Tirán y Sanafir, las islas del mar Rojo que pueden facilitar la normalización de las relaciones entre Arabia Saudita e Israel

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Dos soldados de la Fuerza Multinacional de Paz y Observación en la isla de Tirán.
Soldados de la Fuerza Multinacional de Paz y Observación en la isla de Tirán vigilan el golfo de Áqaba.

Son desérticas, están deshabitadas y la más grande de ellas apenas mide 60 kilómetros cuadrados.

Pero podrían tener la llave del deshielo de las relaciones entre dos enemigos históricos, Arabia Saudita e Israel.

Las islas de Tirán y Sanafir, en el mar Rojo, tienen una posición estratégica a la entrada del golfo que alberga el puerto jordano de Áqaba y el israelí de Eilat, y una historia turbulenta.

La resolución sobre su soberanía podría ser clave para el inicio de la normalización de las relaciones entre Arabia Saudita e Israel, como ya ha hecho Tel Aviv en los últimos años con países como Marruecos, Bahrein, Sudán y Emiratos Árabes Unidos.

Varios avances en los últimos días apuntan a que ese deshielo está cerca.

Riad ha anunciado la apertura de su espacio aéreo a todas las aerolíneas, lo que incluye las israelíes que, hasta ahora, lo tenían vetado. Esto obligaba a los vuelos comerciales que salían o tenían como destino el Estado hebreo a dar rodeos para no sobrevolar los cielos sauditas, lo que sumaba horas de vuelo y coste a los trayectos.

El anuncio se ha hecho durante el viaje del presidente estadounidense Joe Biden a la región.

A cambio, Israel podría haber aceptado la transferencia de la soberanía de Tirán y Sanafir de Egipto a Arabia Saudita, algo que no ha sido aún anunciado oficialmente pero que medios israelíes dan por hecho.

Tirán -que da nombre al estrecho que une el golfo de Áqaba con el resto del mar Rojo- y Sanafir, son dos pequeños islotes desiertos en los que apenas ponen pie las tropas multinacionales encargadas de supervisar los acuerdos de Camp David y algunos buceadores que buscan perderse en sus arrecifes de coral.

Egipto cedió en 2018 la soberanía de las dos islas a Arabia Saudita. Pero, para que este traspaso pueda hacerse efectivo, es necesario que el gobierno israelí dé su consentimiento.

Mapa
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¿Por qué?

Pues porque los acuerdos de paz que Israel y Egipto firmaron en 1978 y que pusieron fin a 30 años de enfrentamientos requieren que Tirán y Sanafir estén desmilitarizadas y con presencia de las fuerzas multilaterales de observación que supervisan la implementación del tratado.

Riad quiere, sin embargo, que esta fuerza de paz abandone las islas.

Estados Unidos lleva meses mediando de forma discreta entre Egipto, Israel y Arabia Saudita, algo que no es nada sencillo porque Tel Aviv y Riad no tienen relaciones diplomáticas y, por lo tanto, no pueden firmar acuerdos bilaterales. La situación requiere creatividad y cierto contorsionismo diplomático.

Si Israel acepta que estas tropas se trasladen al sur del Sinaí y se instalen cámaras para supervisar la actividad de las islas y en el estrecho de Tirán, se eliminaría un gran escollo para avanzar en la normalización de las relaciones diplomáticas.

Pero, ¿por qué son importantes? Para entender el alcance de su valor estratégico hay que remontarse décadas atrás, a las guerras del Sinaí y al establecimiento del propio Estado israelí.

Egipto y Arabia Saudita se han disputado su soberanía durante décadas. El Cairo alega que en 1906, un cuarto de siglo antes de que el reino de los Saud fuera formado, se firmó un acuerdo entre el imperio Otomano y los británicos -que entonces dominaban de facto la tierra de los faraones- que otorgaba el domino de las islas a los egipcios.

Las islas permanecieron deshabitadas hasta que, casi medio siglo después, en 1950, Riad dio su visto bueno a que Egipto desplegara tropas para frenar la expansión del recientemente creado Estado israelí.

Tanques en la península del Sinaí durante la Guerra de los Seis Días.
El presidente egipcio Gamal Abdel Nasser cerró el estrecho de Tirán en 1967, uno de los desencadenantes de la Guerra de los Seis Días.

