Tony Oliva, de Corralito a Cooperstown. Mi historia la escribí en Grandes Ligas, pero soy un cubano de corazón

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El pasado 5 de diciembre fue un día histórico para el béisbol cubano cuando el pinareño Tony Oliva y el matancero Orestes Miñoso fueron elegidos por el Comité de Veteranos de la Época Dorada al Salón de la Fama, en Cooperstown.

Con esta justa decisión, ambos peloteros serán exaltados el 24 de julio de 2022 en el Pabellón de los Inmortales donde unirán sus nombres a los de sus compatriotas Martín Dihigo (1977), Tony Pérez (2000), José de la Caridad Méndez (2006) y Cristóbal Torriente (2006).

Además de los dos antillanos también fueron seleccionados por la Época Dorada el inicialista Gil Hodges y el lanzador Jim Kaat, que junto a Oliva y Miñoso (familia) estarán presentes en Cooperstown con los jugadores que sean premiados por la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA), cuya votación se anunciará el 25 de enero. Los elegibles por primera vez incluyen a David Ortiz, Ryan Howard, Tim Lincecum y Alex Rodríguez.

Oliva, que nació el 20 de julio de 1938 y que fue uno de los mejores bateadores de su época en Grandes Ligas, accedió conversar con el diario el Nuevo Herald desde Minnesota, donde radica, para darnos sus impresiones sobre ese momento memorable y acerca de varios detalles de su carrera.

ENH/ ¿Cómo se siente usted al ser elegido al Salón de la Fama?

TO/ Muy feliz al ver que llegó ese momento que esperaba desde hace mucho tiempo. Pertenecer a Cooperstown es el más alto honor que puede recibir un pelotero de Grandes Ligas. También ha representado algo grande para toda mi familia, mis amigos, los fanáticos, las personas y medios de comunicación que siempre me han apoyado, incluyendo en especial a ustedes en el Nuevo Herald.

ENH/ ¿Cómo fue ese momento en su casa al recibir la noticia?

TO/ Nos habían dicho que de ser elegido nos llamaban a las 4:45 p.m. antes de darse a conocer la noticia por MLB.com. Y si no lo hacían era que no teníamos los votos necesarios. Entonces, cuando a las 4:40 p.m. sonó el teléfono más de 30 personas que estaban conmigo saltamos de alegría. Mi esposa Gordette (Dubois Oliva) me empezó a darme besos en la cabeza, pues llevamos 55 años de matrimonio y desde hace 40 lo esperábamos. Fue algo muy emocionante, todos lloramos.

ENH/ A qué le atribuye el tener que esperar tantos años para ser elegido al Salón de la Fama?

TO/ Se van acumulando muchos nombres con méritos y después los más veteranos pagan las consecuencias pues las nuevas generaciones de periodistas no los vieron actuar. Yo jugué solamente para el equipo de Minnesota y en muchas ocasiones ayuda hacerlo en ciudades grandes como Nueva York y Boston donde son muchos más los periodistas que votan. Algunos dicen que no tuve una carrera larga, pero si no jugué más tiempo fue por una seria lesión que tuve en mi rodilla cuando buscaba atrapar un batazo. Ocurrió en 1971 en Oakland, la temporada donde obtuve mi tercer título de bateo. Hay peloteros con credenciales para ser elegidos y han sido honrados después de morir, al menos en mi caso ha llegado en vida para disfrutarlo.

ENH/ En el momento de ocurrir la lesión aún no había cumplido los 32 años lo que significa que de no ser por dicho accidente sus estadísticas fueran muy superiores, incluyendo la posibilidad de ganar alguna otra corona de bateo. ¿Pudiera explicarnos cómo desarrolló su carrera después de la lesión?

TO/ Luego de este accidente pasé por el quirófano en cinco ocasiones, lo que me restó poder, velocidad y concentración. Tuve que actuar como bateador designado y fui el primero en esta función en conectar un jonrón en 1973.

