El supermercado emblema de Texas que salvó a miles tras la brutal tormenta invernal

David Montgomery
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El gobierno estatal enfrenta desafíos para alimentar y proteger a los ciudadanos pero una cadena local de tiendas ha acudido al rescate.

Las estanterías de muchas tiendas tenían poco o ningún inventario; especialmente escaseaba el agua. (Christopher Lee/The New York Times)
Las estanterías de muchas tiendas tenían poco o ningún inventario; especialmente escaseaba el agua. (Christopher Lee/The New York Times)

AUSTIN, Texas — La semana pasada había sido una pesadilla. Una tormenta invernal, una de las peores que han afectado a Texas en una generación, dejó a Lanita Generous sin electricidad, calefacción ni agua en su casa. La comida que había almacenado en la refrigeradora y el congelador se había echado a perder. Solo le quedaban cinco botellas de agua.

“Nunca me había sentido tan impotente”, dijo Generous, redactora de textos publicitarios.

Pero el domingo, cuando el sol brillaba y el hielo se descongelaba en Austin, Generous hizo lo mismo que muchos texanos que necesitaban urgentemente comida, agua y una sensación de normalidad: fue a H-E-B.

“Han sido muy buenos”, dijo y agregó con un poco de hipérbole: “Si no hubiera sido por el pan y la mantequilla de maní, habría muerto en mi apartamento”.

H-E-B es una cadena de supermercados. Pero también es más que eso. La gente compra camisetas que dicen “H-E-B para Presidente”, y publican videos en TikTok en los que declaran su amor a la tienda, como la mujer que toma un pequeño ramo de flores que le entregó una empleada: “Ojalá tuviera un novio como H-E-B. Siempre está ahí. Me da flores. Me da de comer”.

La tormenta y su devastación han puesto a prueba una noción de independencia muy arraigada en Texas, la sensación de que los texanos y sus empresas pueden arreglárselas solos, sin la intromisión de extraños ni los grilletes de la regulación.

La ideología es evidente en la decisión de Texas de contar con una red eléctrica propia, una que fue empujada al borde del colapso por la tormenta y fue una fuente de enojo cuando millones se quedaron sin electricidad durante lo peor de la onda gélida.

Pero para muchos texanos, H-E-B refleja las formas en que el espíritu inconformista del estado puede florecer: fiable durante las visitas de rutina, pero sobre todo en tiempos de desastre, y la creencia de que una cadena familiar —con la gran mayoría de sus más de 340 locales dentro del estado — ha tomado la decisión consciente de mantenerse arraigada a la idea de ser un buen vecino.

“Es como si H-E-B fuera el centro moral de Texas”, dijo Stephen Harrigan, novelista y periodista que vive en Austin. “Parece haber en nuestro estado una falta de liderazgo real, una falta de eficiencia real, a nivel político. Pero a nivel empresarial, cuando se trata de una tienda de comestibles, todas esas cosas están en su sitio”.

A medida que aumentaba la frustración entre los residentes atrapados en sus casas sin electricidad ni agua, algunos empezaron a comentar, medio en broma, que H-E-B debería hacerse cargo de la situación. La cadena se ha hecho conocida por su destreza logística, al responder a la pandemia de coronavirus y a los huracanes con reservas de agua y suministros de emergencia listos para distribuir. “Muchos texanos ven a H-E-B casi como una rama de facto del gobierno”, escribió en su columna Greg Jefferson, editor de negocios de The San Antonio Express-News.

Alimentos de la marca H-E-B en un centro de distribución establecido por el Banco de Alimentos de San Antonio. (Christopher Lee/The New York Times)
Alimentos de la marca H-E-B en un centro de distribución establecido por el Banco de Alimentos de San Antonio. (Christopher Lee/The New York Times)

Los trabajadores de los supermercados en general también han encontrado un nuevo nivel de reconocimiento, ya que su trabajo ha demostrado ser aún más esencial durante la pandemia.

H-E-B emitió un comunicado el domingo en el que decía que su atención seguía centrada en las operaciones después de la tormenta, y señalaba que el clima había sido “increíblemente difícil” para sus empleados, así como para el resto del estado.

“Hemos sido testigos de las tremendas acciones llevadas a cabo por los socios de H-E-B para mantener nuestras operaciones en funcionamiento y así poder atender a nuestros clientes, y a los más vulnerables”, decía el comunicado refiriéndose a sus empleados, y añadía que la compañía había trabajado con funcionarios estatales y locales.

“Estamos particularmente agradecidos por los trabajadores de los servicios públicos en Texas que trabajaron con valentía y diligencia durante la tormenta para devolver el agua y la energía a los texanos”.

La lealtad a las marcas es a menudo algo más que el producto; puede ser un medio para que los consumidores manifiesten sus posturas sobre cuestiones políticas o sociales. Sin embargo, H-E-B refleja otra forma de identificación de principios, que a menudo supera la raza, la clase, la religión, el género o la orientación sexual: es una muestra de identidad texana.

