Tomás Mosciatti: “El peligro de Chile es parecerse a la Argentina, no a Venezuela”

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Tomás Mosciatti, abogado, empresario y analista político chileno
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SANTIAGO, Chile.- Nombre reconocido en Chile, Tomás Mosciatti (abogado, 61 años) es un analista político de referencia y empresario de las comunicaciones. Es el actual director de Radio Bío Bío y uno de los líderes de opinión más influyentes del país.

Nieto de inmigrantes italianos y miembro de una familia de ocho hermanos, su estilo frontal e informado es parte de un sello que también complementa con un llamativo look que incorpora el uso religioso de suspensores. En el Palacio de La Moneda, sus intervenciones son escuchadas con atención y su lectura de la realidad interna, tan convulsionada en los últimos años, no admite indiferencias.

“En Chile se ha producido un cambio de época. Si fuera Francia, estaríamos hablando de la sexta república”, dice Mosciatti, en referencia al proceso histórico que ha sacudido al país y que ha ido de la mano de la proliferación de varios hitos originados desde el estallido social de octubre de 2019, y un proceso transformado que avanzó con elecciones constituyentes y la derrota de los bloques hegemónicos de centro.

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“El cambio de época se produce por el desplome de la coalición que había gobernado por casi 30 años, con algunas interrupciones de la derecha. Esto comienza a producirse en el año 2010, cuando asume el primer gobierno de Sebastián Piñera y este bloque de centroizquierda se da cuenta que algo debió haber pasado para que la derecha ganara esas elecciones. Y esa coalición nunca aceptó que la derecha ganara una elección. Era algo impensable, era intolerable, y para ellos incluso algo inmoral, que gente que hubiera tenido alguna relación cercana o lejana con Pinochet se impusiera en una elección democrática. Y la centroizquierda se transformó en un ente masoquista, en el que dijeron que todo lo que habían hecho estaba mal, y se quedaron sin discurso. Por lo tanto, el desplome de la centroizquierda fue a causa de sus enormes errores, pero también porque no reconocieron sus aciertos. Y aquello fue una equivocación porque la centroizquierda gobernó y generó un tremendo crecimiento en el país. Si bien fue desigual, todos los chilenos mejoraron. Ahora también tuvieron problemas de corrupción, y aquello les pasó la cuenta ante una nueva generación”, comenta Mosciatti.

-¿Destaca otro aspecto decisivo en la nueva era que experimenta Chile?

-Hay un cambio cultural gigantesco. El clivaje democracia-dictadura hoy es distinto: ahora es liberalismo o antiliberalismo. Y ese clivaje lo perdió la centroizquierda porque la gente hoy los asocia al neoliberalismo, por lo que tiene la disputa política absolutamente perdida. Cuando la centroizquierda comenzó a gobernar en Chile estaba conformada por partidos que se habían renovado, pero muchos de ellos venían del marxismo y ocurre que, como había caído el muro de Berlín hacía poco, se quedaron sin referencias. La única referencia que tuvieron fue el modelo económico de Pinochet que, con modificaciones, con alteraciones, empezaron a administrar y les fue bien. El país creció por casi 30 años, ellos estuvieron tranquilos, y les gustó el ejercicio del poder.

-Pero muchas promesas no se cumplieron.

-Exacto, fundamentalmente las promesas de mercado. Así como los economistas de Pinochet repetían como mantra algunas cosas, la centroizquierda también las comenzó a refrendar. Y decían que el mercado era el mejor asignador de recursos. O para que hubiera mercado tenían que tener muchos oferentes y muchos demandantes, además de realzar el valor de la meritocracia. Pero resulta que el mercado se concentró, la meritocracia no funcionó -porque estaban siempre los mismos-, y se comenzaron a degradar lentamente las instituciones por pequeños signos que nunca fueron abordados y, finalmente, se produjo su desfonde. Entonces con el estallido social se originó un vuelco que no es sólo político, sino cultural. Hoy lo predominante tiene que ver con los jóvenes chilenos, que piensan de una manera totalmente distinta y con una clase política que no fue capaz de verlo ni procesarlo. Por eso, hoy esos representantes tienen que jubilarse.

-¿La desigualdad fue lo que movilizó a la nueva generación de chilenos?

-La desigualdad no movilizó sólo a los jóvenes. Hay estudios que indican que las persones prefieren tener algo peor con menos desigualdad, que algo mejor, pero con más desigualdad. La desigualdad es una cosa terrible porque las personas tienen su vida totalmente determinada desde que nacen. ¿De qué méritos me hablan cuando los alumnos no tienen posibilidades porque las empresas apartan los curriculums de quienes viven en barrios más modestos? En Chile la desigualdad es enorme y los jóvenes hoy están pensando de otra manera: los jóvenes no quieren tener auto, prefieren tener bicicleta. O quieren trabajar cuatro días a la semana y tener más tiempo libre, aunque ganen menos. No se casan, no quieren tener hijos y prefieren tener una mascota. Los jóvenes son capaces de vivir en pisos de 40 metros cuadrados y ser felices. Entonces el país cambió una enormidad y la clase política no fue capaz de darse cuenta de lo que pensaban e incorporar temas como las cuestiones medioambientales.

-¿De qué manera piensa que se rearmará la centroderecha chilena?