Aunque en menor nivel cualitativo, logré producir ofensivamente porque mi bateo seguía bueno, pero mis últimas cinco temporadas las jugué apoyándome casi en un sólo pie. En muchas ocasiones ocurrió que la noche antes del juego tenía que inyectarme la rodilla para detener los dolores y en otras me ponía bolsas de hielo en busca de bajar la inflamación para jugar al próximo día. El testigo principal de todo el sufrimiento que pasé es el panameño Rod Carew, mi compañero de equipo. Sin duda, mis estadísticas hubieran sido muy superiores de no haberme ocurrido esa lesión.

ENH/¿Cuáles fueron sus mejores atributos como bateador?

TO/ Yo no fui un jonronero al estilo de Willie Mays y Harmon Killebrew, pero con mis 20 y 30 cuadrangulares que sumaba llegué a 220. Antes de la lesión mi promedio de bateo estuvo en .313 y en mis primeras 11 temporadas superé la marca de .300 en nueve ocasiones. Mis habilidades principales fueron seguridad en el plato, promedio de bateo, conexión fuerte hacia todos los ángulos del terreno lo mismo ante lanzadores derechos que zurdos y producción de carreras.

ENH/ Cuba ha sido una tierra tocada por Dioses del Béisbol desde las épocas de Adolfo Luque, Silvio García y Camilo Pascual en el profesionalismo, hasta llegar a las Series Nacionales con figuras como Braudilio Vinent, Antonio Muñoz, Luis Giraldo Casanova y Omar Linares. ¿Cómo se siente Oliva al ser elegido al Salón de la Fama junto al legendario Orestes Miñoso?

TO/ Orestes Miñoso merecía desde hace bastante tiempo estar en el Salón de la Fama por haber sido la primera estrella de raza negra de Latinoamérica en Grandes Ligas y por tener una brillante carrera en una época de fuerte discriminación racial. Es un honor que mi nombre esté en Cooperstown junto a los de Miñoso, Tony Pérez, José Méndez, Martín Dihigo y Cristóbal Torriente.

ENH/ ¿Considera que Luis Tiant pudiera ser elegido en alguna ocasión al Salón de la Fama?

TO/ Luis Tiant fue uno de los mejores lanzadores de su época. Reúne méritos para estar en Cooperstown al acumular mejores estadísticas que algunos serpentineros que tienen sus nombres en ese recinto. Espero que pronto pueda ser reconocido. Mis mejores deseos para él.

ENH/ ¿Cómo fueron sus inicios en el béisbol?

TO/ Mi padre se llamó Pedro Oliva y todos lo conocían como “Perico’’. Tenía una finca y yo junto a mis hermanos ayudábamos en las labores. Pero él logró crear un pequeño campo de pelota dentro del espacio de la finca y ahí jugábamos juntos con peloticas de goma y trapo, hasta que después fueron mejorando los implementos deportivos. Como mi padre había jugado béisbol me enseñó las primeras lecciones de bateo y a los 16 años de edad ya estaba jugando en el equipo del pueblo con hombres mayores que yo.

ENH/ La sencillez de este pelotero y su amor por la tierra en que nació enamora. Y se demuestra cuando Oliva nos cuenta cómo desarrolló su primera etapa en Estados Unidos y sus visitas a Cuba.

TO/ Inicialmente sólo aspiraba salir del pueblo de Corralito para jugar en el equipo Cienfuegos de la pelota profesional de mi país. Pero un famoso buscador de talento especializado en jugadores cubanos nombrado Joe Cambria aconsejado por un jugador también de Pinar del Río que actuaba conmigo en Los Palacios, Roberto Fernández, me firmó en febrero de 1961 con los Mellizos de Minnesota. Y aunque yo no deseaba abandonar a mi familia, mi padre me convenció en busca de alcanzar el éxito en Grandes Ligas.

Para viajar tuve que utilizar el pasaporte de mi hermano mayor, Antonio, pues yo no tenía documentos oficiales y prepararlos llevaba tiempo. Cuando llegué a los campos de entrenamientos en Fernandina Beach, Florida, había un grupo de casi 30 jóvenes (casi la mitad cubanos) y el cupo era limitado. Me iban a regresar a Cuba, pero debido a los acontecimientos de Playa Girón se detuvieron los viajes entre ambos países. Gracias a Rigoberto Mendoza y Ernesto Velázquez que conversaron con el manager me dieron la oportunidad y las cosas mejoraron.

