Tomaba cerveza en un auto oficial y le hacía mandados a un comisionado. Todavía trabaja para Miami

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Sobre papel, la ex convicta Jenny Nillo fue contratada como enlace con la comunidad por una oficina financiada por impuestos y encargada de revitalizar vecindarios en dificultades cerca del downtown de Miami.

Pero en realidad, Nillo rara vez iba a la sede de la Agencia de Reurbanización de la Comunidad Omni (CRA) en Overtown. En su lugar, los investigadores que la seguían descubrieron que se pasaba el día bebiendo cervezas de gasolinera en su auto municipal, conduciendo a las oficinas del presidente de la agencia: el comisionado de Miami Alex Díaz de la Portilla.

Los investigadores que seguían sus movimientos el año pasado estaban tan preocupados por su forma de beber que la detuvieron después que compró vino y tequila y pasó una hora en la casa de Díaz de la Portilla a media mañana. ¿Por qué estaba en su apartamento? Él le había pedido que comprara algo de licor y tenía ropa para llevar a la tintorería, dijo más tarde a los agentes de la Policía Estatal de la Florida (FDLE).

Los detalles, hasta ahora desconocidos, del acuerdo de trabajo especial de Nillo —que incluía hacer “diferentes tareas” para el comisionado— están en el expediente del caso recientemente publicado de la investigación de 2021 de la FDLE sobre si el comisionado infringió la ley al contratar a su antigua amiga y enviarla a hacer mandados en horario de trabajo

La agencia cerró la investigación el año pasado, diciendo que las acciones del comisionado “pudieron haber sido inmorales, poco éticas o [una] explotación de sus poderes”, pero no equivalen a una conducta penal.

El caso no ha desaparecido. Sigue siendo investigado por la Comisión de Ética y Confianza Pública de Miami-Dade. Y aunque Nillo fue despedida de la CRA, sigue en la nómina pública, ahora como un enlace de $40,000 al año con la oficina del comisionado.

Contactada por teléfono el miércoles, Nillo remitió a un periodista al jefe de personal del comisionado.

El escándalo de Nillo provocó una tormenta política en el Ayuntamiento de Miami el año pasado. Díaz de la Portilla defendió a gritos a Nillo, diciendo que era una empleada ejemplar a la que se estaba criticando injustamente. Afirmó que “no hubo ninguna investigación estatal” y que la detuvieron por hacer un giro en U ilegal.

Los otros comisionados de Miami lo despojaron de su cargo de presidente de la agencia, pero volvieron a nombrarlo en febrero.

El jefe de gabinete de Díaz de la Portilla, que estuvo en Qatar con otros cargos electos locales la semana pasada, no respondió a las múltiples peticiones de comentarios.

El administrador municipal, Art Noriega, remitió las preguntas sobre la investigación y el empleo de Nillo a Díaz de la Portilla, diciendo “la oficina del comisionado es la única que puede hablar de las conclusiones de la investigación”.

Larga historia con la familia

Durante décadas, Nillo ha estado cerca de la familia Díaz de la Portilla, uno de los clanes políticos más poderosos y conocidos de Miami. Entre 1993 y 2000, Nillo fue ayudante del hermano de Díaz de la Portilla, Miguel, cuando era comisionado de Miami-Dade.

Después de eso, trabajó una década de “especialista en alcance” en una oficina de cumplimiento de vecindario para el Condado Miami-Dade. En 2010, también se postuló como candidata por escrito en una contienda por un escaño en el Senado estatal en la que participaba Miguel Díaz de la Portilla, aunque nunca hizo campaña, ni explicó por qué decidió postularse contra su antiguo jefe.

Luego, en 2017, Nillo fue acusada por las autoridades federales en un caso de fraude hipotecario en el sur de la Florida. Los fiscales dijeron que formaba parte de una red que operaba con “empresas de comercialización” falsas usadas para lavar los ingresos de préstamos fraudulentos.

Su consumo de alcohol ya era evidente entonces. Poco antes de ser acusada, aceptó ser entrevistada por el FBI, pero la entrevista se canceló después que admitió que “se había levantado a las 5 a.m. y se había tomado cinco cervezas”, según el expediente del caso de la FDLE.

La oficina de Jenny Nillo en el edificio Omni CRA está casi vacía, incluyendo un escritorio con muy pocos objetos. En el escritorio hay una placa con su nombre, algunas citas de motivación, una bandera de la ciudad de Miami, una caja de tarjetas de presentación sin abrir y una foto enmarcada de ella y Alex Díaz de la Portilla.
La oficina de Jenny Nillo en el edificio Omni CRA está casi vacía, incluyendo un escritorio con muy pocos objetos. En el escritorio hay una placa con su nombre, algunas citas de motivación, una bandera de la ciudad de Miami, una caja de tarjetas de presentación sin abrir y una foto enmarcada de ella y Alex Díaz de la Portilla.

Más tarde se declaró culpable, fue condenada a 36 meses de prisión federal y quedó en libertad condicional. Después de que Nillo saliera de la cárcel en 2019, trabajó en un trabajo de telemercadeo, dijo después a los agentes.

Pero Nillo no tuvo que quedarse allí mucho tiempo. En abril de 2020, Díaz de la Portilla había sido elegido a la Comisión de Miami. Y fue nombrado presidente de la Omni CRA, una agencia financiada con impuestos para ayudar a revitalizar las áreas deterioradas, incluidos los vecindarios de Overtown, Edgewater y Wynwood.

