Todos los países comemos lo mismo y por qué eso es un gran problema

La dieta cada vez es más similar en todos los rincones del planeta, lo que supone un problema para la humanidad. Foto: Getty Images.
La dieta cada vez es más similar en todos los rincones del planeta, lo que supone un problema para la humanidad. Foto: Getty Images.

Si crees que los seres humanos del siglo XXI tenemos una dieta más variada que la de nuestros predecesores, te sorprenderá saber que las apariencias engañan, también en este tópico.

Un análisis de estadísticas de las Naciones Unidas, realizado por Bloomberg, reveló que de las 6.000 especies de plantas que los humanos han comido a lo largo del tiempo, solo consumimos principalmente nueve, de las cuales solo tres (arroz, trigo y maíz) proporcionan el 50% de todas las calorías.

El consumo de carne y lácteos se ha disparado, y la carne más consumida es la de cerdo.

Cambios en las dietas muy rápidos

La globalización, el aumento de los ingresos, la expansión de la cultura occidental y la agricultura industrial centrada en cultivos específicos ha conducido a que los humanos comamos cada vez más de la misma manera y, por tanto, muchísimos países depende de la importación de alimentos.

Por ejemplo, en 1961, el arroz y la yuca eran las principales fuentes de calorías en la dieta de Indonesia.

En esa época, en el Reino Unido y Estados Unidos casi una cuarta parte de las calorías provenía del trigo, seguido del cerdo y las papas, según el análisis de datos de las Naciones Unidas.

En 2019 la tendencia había cambiado drásticamente: la dependencia de Indonesia de la yuca se redujo a solo un 6 %, mientras que el consumo de trigo aumentó de cero a un 8%.

“Es sorprendente lo rápido que han cambiado los patrones dietéticos”, comentó a Bloomberg Peter Timmer, profesor emérito de la Universidad de Harvard, que asesoró a los gobiernos asiáticos sobre las crisis alimentarias.

En Europa “se necesitaron cien años para que estos patrones dietéticos evolucionaran, pero sucedió en 20 o 30 años en Asia”.

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Una persona compra verduras en un supermercado en Manhattan, Nueva York. REUTERS/Andrew Kelly
Una persona compra verduras en un supermercado en Manhattan, Nueva York. REUTERS/Andrew Kelly

Dependencia cada vez mayor de unos pocos países para alimentarse

Sin dudas, la expansión del comercio agrícola mundial ha llevado cientos de alimentos nuevos a miles de millones de personas pobres que tenían una dieta muy limitada. A la vez, esos cambios en la dieta han provocado que los países se hayan vuelto más dependientes de las importaciones.

La producción de los principales cultivos básicos del mundo está controlada por un puñado de países con el clima y la tecnología agrícola industrial para producir alimentos a escala, y los desastres que pueden entorpecer el transporte de alimentos provocan una mayor vulnerabilidad alimentaria a nivel global.

El ejemplo más reciente ha sido la invasión de Rusia a Ucrania: casi una cuarta parte de las exportaciones mundiales de trigo provienen de Rusia y Ucrania. El impacto del conflicto ha sido severo para los países dependientes de las importaciones de trigo, muchos de ellos en África.

La ONU estima que los costos altísimos hundirán a 71 millones de personas en todo el mundo por debajo del umbral de la pobreza.

El cambio climático puede empeorar los suministros de alimentos. El rendimiento global de los cultivos podría caer alrededor de un 30%, mientras que se espera que la demanda de alimentos aumente un 50% en las próximas décadas, según estimados de la ONU.

Interés por los cultivos tradicionales

Tanto las disrupciones a causa del clima, como la señal de alarma desatada por la guerra en Ucrania, las futuras potenciales han despertado un nuevo interés en cultivos tradicionales como el sorgo, el mijo, el centeno, la mandioca, el fonio, la batata y el ñame, que habían sido marginados en las últimas décadas.

Los cultivos menos conocidos, como el mijo africano y el guisante, también pueden ser fuentes confiables de alimentación.

Panicum miliaceum es el nombre científico del grano de cereal proso millet. También conocido como broomcorn millet, painco (portugués) y mijo (español). Foto: Getty Images.
Panicum miliaceum es el nombre científico del grano de cereal proso millet. También conocido como broomcorn millet, painco (portugués) y mijo (español). Foto: Getty Images.

La ONU declaró 2023 el Año Internacional del Mijo como parte de un impulso para fomentar el cultivo de cereales que se pueden cultivar en condiciones de sequía y, dando un paso al frente, India ofreció pizzas de mijo a los delegados en su primera reunión de sherpas del G20.

Iniciativas empresariales a nivel local

En Egipto, el fabricante de pasta Egyptian Swiss Group está experimentando con nuevas recetas que utilizan harina de arroz, maíz y lentejas en vez de trigo. En África occidental buscan impulsar el fonio, un grano rico en nutrientes que no requiere muchos fertilizantes, mientras que en el Congo el gobierno apoya un programa para producir harina de mandioca a base de yuca para hacer pan y pasteles.

En Indonesia, algunas empresas están desarrollando nuevos productos utilizando alternativas al trigo, como el Nusava mi goreng, hecho de mandioca, un cultivo rico en almidón y sin gluten, para satisfacer la demanda de fideos instantáneos, solo superada por China.

Indonesia importa actualmente alrededor de 10 millones de toneladas de trigo al año. El objetivo actual del gobierno de plantar 40.000 hectáreas adicionales de sorgo para 2024 solo agregaría alrededor de 150.000 toneladas de grano.

Edi Supriyadi, un agricultor en la isla Java Occidental, comenzó a experimentar con el cultivo de sorgo hace tres años y ya amplió sus plantaciones en la última temporada a más de 15 hectáreas.

“Estos fueron plantados por nuestros antepasados y luego se volvieron desconocidos”, dijo a Bloomberg.

El rescate de la tradición alimentaria nacional puede ser el plato fuerte de las próximas décadas.

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