La Toscana y otras regiones italianas, convertidas en meca del turismo de bodas

Elisabetta Piqué

Pueblo amurallado de San Gimignano, en la provincia de Siena, en la región Toscana.

ROMA.- Aunque los italianos se casan cada vez menos, su país se convirtió en los últimos años en una meca de cientos de parejas que viajan desde el exterior para dar el sí, al elegir locaciones soñadas en antiguos castillos, palacios o iglesias.

Más allá de los casamientos de ricos y famosos como George Clooney y Amal Alamuddin -que eligieron la espectacular laguna de Venecia para el rito mediático en 2014- o Tom Cruise y Katie Holmes -que en 2006 optaron por los muros medievales del castillo Odescalchi, en el pueblo de Bracciano-, cientos de parejas no tan conocidas deciden concretar su enlace en la "bella Italia".

Se trata de un negocio en auge, llamado wedding tourism, que mueve 440 millones de euros por año con unos 8000 eventos -entre matrimonios civiles o religiosos, o ceremonias simbólicas-, según datos de 2016 elaborados por el Centro de Estudios Turísticos de Florencia.

Un artículo titulado "La fábrica de los matrimonios", publicado por el Corriere della Sera, recordó que, en verdad, casarse en Italia es una tendencia que se remonta a varias décadas. "En 1949, en Roma, se casaron Tyrone Power y Linda Christian, célebres estrellas de la época. Todo el mundo, a través de la televisión y las revistas, descubrió la Italia de la posguerra y la identificó enseguida como el lugar perfecto en el cual unirse para siempre, o casi siempre", explicó Bianca Triusiani, experta en wedding destination.

Más allá de que es común ver a parejas de novios posando en lugares emblemáticos de Roma -en los Foros Imperiales, el Vaticano, la Plaza de España o el castillo Sant'Angelo-, ahora la tendencia es salirse de las ciudades normalmente "sofocadas" por turistas (como la capital, Florencia y Venecia). La opción es casarse en pueblos menos conocidos, pero igual de fascinantes, algo que ayuda a descongestionar y redistribuir los flujos de turistas matrimoniales.

En este marco, con el 31,9% de los casamientos, es la región de la Toscana la primera en el ranking. Conocida en todo el mundo por ciudades como Florencia, Pisa, Lucca y Siena, pero también por sus antiguos pueblos medievales en campiñas tapizadas de olivares y viñedos, atrae a novios de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Holanda, China y otros países.

En Certaldo, un pueblo cercano a Florencia famoso por ser cuna de Giovanni Boccaccio (1313-1375), uno de los padres de la literatura italiana, en primavera llegan a celebrarse hasta cuatro matrimonios por día; el 80% son de extranjeros. Hace un año la comuna decidió organizarse: juntó a fotógrafos, camarógrafos y vestuaristas -hay quienes deciden casarse vestidos con trajes medievales- y creó "Certaldo Wedding", un equipo para las crecientes demandas de los novios. "No es una Disneylandia de los casamientos, porque la naturaleza del pueblo queda intacta y no permitimos escenografías al estilo Las Vegas", precisaron desde la comuna.

En Sirmione, un pueblo en la provincia de Brescia (norte) famoso por su casco antiguo, ruinas romanas y castillo medieval, también se organizaron. Después de haber sido la locación de un reality show que se transmitía en un canal nacional en China, Sirmione fue invadido por miles de chinos que quieren dar el sí en este lugar.

Algo parecido pasó en la región de Puglia (Apulia), en el sur, que en los últimos años desplazó en el verano a la isla de Cerdeña como meta del jet-set internacional, especialmente ruso.

"Después de que un artista paquistaní hizo en Puglia un videoclip que se hizo viral, esta región del país se volvió uno de los destinos más importantes para los casamientos de hindúes y paquistaníes", contó a LA NACION la organizadora de eventos Rossana Riefoli.

"Nunca me olvidaré de un casamiento que preparamos para la hija de un empresario paquistaní millonario, con 1000 invitados que llegaron desde todo el mundo. Involucró a cinco o seis pueblos de la región, ya que todos se quedaban a dormir. Hasta trajeron elefantes", agregó Riefoli, que destacó que ese enlace costó millones de euros.

Impacto

Aunque no todo es color de rosa. Más allá del gran negocio de los casamientos, también hay preocupación por su impacto ambiental.

"A veces para los matrimonios hacen arreglos muy a menudo inapropiados, que pueden dañar el ambiente. Por ejemplo, al convertir el jardín que rodea una iglesia de campo en un estacionamiento para los autos de los invitados, algo que desnaturaliza la arquitectura religiosa antigua y su ecosistema", advirtió Maria Rita Signorini, restauradora y presidenta de Italia Nostra, asociación que protege bienes culturales, artísticos y naturales del país.

Otra preocupación es que casamientos demasiado espectaculares, organizados en torno al lugar o al buen restaurante que queda allí cerca, desvirtúen su significado espiritual. Por eso hace unas semanas el arzobispo de Asís, Domenico Sorrentino, al quejarse de que para algunos el matrimonio en esa ciudad "se debe a un motivo estético, porque les gusta una iglesia o el panorama", recordó que casarse en la ciudad de San Francisco "es algo serio".