-La centroderecha también sufrió este desplome porque no se dio cuenta que había una mayoría de personas que requerían de otros parámetros en la sociedad. Ellos se vienen equivocando hace tiempo, porque fueron muy reactivos a la hora de cambiar el sistema electoral binominal chileno. Siempre han ido defendiendo espacios y se le critica muchísimo la relación que tiene con los grandes grupos empresariales. La derecha defendió el sistema económico, pero en realidad no lo defendió, lo que defendió fue un sistema donde hay abusos. Durante muchos años, el retail cobró intereses usureros y se hizo de grandes capitales para liquidar a los comercios pequeños. La derecha se contradijo permanentemente, porque lo quería teóricamente es que hubiera competencia; sin embargo, permitió la eliminación de la competencia.

-¿La derecha chilena se quedó sin relato?

-Absolutamente. Ni siquiera ha sido capaz de resguardar algo que para el sector es primordial, que era el orden público. Es decir, nunca ha habido tanto desorden público como el que se dio justamente en un gobierno de derecha como éste. No hay gobernabilidad. Y el tema es profundo porque la derecha habló de mérito y en Chile no hay mérito. La derecha habló del valor del trabajo, cuando en Chile la gente recibe dinero más por las actividades financieras que por el trabajo. Son contradicciones permanentes del sector que nunca fueron solucionadas y, cuando trató de defender el modelo a última hora, la derecha no fue capaz de hacerlo. Hubo muchísimas oportunidades para mejorar el sistema de pensiones y AFP (administradoras privadas de los fondos de pensión), y tampoco hubo espacio para hacerlo.

-¿Cómo ve la posibilidad que Chile elija un presidente comunista?

-Yo estimo que la victoria de la izquierda en las últimas elecciones, podría ser mayor a la que obtuvo Salvador Allende en 1970. Y digo esto porque Allende ganó la presidencia con el 36% de los votos solamente, siempre fue minoría. Y, en segundo lugar, porque Allende nunca quiso cambiar la Constitución, sino que negoció para obtener la presidencia por un fortalecimiento de la Constitución con el estatuto de garantías democráticas. Y en este caso la izquierda tiene la posibilidad de escribir la Constitución, lo que es un poder gigantesco además de obtener el gobierno. Ahora si me preguntan si puede haber un presidente comunista, puede ser, porque el Partido Comunista que gobernó con Michelle Bachelet tuvo ministros y tuvo una fuerte influencia. Dicho esto, creo que Daniel Jadue no será presidente. Está todo por escribirse obviamente, pero lo más probable es que sea Yasna Provoste, que es capaz de convocar a más gente, a personas de distintas proveniencias. La alianza bajo Provoste es más amplia.

-Si llega a ganar el comunismo, siempre ha aflorado la versión de que se van los capitales. ¿Lo ve así?

-Perdona, pero los capitales ya se están yendo. Hoy en Chile la cantidad de transferencias legales de fondos al exterior es enorme. El interés de los créditos hipotecarios subió, aumentó el riesgo país, pero la principal consecuencia económica que va a tener esto es que con las últimas elecciones se firmó la muerte de las AFP y del sistema privado de salud. Y resulta que las AFP son el gran motor de la economía chilena. Los países más pobres no tienen ahorros, pero eso no ocurrió porque en Chile se dio un ahorro que, si bien que fue forzoso, llevó a inversiones y por lo tanto crecimiento. El ahorro de la AFP es usado en el sistema productivo y facilitó el crecimiento de los últimos años. Ahora con el fin de este sistema, al auto que tenía un motor de dos mil centímetros cúbicos ahora tendrá uno de mil. El crecimiento potencial chileno cae inmediatamente. Y, por lo tanto, habrá un apretón económico muy importante y por eso mucha gente está sacando sus fondos, incluyendo gente no rica, que vende su casa y abre cuenta de dólares en el exterior. También está ocurriendo que empresas que pensaban realizar inversiones en Chile, no las van a desarrollar.

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-A su juicio, ¿la elección de un moderado podría cambiar este panorama que describe?

-Es que el próximo presidente será alguien básicamente de administración, porque no decidirá grandes cosas mientras se redacte una Constitución. Ahora creo que hay una oportunidad para que la centroizquierda vuelva a hablar de economía, que es lo que dejó de hacer en los últimos meses. He hablado con economistas de izquierda que me dicen que cuando quieren plantear el tema en sus partidos, los callan. Chile siempre ha sido una probeta, un país de experimentos, pero ahora hay una gran oportunidad para que el sector vuelva a hablar de crecimiento, de equilibrar la economía, de respetar la regla fiscal, de una reforma tributaria que sea estable hacia el futuro, y que haya una mejor distribución, pero respetando este tipo de cosas. Si esto es así, y si tenemos una Constitución moderna, donde se respete el medioambiente, donde haya una preocupación por los desafíos digitales, Chile podría ser un referente para muchísimos países de la región después de un liberalismo muy exacerbado.

-¿Ve alguna equivalencia con el proceso argentino?

-El proceso argentino tiene un problema y es que el kirchnerismo ha tenido numerosos actos de corrupción. Las personas que están intentando gobernar en Chile tienen una historia limpia porque no han gobernado. No sabemos si la van a tener en el futuro, pero eso marca una diferencia muy grande. Sí es posible que en Chile haya una tentación de tener una política clientelista; es decir, que los bonos no sean transitorios sino permanentes, que el dinero de las jubilaciones se utilicen durante seis o siete años en bonos permanentes que cambien la mentalidad del país. El peligro está en que Chile se parezca a la Argentina y no a Venezuela, porque en Chile las Fuerzas Armadas no estarán comprometidas, como sí ocurre en Venezuela.