H-E-B pertenece a un tipo de empresas que los texanos identifican instantáneamente con su estado de una manera que trasciende el comercio, especialmente para los expatriados fuera del estado. Está la cadena de comida rápida Whataburger, los helados Blue Bell y las gigantes tiendas de conveniencia Buc-ee’s. Más de un texano en Nueva York ha visto una bolsa de rayas naranjas de Junior’s Cheesecake y ha tenido la impresión (equivocada) de que alguien se ha subido al tren E con una Whataburger.

H-E-B —su nombre deriva de las iniciales del hijo del fundador, Howard E. Butt Sr.— ha conseguido congraciarse con los clientes vendiendo bolsas de edición limitada para celebrar a Selena, la cantante texana a la que todavía se llora 25 años después de su muerte, y chips de tortilla con forma de Texas que los texanos en el extranjero piden a sus familiares.

Pero algunos sostienen —con mucha efusividad— que el afecto por H-E-B es algo más que eso. Ha surgido de los lazos que se han fortalecido a medida que las tiendas se han convertido en parte establecida en las vidas y comunidades de sus clientes, ofreciendo precios asequibles, buenos empleos y apoyo a programas escolares y bancos de alimentos.

“Conocen a sus clientes y eso se recompensa”, afirma Leigh McAlister, profesora de marketing de la Universidad de Texas, autora del libro Grocery Revolution y cliente habitual de una de las tiendas gourmet de H-E-B, Central Market, en Austin. “Tengo la sensación de que cuando entro en una tienda H-E-B, están intentando averiguar cómo hacer mi vida maravillosa”.

“Eso es lo que hemos llegado a esperar de H-E-B”, añadió la profesora McAlister. “Lo hacen de corazón y son buenos en logística. Si sus texanos necesitan agua, ellos pueden dársela, porque son sus texanos los que tienen sed”.

En lugar de extender su huella a medida que crecía, H-E-B ha echado raíces más profundas, permaneciendo casi por completo dentro de las fronteras estatales. (La cadena tiene tiendas en México). La empresa, que se fundó en 1905 como una pequeña tienda de comestibles en la ciudad de Kerrville, en Hill Country, tiene ahora 100.000 empleados. La cadena ha sido capaz de hacer frente a un negocio difícil y mantenerse a flote mientras sus competidores, como Walmart y Kroger, han invadido su terreno.

“Es local, y yo soy local”, dijo Juan Morales, de 74 años, mientras cargaba bolsas en el asiento trasero de su Chevy Impala en San Antonio. Su esposa, Josie, señaló que la pareja lleva comprando en H-E-B desde que se casaron: 50 años.

Gina Loera, de 61 años, fue en bicicleta a una tienda cercana al centro de San Antonio con su perra, Sandy, que iba en una cesta y lucía gafas de sol. “Es una institución de Texas”, dijo.

Su marido, contó, trabaja en un almacén de H-E-B, cargando camiones. “Hacen mucho por la gente de Texas”, dijo Loera. “También son buenos con sus empleados: buenos aumentos, buena atención médica. También tienen sus propios médicos, sus propias clínicas aquí en la ciudad”.

Brock Sol dijo que se sintió atraído por la tienda por los precios. “No tengo casa, así que es difícil encontrar cosas baratas para comer”, dijo Sol, de 43 años. “Hay que comprar cosas fáciles de abrir. No me gusta ir a las tiendas de conveniencia porque son muy caras”.

Aun así, reabastecerse después de la tormenta ha sido difícil.

“Había que venir temprano y venir una y otra vez”, dijo Robert Díaz, de 64 años, después de salir de una tienda. “Seguían reponiendo la tienda en cuanto llegaban los camiones. La gente se llevaba todo”.

Las estanterías de muchas tiendas estaban escasas de inventario, si no totalmente vacías, especialmente de agua. En una tienda repleta de clientes en el barrio de Las Palmas de San Antonio, los avisos advertían que la gente solo podía llevarse dos galones de agua. “Los límites son temporales y necesarios para que tú y tus vecinos encuentren los productos que necesitan”, decía un cartel.

Lala Bayramov se presentó en la tienda en una búsqueda desesperada de un pastel para el primer cumpleaños de su hijo. “Ahora mismo, solo busco cualquier pastel”, dijo mientras caminaba hacia la tienda desde el estacionamiento.

Unos minutos después, salió con uno. Era pequeño y sencillo, solo con glaseado blanco. Pero era exactamente lo que necesitaba.

David Montgomery reporteó desde Austin, Rick Rojas desde Nashville, y Giulia McDonnell Nieto del Rio desde San Antonio. James Dobbins colaboró con reportería desde San Antonio.

Rick Rojas es un corresponsal nacional que cubre el sur de Estados Unidos. Ha sido reportero del Times desde 2014. @RaR

Giulia McDonnell Nieto del Rio es becaria de cobertura nacional. Anteriormente reportó desde su ciudad natal, Los Ángeles, así como desde Nueva York y Washington. @GiuliaMcDonnell

David Montgomery reporteó desde Austin, Rick Rojas desde Nashville, y Giulia McDonnell Nieto del Rio desde San Antonio. James Dobbins colaboró con reportería desde San Antonio.

This article originally appeared in The New York Times.

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