En 1967, Gamal Abdel Nasser, el líder nacionalista egipcio, utilizó las islas para cerrar el estrecho de Tirán e impedir el acceso al puerto israelí de Eilat, desconectando Israel del mar Rojo. La respuesta de la primera ministra israelí de entonces, Golda Meir, fue la Guerra de los Seis Días, en la que el Estado hebreo se hizo no solo con el control de las islas, sino de toda la península del Sinaí.

No las devolvieron hasta 1982, tres años después de la firma de los acuerdos de paz.

Colombianos y uruguayos en el Sinaí

Este tratado estableció la creación de la Fuerza Multinacional de Paz y Observadores, en la que participan 13 países, entre ellos Colombia y Uruguay. Unos 1.700 soldados velan desde entonces por el cumplimiento del tratado, acuartelados en diferentes campos en el Sinaí.

Aunque Egipto había rechazado durante décadas las reclamaciones sauditas sobre Tirán y Sanafir, en 2016 el presidente Abdelfatah el Sisi acordó con el rey Salman bin Adbelaziz al Saud su traspaso, una decisión polémica en su propio país.

El Sisi nunca dio razones al porqué de la decisión, pero es muy probable que la ayuda de más de US$ 25.000 millones que Riad envió a Egipto en esos años ayudara a engrasar el pacto.

El anuncio desató protestas en Egipto, e incluso un tribunal local anuló la decisión. El parlamento egipcio, dominado por acólitos al régimen, votó en 2017 a favor del traspaso de soberanía y el Tribunal Supremo puso en 2018 punto final a la polémica. Tirán y Sanafir serían sauditas.

Manifestantes egipcios protestas por la entrega de las islas de Tirán y Sanafir a Arabia Saudita.
La decisión de entregar Tirán y Sanafir a Arabia Saudita provocó protestas en Egipto.

"La principal preocupación de Israel sobre este traspaso es asegurar la continuidad de la navegación libre a través del mar Rojo hasta Eilat", afirma el politólogo David Shenker en un análisis para el Washigton Isntitute for Near East Policy, un think tank estadounidense proisraelí.

Su otra reivindicación, el acceso al espacio aéreo saudita, ya ha sido concedida.

La aerolínea israelí El Al ahora podrá atravesar el reino del desierto en sus rutas a India o China, y también se permitirán vuelos directos del aeropuerto de Ben Gurion hasta Yeda para que los israelíes musulmanes puedan llevar a cabo la peregrinación a La Meca.

El príncipe heredero saudita, Mohamed Bin Salman (en la foto junto al presidente egipcio Abdelfatah el Sisi), parece más dispuesto a aceptar una nueva relación con Israel.
El príncipe heredero saudita, Mohamed Bin Salman (en la foto junto al presidente egipcio Abdelfatah el Sisi), parece más dispuesto a aceptar una nueva relación con Israel.

Consecuencias para los palestinos

Oficialmente, Arabia Saudita se ha negado a normalizar sus relaciones con Israel hasta que se establezca un Estado palestino soberano e independiente. El actual monarca, el rey Salman, ha sido un firme defensor de la causa palestina y parece difícil que, mientras siga en el trono, ambos países puedan restablecer relaciones diplomáticas plenas.

Sin embargo, su hijo, Mohamed Bin Salman, primero en la línea de sucesión y perteneciente a otra generación, parece estar más dispuesto a aceptar una nueva relación. En juego están intereses económicos, pero también una potencial alianza contra un enemigo común en la región: Irán.

Las relaciones entre Riad y la Autoridad Nacional Palestina también se han enfriado en los últimos años e incluso se han producido críticas por parte de miembros de la familia real saudí al gobierno palestino.

La firma de los conocidos como Acuerdos de Abraham en 2020, que normalizó las relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, ha abierto el camino para que otros países árabes también reconozcan al Estado hebreo y desarrollen relaciones diplomáticas plenas.

Marruecos siguió el camino después de que Estados Unidos reconociera el disputado territorio del Sáhara Occidental bajo su soberanía. Sudán también se ha sumado a la lista.

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