Tony Parker, Antoine Griezmann, Michael Owen, Arturo Vidal y Michael Phelps, cinco estrellas del deporte mundial rendidas a la magia del turf

Carlos Delfino
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Tony Parker fue basquetbolista y tiene cuatro anillos de la NBA. Michael Owen se lució en el fútbol europeo y fue el primer Balón de Oro de este siglo. Antoine Griezmann levantó la Copa del Mundo con la selección francesa en Rusia 2018. Arturo Vidal es el símbolo de la época más gloriosa del combinado chileno, ganador de dos Copas América consecutivas. Michael Phelps fue una máquina de colgarse medallas de oro en los Juegos Olímpicos nadando tan rápido como un Tiburón. A ellos los une la gloria y una pasión que ha ido a la par de sus hazañas: los caballos de carrera.

Tony Parker

Tony Parker, el excompañero de Manu Ginóbili, se convirtió en propietario de caballos de carrera tras dejar el bàsquetbol
Fuente: Archivo - Crédito: NBA

El exbasquetbolista francés Tony Parker festejó el 28 de agosto pasado el primer triunfo de uno de sus purasangres. El turf es la pasión que encontró el excompañero de Manu Ginóbili fuera de las canchas tras su retiro en junio de 2019 y pronto comenzó a darle satisfacciones en su tierra.

Parker, multicampeón con San Antonio Spurs en la NBA, no estuvo presente en Clairefontaine cuando venció por cinco cuerpos y medio Best Win, pero lo festejó siguiendo la carrera de 2400 metros que hizo su potranca a través de su teléfono móvil, en medio de la pandemia.

Fue la primera vez que alguno de sus caballos compitió con la chaquetilla diseñada por él mismo: la combinación blanca y negra tiene relación directa con la franquicia en la que fue una estrella y el estreno de los colores que identifican a su establo resultó inmejorable. Lloviznaba aquella tarde.

Muy vinculado al Lyon Villeurbanne, entidad de la que es accionista, Parker descubrió las carreras gracias a Valéry Demory, un exjugador y actual entrenador de la selección femenina del club, a quien le apasionan. Así, Parker conoció al joven y exitoso cuidador Ludovic Gadbin, instalado en Nort-Sur-Erdre. El preparador, en franco ascenso luego de una etapa como asistente, no sólo no ha fallado en su relación con el nuevo célebre propietario sino que Victoria, la mujer de Gadbin, es socia del exbase.

Antoine Griezmann

Fue en 2018 cuando otro francés, el futbolista Antoine Griezmann, adquirió por 220.000 euros su primer caballo de competición, Tornibush. El potro logró el primero de sus seis triunfos (dos de ellos en pruebas clásicas) en su cuarta presentación, con una particularidad: fue la primera carrera en la que el jockey que lo condujo lució la vestimenta negra con estrellas rosas de GriziGalop, el primer nombre que adoptó la caballeriza de los Griezmann, en tiempos en los que jugaba en Atlético de Madrid.

Nacido en un país en el que funcionan decenas de hipódromos y conserva vigente su rica historia hípica, el goleador creó junto a su padre, Alain, una cabaña de cría en Macon, la ciudad en la que nació y creció. Écurie Griezmann es el nombre con la que bautizaron al establo en el que invirtió inicialmente 100.000 euros y que, con el transcurrir de los meses, amplió el equipo de trabajo y donde sumaron ejemplares que tendrán su sello también para las pruebas de trote.

Cada vez que regresa a la casa en la que se crio y todavía vive su familia, el futbolista pasa las tardes tomando mate junto a los empleados en el stud, admirando a sus corceles. De chico, su padre lo llevaba a ver las carreras. Se entusiasmó y de grande cumplió el sueño de tener los SPC propios. Alguna vez aventuró en una entrevista que cuando cuelgue los botines, cuidar caballos aparece entre las opciones que lo atraen.

Mientras tanto, los ve crecer, los bautiza -con nombres como Princesa, en honor a su hija Mía, o Bombilla, por su fanatismo por el mate- y, cuando sus compromisos en Barcelona (y desde el año pasado la pandemia) se lo permiten, va a verlos competir, principalmente en las pistas francesas.

Michael Owen

Ídolo en Liverpool, Balón de Oro en 2001 y con pasado futbolístico además en Real Madrid, Newcastle, Manchester United y Stoke City, el inglés Michael Owen entregó su última imagen como deportista en 2017 como jockey, a los 37 años. Tras su retiro a los 33, sintió un vacío profundo cuando se encontró sin las rutinas que tenía desde la adolescencia y se propuso cumplir el sueño de correr una carrera.

En 2007, seis años antes del retiro, ya había creado Manor House Stables, la caballeriza que le dio grandes satisfacciones... y alguna tristeza por la lesión de su caballo preferido, Brown Panther, que se adjudicó el Irish St Leger (G1) de 2014 y sufrió una fractura cuando al año siguiente se preparaba para intentar reeditar la hazaña. Ya sin el rigor de las concentraciones, Owen se enfocó en tener un campo y criar purasangres, con expectativas de producir campeones y correr alguna vez.

