Nueva York. Entonces, aunque la niebla no les permitía distinguirse con total claridad, el Ciudad de Buenos Aires y el Mormacsurf se encontraron de proa a proa, dicho de otra forma, cara a cara.

Mormacsurf, el carguero estadounidense, involucrado en la tragedia.
Mormacsurf, el carguero estadounidense, involucrado en la tragedia.


Mormacsurf, el carguero estadounidense, involucrado en la tragedia.

Las leyes de la náutica dice que cuando dos barcos se encuentran frente a frente, ambos deben caer a estribor, es decir, dirigirse a la derecha. Se supone que ambos buques lo hicieron, pero el capitán del Ciudad de Buenos Aires, por alguna razón, después giró a babor (a la izquierda). El Mormacsurf venía cargado, en bajada y a altas velocidades.

El reloj marcaba las 22:45 cuando en el kilómetro 126 del canal principal del río el carguero impactaba en el costado derecho del buque de pasajeros: lo hundió en 19 minutos . Algunos viajeros se lanzaron al agua y otros se tiraron al piso para protegerse pero los chorros que brotaban de los caños rotos comenzaban a invadir cada vez más los rincones de la nave.

Los informes sobre aquella noche dicen que el capitán del Mormacsurf decidió volver a impactar contra el barco vecino para, de alguna forma, cerrar el agujero, impedir que siga moviéndose y acercarlo así a una zona con menor profundidad del canal, pero el buque estaba casi destruido por el primer choque y los esfuerzos, aunque bienintencionados, fueron en vano.

Un final inesperado

Lo sucedido en la oscuridad del 27 de agosto de 1957 fue bautizado como “ tragedia del Río de la Plata ”, dado que allí murieron 65 personas, entre viajeros y tripulantes, sin contar los desaparecidos o los bebés, que en ese entonces no se incluían entre los pasajeros. Por eso, las cifras extraoficiales calcularon un centenar de fallecidos.

Una de las habitaciones del Ciudad de Buenos Aires
Una de las habitaciones del Ciudad de Buenos Aires


Una de las habitaciones del Ciudad de Buenos Aires

En cuanto al prestigioso capitán Brizuela, un sobreviviente señaló que asistió a varias personas, pero luego se dirigió a su camarote y no se lo vio más, lo que despertó las sospechas sobre un posible suicidio. Algunos testimonios hablan de un disparo con un revólver.

Para asistir a las víctimas, comenzaron a llegar a la zona lanchas desde San Fernando, San Isidro, Tigre, Campana, Zárate y Carmelo. Además, se acercaron el rastreador Drummond y los remolcadores Pancho y Don Pablo.

Sin embargo, las tareas de salvataje se hicieron aún más difíciles debido a la noche cerrada. Los testigos cuentan que no todos murieron ahogados, sino que algunos lo hicieron también por el violento impacto del carguero estadounidense.

Asimismo, trascendió después que el Ciudad de Buenos Aires no estaba preparado como debía para un accidente de este tipo. El barco había sido pintado poco tiempo antes, por lo que los salvavidas y los botes habían quedado pegados a la nave, lo que dificultaba su extracción y uso en semejante momento de desesperación. La tripulación tampoco tenía los conocimientos sobre cómo proceder.

Lo que se veía del Ciudad de Buenos Aires, hundido
Lo que se veía del Ciudad de Buenos Aires, hundido


Lo que se veía del Ciudad de Buenos Aires, hundido

Todo esto generó un importante debate sobre la seguridad en la navegación , como cada vez que se produce una tragedia de transporte a nivel local o en el mundo. En Argentina, se abrió una investigación al respecto y se comprobó que los capitanes no estaban en sus puestos al momento del choque.

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La noche del 27 de agosto de 1957, el Río de la Plata y las urbes que lo rodeaban no durmieron. Mientras la búsqueda avanzaba, el Ciudad de Buenos Aires yacía partido por la mitad y de él asomaban sobre la superficie dos palos, la pantalla del radar y el recuerdo de quienes se hundieron para siempre en el agua.

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