Exhortó a la Omni CRA a contratar a Nillo como “especialista en desarrollo de proyectos de reurbanización”, con un salario de $45,000 al año. Más tarde le dijo al Herald que presionó para su contratación porque “quería vigilar” al director de la CRA, Jason Walker, y los gastos de la agencia, aunque no especificó por qué.

(El propio Walker dejó la CRA el pasado mes de febrero, poco después que Díaz de la Portilla fue nombrado para supervisar de nuevo la CRA. Gran parte del personal de la CRA ha sido destituido desde entonces. No quiso hacer comentarios).

La oficina del comisionado —en contra de las normas municipales— también le dio a Nillo un Toyota Corolla de propiedad municipal, a pesar que ella no era técnicamente empleada municipal.

La investigación

La Policía de Miami abrió la investigación tras recibir un aviso de que Nillo no se presentaba regularmente a la CRA.

Los nuevos registros muestran el alcance de la investigación de la ciudad y la FDLE, y cómo la investigación se amplió para incluir si Díaz de la Portilla infringió alguna ley. Los detectives de la policía de Miami también señalaron que otro de los empleados del comisionado, Julio Guillén, fue visto varias veces durante las horas de trabajo en las propiedades de Díaz de la Portilla.

“Guillén fue visto yendo a un Home Depot y luego regresando a [una] residencia con suministros necesarios para la remodelación/renovación”, según un reporte de la FDLE.

La FDLE investigó posibles cargos penales que incluían conducta oficial indebida, fraude, robo y sacar provecho a un cargo oficial. La investigación penal se cerró oficialmente a finales de marzo de 2021.

El eje de la investigación se centró en Nillo. En enero de 2021, la unidad anticorrupción de la Policía de Miami empezó a vigilar a Nillo, haciendo una crónica de sus días: llevando a su hijo a la escuela, conduciendo a varias oficinas del distrito de comisionados, visitando raramente la oficina de la CRA. Incluso colocaron un GPS en el auto para seguir sus movimientos diarios.

Lo más preocupante para los detectives fue que Nillo, en el transcurso de al menos seis días de vigilancia en días laborables, bebió repetidamente mientras conducía su auto municipal. Entre los ejemplos:

▪ La tarde del 25 de enero de 2021, compró dos latas de cerveza Modelo en un Chevron de Westchester. Vertió una cerveza “en un recipiente de metal de color claro”, se estacionó detrás de un gimnasio Planet Fitness cercano y se la bebió, escribió en su reporte el detective de Miami Orlando Benítez.

▪ El 26 de enero de 2021, los detectives observaron y tomaron fotos de Nillo mientras usaba su auto municipal para comprar cerveza en gasolineras en cinco visitas, la primera justo antes del mediodía.

▪ El 28 de enero de 2021, pasadas las 7 a.m., Nillo usó su Toyota municipal para dejar a su hijo en la escuela secundaria Coral Park. Inmediatamente después —todavía en pijama— Nillo entró en una gasolinera cercana, salió y empezó a beber de una lata envuelta en un cartucho de papel.

Nillo no solo bebía cerveza en horas laborales. En una ocasión, los detectives también la observaron entrar en un salón de manicura cercano a su casa a eso de las 2:30 p.m., y estuvo allí una hora y media.

Más tarde, el 17 de marzo de 2021, los investigadores de la FDLE y de Miami decidieron llevar a cabo más vigilancia, para ver si continuaba con su hábito de beber. Lo hizo, según la FDLE, empezando a las 9:22 a.m. con una cerveza Modelo comprada en la gasolinera, la primera de varias ese día.

Finalmente, el 18 de marzo, los investigadores la observaron comprando vino, una botella de tequila y cuatro latas de refresco en una licorería de Miami, a las 9:02 a.m. Luego se dirigió al edificio de Díaz de la Portilla, donde estuvo más de una hora.

Jenny Nillo fue contratada para la Agencia de Reurbanización de la Comunidad de Omni en 2020, pero rara vez se presentaba en la oficina.
Jenny Nillo fue contratada para la Agencia de Reurbanización de la Comunidad de Omni en 2020, pero rara vez se presentaba en la oficina.

Los agentes la detuvieron después de salir del lugar. Aunque pasó una prueba de alcoholemia, Nillo accedió a hablar con los agentes y admitió haber bebido dos cervezas y luego vino en casa del comisionado. “Me tomé una copa de vino, pero lo hice en una taza de café para que no me viera beberlo”, dijo a Gaylon White, agente de la FDLE.

Dijo que compró el licor a petición de Díaz de la Portilla. Los agentes de la FDLE le aseguraron que no estaba detenida y le preguntaron por su acuerdo de trabajo. Reconoció que Jason Walker —al que llamaba repetidamente y por error James— era técnicamente su supervisor, pero que en realidad dependía de Díaz de la Portilla.

Nillo no pudo explicar por qué Díaz de la Portilla le hizo ese inusual arreglo. “Desde el principio, funcionó así”, le dijo Nillo a los agentes. “Sinceramente, esa fue la forma en que me dijeron que lo hiciera”.

Los agentes también la presionaron sobre si conocía algún tipo de corrupción en el Ayuntamiento. Ella aseguró que no. “Puedo indagar para ver qué pasa”, dijo Nillo.

Nillo también reconoció la gravedad de beber y conducir en un auto municipal.”Evidentemente, metí la pata”, dijo a los agentes. “Así que me van a despedir”.

Y lo fue, pero por poco tiempo. Días después, Díaz de la Portilla la contrató en su despacho.

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