Los primeros meses fueron muy duros al estar alejado de mi familia y en un país lejano sin conocer el idioma en una etapa donde aún predominaba la discriminación racial. Pero poco a poco logré salir adelante con la ayuda de muchas personas buenas.

ENH/ ¿El momento más feliz de su carrera deportiva y también el más triste?

TO/ Tuve varios momentos inolvidables. Llegar a Grandes Ligas por primera vez, ganar las tres coronas de bateo, conquistar el premio Novato del Año, conectar ocho imparables consecutivos en una doble jornada dominical el 29 de junio de 1969 frente a Kansas City, incluyendo dos jonrones y par de dobletes. Pero recuerdo con mucho cariño cuando en 1965 fuimos campeones de la Liga Americana y jugamos la Serie Mundial. Y otro momento especial fue la noticia del pasado 5 de diciembre cuando fui elegido al Salón de la Fama. La más triste: que mi madre, mi padre, hermanos y hermanas nunca pudieron venir a verme jugar en Grandes Ligas.

El exjugador de los Mellizos de Minnesota, Tony Oliva responde preguntas en una conferencia de prensa con su excompañero de equipo Jim Kaat sobre su elección al Salón de la Fama de Cooperstown, el 6 de diciembre de 2021 en Minneápolis.
El exjugador de los Mellizos de Minnesota, Tony Oliva responde preguntas en una conferencia de prensa con su excompañero de equipo Jim Kaat sobre su elección al Salón de la Fama de Cooperstown, el 6 de diciembre de 2021 en Minneápolis.

ENH/ ¿Cuándo fue su primera visita a Cuba desde su salida hacia Estados Unidos y cómo se sintió?

TO/ Ocurrió en 1972. Me pareció un sueño regresar a Corralito. Ahí no sólo me estaban esperando mi familia, también muchas personas que me conocían desde niño y seguían mis éxitos. Fue algo muy emocionante. Luego he seguido viajando, pues allí radican hermanos y hermanas, además de ser la Cubita donde nací y que amo sin importar que resida desde hace 60 años en Estados Unidos.

ENH/ Existe una anécdota que dice que en uno de sus viajes a Cuba se enfrentó a Braudilio Vinent, considerado el mejor lanzador cubano de esa etapa y entre los mejores de todos los tiempos. ¿Qué nos puede decir sobre ello?

TO/ Sí, fue en prácticas de bateo que se organizaron. No lo conocía, pero mi hermano Juan Carlos Oliva que lanzaba para Pinar del Río y con el equipo Cuba en eventos internacionales me habló muy bien de él. Tiraba durísimo, sus rectas llevaban una velocidad similar a la de los serpentineros más rápidos de Grandes Ligas. Su slider era excelente y tenía bastante control en la zona baja. Le conecte bien en varias ocasiones porque estaba acostumbrado a medirme a lanzadores de ese nivel, aunque también debo admitir que me dominó en otras. Tenía calidad para ser un lanzador estelar de Grandes Ligas y me hubiera gustado tenerlo lanzando con mi equipo de los Mellizos de Minnesota.

ENH/ ¿Podrá Tony Oliva tener la suerte de que su familia radicada en Cuba pueda viajar a Estados Unidos para celebrar juntos su exaltación en Cooperstown el próximo 24 de julio?

TO/ Me quedan seis hermanos, dos hembras y cuatro varones, cinco de ellos viven en Cuba y el otro en Estados Unidos que va a estar presente, además de mi esposa, mis tres hijos y cuatro nietos. Sería un sueño que mis hermanas y hermanos que viven en la isla pudieran estar a mi lado ese día en Cooperstown, en especial Juan Carlos que también fue un gran pelotero. No está fácil poder conseguir las visas para todos debido a los problemas que existen entre ambos países, pero haremos las gestiones para ver si lo podemos lograr.

Tony Oliva mira una práctica de bateo previa al partido de los Mellizos contra los Marineros de Seattle, el 23 de mayo de 2011 en Minnesota.
Tony Oliva mira una práctica de bateo previa al partido de los Mellizos contra los Marineros de Seattle, el 23 de mayo de 2011 en Minnesota.