En marzo de 2017 anunció que competiría en una prueba benéfica en Ascot, el Wembley de los hipódromos británicos, e inició su preparación: bajó 10 kilos; utilizó por semanas un caballo mecánico para que Ryan Moore, uno de los mejores jockeys de su tierra, le enseñe las claves para montar, enriendar y acompañar los movimientos, y se convenció de animarse pese a una media docena de caídas y golpes menores cuando salió a las pistas de vareo.

Aquel viernes 24 de noviembre fue parte de esa carrera no computable sobre una milla de césped en la que participaron otras nueve celebridades europeas. La recaudación fue destinada a "The Prince's Countryside Fund", una fundación cuya misión es ayudar a las personas que viven en comunidades rurales. Owen eligió a uno de los dos caballos que tenía en entrenamiento en ese momento, el tordillo Calder Prince, y se prestó a la aventura.

"Fue como jugar unos cuartos de final de un Mundial contra Brasil. Parece fácil, pero son los jockeys los que hacen que se vea fácil. No sé si podré hacerlo otra vez", dijo al bajarse, luego de haber llegado segundo. Michael no volvió a intentarlo, pero sigue criando, esa pasión que se hizo tan fuerte como lo eran sus ganas de jugar al fútbol.

Arturo Vidal

El futbolista chileno Arturo Vidal se ha mostrado más de una vez montando un caballo, pero siempre han sido los de andar. Le apasionan los de carrera, pero en su rol de propietario, algo en lo que los resultados lo acompañaron tanto en sus inicios que en 2018 compró un campo en San Clemente, al sur de Santiago de Chile, y se puso a criar.

Fue una reinversión, en realidad, luego de haber llegado a contar con más de 50 animales en su caballeriza, el Stud Alvidal, representado en las pistas con una chaquetilla verde con una cruz blanca. Esos colores identificaron el paso por los hipódromos trasandinos de Il Campione, ganador de ocho de sus 10 carreras en Chile entre 2014 y 2015, incluidos cuatro de los grandes premios más importantes del calendario, y vendido a los Estados Unidos en dos millones de dólares, la venta más cara de la hípica chilena según los medios de ese país.

King Arturo había comprado la mitad en unos 140.000 cuando era un potro sin experiencia. En su campaña le reportó ganancias por más del doble de esa cifra y al comercializarse le dejó el 45% de lo que se lo pagó cuando nadie podía dar fe de su capacidad, más allá de la ilusión que generaba por su pedigree. Agradecido, Vidal tomó el nombre de su crack para bautizar a su cabaña, el haras Il Campione.

Otro detalle: tras su corto paso por la hípica norteamericana, Il Campione volvió a Sudamérica en 2017, pero a la Argentina, para ser padrillo en el haras El Paraíso, y sus hijos comenzarán a correr este año.

"De mis caballos aprendí que la fuerza se complementa con la nobleza y la lealtad", es una de las frases de cabecera del mediocampista, actualmente en Inter de Italia. En la vieja normalidad, cada vez que viaja a jugar con su seleccionado aprovecha el día libre para ir al stud o a las carreras, y sigue la jornada desde un palco. No olvida aquellos días en los que faltaba a la escuela primaria, se subía a su bicicleta y pedaleaba 9 km hasta uno de los hipódromos de Santiago, donde darles de comer y limpiar a los caballos le servía para volver a casa con algo de dinero para su propia comida.

Michael Phelps

"En la natación ocurre lo mismo que en el turf. Hay carreras de caballos que consiguen transmitir una emoción artística. Sucede cuando estamos ante un gran campeón, uno que exhibe una naturaleza competitiva singular que le lleva a imponerse de principio a fin, sean cuales sean los desafíos. Su corazón es capaz de superar cualquier prueba. Michael es muy similar a eso", decía Bob Bowman en El País en tiempos en los que Phelps era el mejor nadador del mundo y él, su entrenador principal.

La asociación no era antojadiza. Ellos se habían conocido en 1996 en Baltimore, el Estado en el que se corre el Preakness Stakes (G1), el segundo paso de la Triple Corona de los Estados Unidos. Bowman utilizó durante un tiempo las competencias en los hipódromos como parte del incentivo en la preparación del deportista que más medallas de oro conseguiría luego en la historia de los Juegos Olímpicos.

Phelps creció viendo de cerca cada año el evento excepcional de su ciudad natal, Bowman pasó de ser un criador aficionado a propietario en 2001 y se divirtió ininterrumpidamente en esa condición hasta 2010, y contagió la pasión al nadador. Juntos asistieron al Kentucky Derby de 2009, visitaron algunos establecimientos de cría y para cuando el Tiburón transitaba sus últimos años en la competición, ya la ansiedad por ser parte del mundo de los caballos corría por su cuerpo tan rápido como él en el agua.

En 2012, el nadador y su entrenador se unieron a Team Valor, un criador de primer nivel, en la propiedad de Cerro, un potrillo irlandés que había debutado ganando en Italia y fue llevado a Nueva York meses después. En enero de 2013, el caballo le dio a Phelps su primer éxito como dueño, en Gulfstream Park, y en junio, una medalla clásica, en Pimlico, el hipódromo más cercano a su residencia. El cuidador era Rick Mettee, que se había graduado en Towson High School, la misma escuela secundaria a la que fue Michael. Hasta hoy sueñan con tener un ganador del Preakness.