ENH/ ¿Aunque no actuó en Cuba, le gustaría ser elegido al Salón de la Fama del Béisbol Cubano, y que su nombre esté junto a otros pinareños como Omar Linares, Luis Giraldo Casanova, Pedro Luis Lazo, Alfonso Urquiola y su propio hermano Juan Carlos Oliva?

TO/ Sería un honor que me eligieran al Salón de la Fama del Béisbol Cubano y que mi nombre esté al lado de esos excelentes peloteros. Creo que el hecho de haber nacido en Cuba ya es motivo para tener ese derecho, aunque mi carrera la haya desarrollado en otro país. Mi historia la escribí en Grandes Ligas, pero soy un cubano de corazón y nacimiento que puso el nombre de su tierra en alto.

ENH/ La gloria que hoy abraza a Tony Oliva la celebra no solamente él y su familia. También sus amigos, sus compañeros de equipo que aún viven, los fanáticos y la prensa especializada que siempre lo apoyó en su camino a Cooperstown. Pero también los millones de cubanos amantes del deporte de las bolas y los strikes tanto dentro como fuera de la isla. ¿Qué mensaje tiene usted para ellos?

TO/ Deseo dar gracias a todos por los buenos deseos hacia mi persona y un agradecimiento eterno para todos los cubanos. Y aunque estoy satisfecho con mi carrera y feliz de ser elegido al Salón de la Fama en Cooperstown, quiero decirles que también me hubiera gustado actuar en los campeonatos de Cuba, en especial con mi querido Pinar del Río. Pero el destino no quizo que así fuera. Amo a Cuba.

Vistazo a la gran carrera de Tony Oliva

El arte de batear tuvo nombre propio en Tony Oliva, que fue bautizado Tony O por los propios lanzadores que lo enfrentaron en la Liga Americana.

En 1964 ganó el título de bateo con .323, guiando el circuito con 217 imparables, sumando 32 jonrones y 94 remolques. Por su formidable labor fue elegido Novato del Año de la Americana. En la historia de las Grandes Ligas solamente el japonés Ichiro Suzuki en 2001 con Seattle (242), Lloyd Waner en 1927 (223) y Jimmy Williams en 1899 ambos con Pittsburgh (220), dieron más incogibles que el cubano en la temporada de novato.

En 1965 se convirtió en el primer jugador en ganar el campeonato de bateo en sus dos primeras campañas al finalizar con average de .321 y guiar los imparables con 185. Ese año también terminó segundo para el Jugador Más Valioso detrás de su compatriota Zoilo Versalles. En 1970, Oliva finalizó con promedio de .325, impulsó 107, pegó 23 jonrones con .364 de embasamiento y terminó segundo para el MVP sólo superado por Boog Powell, de los Orioles de Baltimore.

Utilizando el número seis en su uniforme, Oliva obtuvo tres títulos de bateo, encabezó la Liga Americana en cinco ocasiones en incogibles y cuatro veces en dobles. Integró el Equipo de Estrellas de manera consecutiva durante sus primeros ocho años (1964-71) y a la defensa en 1966 ganó un premio Guante de Oro.

Oliva también actuó brevemente en República Dominicana con las Águilas Cibaeñas en la temporada 1968-69, y también en la Liga del Pacífico en México, con los Mochis. Después de su retiro, se desempeñó como instructor de bateo, consejero, especialista en relaciones públicas y comentarista para la radio en español del equipo de los Mellizos.

En el Target Field de Minnesota aparece una estatua con la figura de Oliva. Ahora también la tendrá en el Templo de los Inmortales. El pinareño y el lanzador Jim Kaat serán el quinto y sexto pelotero de los Mellizos en Cooperstown. Los cuatro restantes son: Harmon Killebrew, Rod Carew, Kirby Puckett y Bert Bryleven.

En 1981, los historiadores deportivos Lawrence Ritter y Donald Honig, incluyeron el nombre de Oliva en el libro que publicaron: “Los 100 Grandes Peloteros de Todos los Tiempos’’. Explicaron que lo hicieron porque sus estadísticas no fueron mejores por la lesión que sufrió en la rodilla, pero que su talento verdadero era excepcional, comparado a los grandes bateadores de la historia.

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